La España vaciada busca desbordar Madrid

La España vaciada busca desbordar Madrid

Más de 80 plataformas rurales han convocado una gran marcha para exigir a las administraciones públicas medidas contra la despoblación
31 marzo, 2019
La Mirada Común
Los jóvenes del mundo rural llevan semanas preparándose para la movilización
  • Desigualdad

La España vaciada busca desbordar Madrid

La Mirada Común

Paleta. La palabra -afilada como un cuchillo y cargada de desdén- ha acompañado a Violeta desde hace 26 años. Como muchos otros jóvenes rurales, esta joven criada en un pequeño pueblo de 300 habitantes creció con la sensación de que ser rural era un estigma. Lo sentía de niña, cuando los chavales que veraneaban en su pueblo se sorprendían al saber que debía despertarse al alba para tomar el único bus que le permitía llegar a su escuela, situada a decenas de pueblos y kilómetros de distancia de su casa. Y lo siguió sintiendo años después, cuando se tuvo que mudar a Madrid para poder continuar con sus estudios y muchos compañeros de pupitre la miraban con desdén por su origen rural.

Violeta Aguado es hija de una ganadero, tiene dos carreras y ha viajado a cuatro continentes. Pero para muchos es solo “una paleta”. Harta de sentir que su identidad rural le condenaba a la invisibilización o a la caricatura decidió organizarse junto a un grupo de amigos de su comarca en Palencia. Querían llamar a ‘la revuelta de la España vaciada’, una manifestación que recorre hoy las calles de Madrid para exigir a las administraciones públicas medidas concretas e inmediatas contra la despoblación, una sangría invisible y silenciosa que lleva décadas apagando la vida en muchos puntos del país.

Grabaron un vídeo que se viralizó en pocas horas. “En mi pueblo solo hay otra persona de mi misma edad. ¿Sabes lo qué es dar un paseo y no encontrarte con nadie? Ver como cada año se cierra una casa tras otra… ¿Sabes lo que es ser emigrante en tu propio país y no tener ninguna posibilidad de quedarte en tu tierra? Nosotros lo sabemos”, claman en el video jóvenes residentes en áreas rurales que se autodefinen como “herederas de un patrimonio hermoso, pero vacío” y que no logran comprender “que haya un planeta con ciudades superpobladas y pueblos vacíos, con casas sin gente y gente sin casas”.

El 90% de la población, concentrada en el 30% del territorio

Su mensaje puede parecer alarmista, pero se acerca bastante a la radiografía demográfica de España, donde el 30% del territorio concentra al 90% de la población. Y donde el 10% restante reside en pequeños núcleos urbanos en los que los hospitales, las escuelas y los bares han ido cerrando y cayendo en el olvido, como fósiles erosionados por el paso del tiempo. Pero el mundo rural se resiste a rubricar su sentencia de muerte y ha decidido tomar simbólicamente la capital en una marcha convocada por más de 80 plataformas diversas.

Los organizadores prevén la participación de 100.000 personas provenientes de todos los puntos del país. Algunas han llegado en autobús, otras en tren y hay incluso quien ha decidido hacer el recorrido en burro para denunciar la escasez de conexiones de transporte desde la España periférica. Violeta, exhausta pero satisfecha tras semanas de asambleas organizativas, lanza un mensaje tajante.

“Los jóvenes rurales existimos y resistimos. Existimos porque parece que en los pueblos solo vive gente mayor y no, también hay un montón de jóvenes que queremos tener un futuro aquí. Y resistimos porque vivir cuando vives en un ambiente hostil, en el que no tienes posibilidades de relación ni acceso los servicios más básicos o al ocio que tiene cualquier persona de una ciudad, estás realizando un acto de resistencia”.

Violeta, una de las organizadoras del bloque joven de la manifestación

A su juicio, el mundo rural ejerce una resistencia necesaria, que posibilita el sustento del resto del país. “No solo es la alternativa a un sistema urbano insostenible que camina hacia el colapso, sino que el planeta entero necesita al mundo rural para poder sobrevivir. Aquí es donde se producen los alimentos indispensables para la vida, donde está el agua, las semillas, los bosques que producen el aire que respiramos. El único lugar sostenible es el mundo rural”, afirma tajante.

Falta de recursos en el mundo rural

La misma opinión comparte Montse, quien nació en Cabanillas de la Sierra hace 46 años. Su pueblo está a apenas 60 kilómetros del centro de Madrid, pero a veces le parece que viviera a un universo de distancia. “El mundo rural no ha sido cuidado, respetado ni entendido” afirma esta licenciada en psicología que tras vivir y trabajar un año en la capital decidió volver al pueblo. “He tenido períodos de desempleo que son duros, pero lo que me aporta el pueblo en cuanto a desarrollo y bienestar personal no me lo da la ciudad”, sostiene tras incidir en la idea de que es necesario destinar más recursos públicos para evitar que el campo se vacíe.

Al final, reflexiona, es la pescadilla que se muerde la cola. Sin inversión no hay trabajo, sin trabajo no hay jóvenes y sin jóvenes no hay vida en los pueblos. “Pedimos una fiscalidad diferente, que incentive para que la gente emprenda en el mundo rural”, resume la promotora de ‘ruralando’, una iniciativa que busca revitalizar las áreas alejadas de los núcleos urbanos.

Montse, una madrileña orgullosa de su identidad rural

Se trata de una cuestión difícilmente soslayable. A pesar de que la despoblación dista de estar en el centro de la agenda política y mediática, los datos son contundentes. Mientras que en las dos últimas décadas la población madrileña ha crecido un 27%, la de los municipios madrileños de 5.000 y menos habitantes ha caído un 22%, según el INE. Los pueblos pequeños municipios de la región pierden vecinos al tiempo que la capital se ve en apuros para sostener a una población que no para de crecer. El encarecimiento del alquiler o la masificación del transporte público en hora punta son solo algunas de las manifestaciones de estas asimetrías demográficas contra las que hoy protestan Violeta y Montse en la capital.

Buscan desbordar Madrid para poner en el foco esos rincones que nunca suelen aparecer en las noticias. Pero también sacudirse las etiquetas y reivindicar su orgullo rural. “Queremos poder vivir en nuestros pueblos. Queremos tener servicios, atención, bienestar, acceso a la cultura. Pero no queremos vivir en una ciudad, compartimentados en bloques, en zonas pavimentadas y hormigonadas. El modelo rural no es ni mejor ni peor que el urbano. Pero pedimos que pueda ser”, concluye Montse.

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