‘La Llorona’ de Alba resucita una gala de OT terroríficamente aburrida

‘La Llorona’ de Alba resucita una gala de OT terroríficamente aburrida

La sexta gala de esta edición de OT llega tras la polémica del despido de Itziar Castro y con muchas actuaciones perfectamente olvidables.
1 noviembre, 2018
María De Castro
Imagen: OT oficial.
  • Televisión

‘La Llorona’ de Alba resucita una gala de OT terroríficamente aburrida

María De Castro
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Dicen que en televisión nada se deja al azar y quizás por eso los directores de Operación Triunfo decidieron ayer rendir un particular homenaje a Halloween y anunciar la crónica de una muerte anunciada: el despido de Itziar Castro como profesora de interpretación de la Academia. Mucho se ha escrito ya sobre las carencias interpretativas y las dificultades a la hora de transmitir de los concursantes de esta edición, y las acusaciones apuntaban desde hace semanas a la actriz de Vis a Vis. Su destitución saltó a la luz pocas horas antes de la gala y no nos engañemos: en Halloween todos tenemos algo de zombie caníbal y más de uno encendió la televisión ávido de salseo, dispuesto a devorar cualquier referencia a la caída del fichaje estrella del profesorado de OT 2018.

Pero la gala arrancó sin sobresaltos, con una interpretación grupal de Vivir así es morir de amor de Camilo Sesto, cuya escenografía parecía directamente sacada de 1978, año en el que se compuso la canción. Unas letras amarillas -a medio camino entre la intro de Star Wars y cualquier karaoke de Huertas un martes de madrugada- proyectaban el texto de la canción e hicieron que medio Twitter se preguntara si ayer hubo una especie de ERE masivo en el programa que acabó también con la persona encargada de realizar los grafismos.

Todo apuntaba a que iba a ser una noche salpicada por fenómenos paranormales. Sin embargo, no hubo nada extraordinario en la actuación de Damion, el primer nominado de la noche, al que los nervios jugaron una mala pasada. Su versión de God’s Plan dejó claro que los planes de Dios para el día de los difuntos no pasaban por iluminar la canción del canario. Mejor se desenvolvió Marta, la otra concursante en la cuerda floja, que defendió con solvencia Leave me alone de Michael Jackson. El título de la canción fue una especie de profecía autocumplida, pues el público decidió salvar a la malagueña y dejar que ella fuese la única que se quedase en la Academia.

Antes de que eso sucediese hubo muchas actuaciones, aunque la mayoría parecían embrujadas, pues era prácticamente imposible recordarlas apenas minutos después de su finalización. Ayer una especie de bruma invisible envolvía el plató y hacía que todo avanzase a un ritmo lento, monótono y deslavazado. Roberto Leal -ataviado con una Catrina mejicana en su camiseta para que nadie olvidase en qué noche estábamos- repetía una y otra vez la frase “me encanta”. Era una especie de mantra desesperado, un intento por mantener todo a flote, como si fuese un violinista del Titanic dispuesto a conservar la sonrisa en mitad del hundimiento del barco. Pero era evidente. La gala no despegaba. A pesar del despido de Itziar, a pesar de que Miki respondiese con frases de yerno perfecto a todas las cuestiones de índole social que le lanzaba el conductor del programa, a pesar de que por fin le dieron una buena canción a Sabela, la gala seguía sin lograr traspasar y conectar con la audiencia. En las redes, hubo quien concedió a la emisión de anoche el dudoso honor de ser una de las más insulsas de los 17 años de historia de Operación: Triunfo.

Y cuando todo parecía estar perdido, llegó Alba Reche. La joven de Elche se subió al escenario empezó a entonar La Llorona de Chavela Vargas, dejándose la piel en cada palabra. Su actuación fue una especie de catarsis donde actuó el influjo de esta célebre leyenda mexicana, que canta al dolor de una indígena que estaba enamorada de un caballero español y se suicidó tras ser abandonada por éste. Dice el mito que su espíritu vaga en pena desde entonces cada madrugada. Paradójicamente, una canción tan oscura prendió la mecha de la emoción y logró resucitar una noche que parecía maldita por el aburrimiento. Con su actuación -que algunos compararon con el Shake it out de Amaia- Alba demostró que, a veces, para emocionar solo hace falta renegar del artificio, ir a la esencia y atreverse a romper. La senda que abrió Alba fue también transitada por Natalia y Miki, que interpretaron una íntima versión de Shallow de Lady Gaga y Bradley Cooper y volvieron a dejar patente que sobre el escenario, a veces, menos es más.

A pesar de la remontada en la recta final de la gala, los excesos y las incongruencias se pagaron caros en las nominaciones, donde Marilia y Noelia fueron propuestas para abandonar la Academia. La malagueña recibió la nominación con ostentosa rabia y unas lágrimas en los ojos que podrían salirle caras. Las reacciones airadas son poco bien recibidas por la audiencia del programa, que ya expulsó a Raúl el año pasado por acoger su nominación una actitud más propia de diva agraviada que de concursante veinteañero de un reality show donde impera la cultura del meme.

Quedan, pues, muchas dudas por resolver. Quién será el próximo expulsado es la primera. La segunda, qué pasará tras el despido Itziar. Anoche, en medio de la distopía orwelliana que fue por momentos la gala, ni se aludió a ella, aunque continuaba saliendo en los vídeos de resumen de la semana como si nada. El neolenguaje televisivo es así. Implacable y tétrico. Pero aunque Halloween quedé atrás, no podemos olvidar que esto es un show televisivo. Y, aunque tenga tintes lúgubres, the show must go on.


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