José Antonio, el Ausente… del debate

José Antonio, el Ausente… del debate

Símbolo de una Dictadura que no llegó a conocer, su condición de víctima de la Guerra Civil se sigue discutiendo. El Gobierno ha intentado sin éxito dejarlo fuera del debate.
20 noviembre, 2018
La Mirada Común
  • Memoria Histórica

José Antonio, el Ausente… del debate

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José Antonio Primo de Rivera fue fusilado un 20 de noviembre de 1936. Las últimas investigaciones apuntan a que fue víctima de un juicio, como poco, irregular para los estándares de la II República incluso en plena Guerra Civil. Es un inquilino del Valle mucho más veterano que Franco, ya que lleva allí desde 1959. El Ausente, Mito de una Dictadura que no le habría gustado demasiado, más católica que falangista, se cuela en el debate del Valle de refilón, casi descartado por un Gobierno más centrado en Franco.

Unidos Podemos registraba más de 60 enmiendas pidiendo convertir el Valle de los Caídos en un espacio de Memoria, revocar la Ley de Amnistía e investigar los crímenes del franquismo. José Antonio, el Ausente, va incluido en el paquete, trasladado fuera del Valle. Sin embargo, el Gobierno del PSOE no está muy por la labor, ya desde la época de Zapatero.

El plan del Gobierno es trasladarlo dentro de la propia Basílica.

En 2011, en el primer estudio para exhumar a Franco, los expertos ya aconsejaban no desenterrar al líder de Falange. Su condición de ‘caído’ durante la Guerra Civil no lo hacía extraño a la finalidad del monumento, al contrario que Franco, y se apostaba ya entonces por la misma solución que ahora: trasladarlo dentro de la Basílica, sacándolo del altar, para no dar a ningún enterrado allí preeminencia sobre el resto.

La cuestión es si José Antonio es una víctima o no de la Guerra Civil -podría tener poca discusión- o si, siéndolo, su condición de símbolo de falangista seguiría atrayendo una peregrinación de extrema derecha intolerable para un espacio de memoria. 

Que Primo de Rivera fue un caído más de la Guerra Civil sería difícil de rebatir.

Ejecutado en la cárcel de Alicante, los detalles difieren según el testimonio. Historiadores como José María Zavala hablan de una ejecución casi a quemarropa, sin orden de fuego y organizada por anarquistas. Una “carnicería” de la que no se habría informado durante durante el franquismo por lo escabroso de la misma.

Todas las leyendas son posibles alrededor del Mito del Ausente. A Franco, coinciden historiadores como Paul Presto o Stanley G. Payne, le gustaba más muerto que vivo. Escritores que identificaríamos como de ideas progresistas, como Eduardo Mendoza en Riña de gatos, lo reflejan como un héroe trágico. El ensayista Jesús Cotta llegó a especular con su posible amistad con García Lorca en Rosas de Plomo, amistad que negaba a ratos Ian Gibson y con la que también se atrevió a conjeturar Andrés Trapiello en Las armas y las letras, aunque dándola mucho menos por sentada.


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