Un 20N más en el Valle de los Caídos

Un 20N más en el Valle de los Caídos

Hace 43 años de la muerte de Franco y 82 de la de José Antonio, y un 20N más el Valle de los Caídos se llena de lágrimas, flores y -claro- brazos en alto.
20 noviembre, 2018
Luis Casal
Falangista saluda a la tumba de José Antonio Primo de Rivera durante el 20N. Foto: Enrique Esturillo.
  • Memoria Histórica

Un 20N más en el Valle de los Caídos

Luis Casal
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Manuel entra en la basílica del Valle de los Caídos con el pecho hinchado, bandera preconstitucional en ristre y gorra falangista tapando una calva mal disimulada. La bandera se la quitan a la entrada -“nada de símbolos políticos hoy, ya sabe usted cómo está el tema”-, el requeté en el altar -“pero hombre, solo falta que me quiten la camisa”- y el pecho -por suerte- se lo dejan tal y como está. Plantado frente a la tumba, brazo alzado entre la multitud, nuestro protagonista saca un segundo gorrito de su chaqueta y deja ver otro yugo con flechas en el bolsillo de su camisa, así son las cosas. “Presente, José Antonio, presente”.

Después del episodio nadie dice nada, nadie hace nada, y nuestro falangista de gala se pierde entre las flores, los llantos y los brazos en alto de gente que no tiene nada mejor que hacer un martes por la mañana. Manuel no es el único que se pasa por la capilla a presentar sus respetos y de paso exaltar el fascismo, pero sí será de los pocos que no vayan directos a la tumba de Franco, al otro lado del septo. Allí se congrega la mayoría de asistentes, tanto franquistas como curiosos, que temen -o esperan- que la momia se levante antes de tiempo para no darle el gusto a Pedro Sánchez. Hace 43 años de la muerte del dictador y 82 de la de José Antonio, y un 20N más el Valle de los Caídos se llena de lágrimas, flores y -claro- brazos en alto.

“Recuerda a tus hijos Francisco y José Antonio que merecen recibir el don eterno de la resurrección”.

Empieza la misa y todos sentados. Ni mú. Los hombres -nueve de cada diez presentes- se santiguan, las mujeres les siguen y hasta los manueles se quitan sus gorritos para escuchar el sermón del sacerdote. Todo parece muy normal, muy democrático y muy cristiano hasta que dice lo que todos estaban esperando: “Recuerda a tus hijos Francisco y José Antonio que merecen recibir el don eterno de la resurrección“. Oiga. Pero bueno, que desde los bancos del final no se entiende qué más dice el cura -será por la emoción de varias señoras en las primeras filas-, pero la gente se va a comulgar y aquí no ha pasado nada. Se acabó, no vayan a cortarnos la fiesta un par de enaltecimientos.

La misa muy buena, la verdad, pero ya no llueve y nada me retiene en la casa del Señor. Al cruzar la puerta de la basílica el sol da muy de cara y es bastante incómodo, por eso la mayoría de señores llevan gafas de sol y no se queman. Se las levantan solo cuando se enfadan y empiezo a pensar que las preguntas sobre sacar a la momia del valle no les gustan demasiado -no deben de tener curiosidad por si tiene el culo blanco-, pero cuentan cosas interesantes.

“Franco creó la Seguridad Social e hizo casas para los pobres, debería aprender Pedro Sánchez”, y la coletilla de siempre: “Pero tú eres muy joven”. Pues ojalá haber vivido la dictadura, qué quiere usted que le diga. Le preguntaría a Manuel, pero parece que se lo ha tragado la reconciliación y no lo encuentro por ningún lado.

Cuando el frío aprieta nada abriga más que España.

Empiezan a verse más banderas, pero menos águilas de las que me esperaba; la Guardia Civil está “bastante” estricta con el tema. Las telas son sobre todo constitucionales, pero toman formas nunca vistas por el ojo humano: pulseras, camisetas, polos, mangas de jersey, sombreros, bufandas… Cuando el frío aprieta nada abriga más que España. Porque ese es el tema principal de conversación: la Patria -ellos lo dicen con mayúscula-. “Hay que defender España de los comunistas”, como si Pedro Sánchez hubiese llegado a la Moncloa después de dejar calentito el Palacio de Invierno. “Me siento desprotegido, indefenso, sin libertad”, dice un hombre con el escudo falangista. Me recuerda a Manuel, lo echo de menos. ¿Dónde estará?

Creo que se va por ahí, más contento que unas pascuas. Su bandera ondeando al viento, su camisa luciendo el símbolo de la Falange y sus dos gorritos que no disimulan la calvicie. Es un 20N más.


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