Cuando el teatro dejó de ser un lujo para la juventud madrileña

Cuando el teatro dejó de ser un lujo para la juventud madrileña

Cerca de 40.000 jóvenes madrileños disfrutan de JOBO, un abono cultural puesto en marcha por el Ayuntamiento que permite asistir gratis a los teatros municipales de la ciudad
24 febrero, 2019
María De Castro
  • Cultura

Cuando el teatro dejó de ser un lujo para la juventud madrileña

María De Castro
Compartir

Cae la noche en Madrid y a las puertas del Teatro Español varias voces se entremezclan en un acalorado debate. “Yo no he entendido nada. Me ha puesto de mal humor, era todo muy inconexo”. “Pues a mí me ha parecido preciosa, la verdad”. “A ver, es que para entender esta obra te habría venido bien ver la otra que vimos sobre la vida de Lorca, porque están bastante relacionadas”. La conversación no sería sorprendente si no fuera por la edad de quienes la protagonizan. Se trata de un grupo de veinteañeras, cuyas nóminas ni rozan la ilusión del mileurismo, y a las que cuesta imaginar desembolsando los casi veinte euros que cuesta ‘El sueño de la vida’. La obra, que reinterpreta la Comedia sin título que los fusiles franquistas impidieron terminar a Federico García Lorca, triunfa estas últimas en uno de los lugares más emblemáticos de la escena cultural madrileña.

En la marabunta que abandona la comodidad de las butacas de terciopelo del edificio y se lanza a la calle es posible distinguir muchos otros rostros jóvenes. Tantos que resulta llamativo. ¿Qué está ocurriendo? ¿Se está gestando una revolución cultural juvenil en la sombra? ¿Cómo es posible que una juventud objetivamente precaria pueda llenar algunos de los teatros tradicionalmente más burgueses de la ciudad? La respuesta al misterio tiene cuatro letras. JOBO. Con ese nombre se conoce al bono cultural juvenil gratuito puesto en marcha por el Ayuntamiento madrileño en 2017. Este título -que puede ser solicitado por cualquier joven de entre 16 y 26 años- permite acceder de manera totalmente gratuita de lunes a viernes a los espectáculos que se celebran en las Naves del Matadero, el Teatro Español, el Centro Cultural Fernán Gómez, Conde DuqueCirco Price y la Cineteca.

Teatro Circo Price. Foto: EP
Teatro Circo Price. Foto: EP

 

Atraer a nuevo público

Una oferta a la que no pudo resistirse Elena Utrilla, una de esas jóvenes que charla animadamente a la puerta del teatro. A sus 26 años, esta gestora cultural se reconoce adicta al JOBO. “Permite que gente joven que no se puede costear la cultura se acerque a los centros”, afirma tras aclarar que “yo ya iba mucho antes al teatro con mi familia, pero esto me ha ayudado a captar a amigos, a convencer a gente que quizás no acudía al teatro más que dos veces al año se enganchara”. Su amigo Rubén Conde confirma sus palabras. “Yo apenas había pisado un teatro en mi vida, no tenía costumbre ninguna. Pero apareció JOBO, conocí los teatros que había, la programación… Y a raíz de ello me he enganchado y he llegado a pagar por otros tipos de eventos que no incluye el JOBO, como el Teatro Canal. Ahora miro la programación de JOBO cada mañana, como quien mira el Facebook”, cuenta divertido este arquitecto de 26 años.

Su caso no es excepcional. Desde la puesta en marcha de la iniciativa cerca de 40.000 jóvenes se han hecho con su abono. Teresa Ponce de León, actriz y psicóloga, es una de ellas. “Por mi profesión consumo todo tipo de espectáculos. Me interesa ver trabajar a muchos actores muy diferentes, ver muchos tipos de montajes, dirección, producción… Como actriz siempre he sido consumidora de teatro. Hasta hace poco no lo hacía de manera demasiado habitual, porque no tenía dinero, pero ahora con el JOBO voy a ver todos los espectáculos que se ofertan” remarca. “Me parece un regalo, creo que es una iniciativa maravillosa que nos permite a los jóvenes ir a espectáculos. Yo, por ejemplo, en un mes normal no me puedo permitir ir cinco veces al teatro y el mes pasado fui siete”, reflexiona.

JOBO, Joven Bono Cultural. Foto: Wikimedia
JOBO, Joven Bono Cultural. Foto: Wikimedia

Asientos vacíos

Sin embargo, para Teresa el mecanismo de funcionamiento del abono no está del todo engrasado. El principal problema, a su juicio, es la irresponsabilidad de quienes reservan asientos y después no acuden al espectáculo. “Me da mucha rabia. Que a nosotros nos salga gratis no quiere decir que sea gratis. Es un dinero que en vez de ponerlo nosotros lo ponen los impuestos destinados a pagar estas subvenciones. Pero se paga. Los actores, el director, la producción siguen cobrando su nómina. Como todo lo gratis, la gente lo coge pensando que si puede ir bien y sino no pasa nada, pero esa entrada se está perdiendo y le estás impidiendo ir a alguien que sí quería ir”.

Su análisis coincide con el diagnóstico realizado por el propio Ayuntamiento madrileño. El pasado lunes la Alcaldesa de la capital, Manuela Carmena, reconoció que el Ayuntamiento prevé diseñar un protocolo para evitar el problema de los asientos vacíos, que en algún momento han llegado a superar el 25%. El plan municipal pasa por promover un sistema que obligue a los usuarios a retirar las entradas en taquilla media hora antes del comienzo del espectáculo para poner el resto en venta.

 

Un teatro más abierto

Entretanto, miles de jóvenes madrileños seguirán llenando las salas y desmontando ese tópico con olor a naftalina que sostiene que a la juventud no le interesa la cultura. Más bien al contrario. “Cada vez veo más jóvenes cuando voy al teatro, creo que cada vez es menos para gente mayor y de determinada clase social y más abierto para todo el mundo. Lo bueno del JOBO es que abre las puerta de los principales teatros españoles. Al Lara puede ir todo el mundo porque es muy asequible, pero tener una butaca buena en el Teatro Español o en el Teatro de la Villa es muy guay”, matiza Teresa, quien sopló 27 velas este mes y se despide ya de la iniciativa.

“Entiendo que se acaba a una edad en la que ya puedes empezar a pagarte lo que te interesa, o debería ser así. Pero ojalá durase hasta los 31 como el carné jóven” reivindica Elena, quien también fantasea con la posibilidad de que la Comunidad de Madrid se sume a la iniciativa y abra las puertas de los teatros financiados con fondos regionales. Habrá que ver si, con la cercanía del período electoral, su deseo se ve materializado.

Por el momento solo una cosa es segura observando la cantidad de jóvenes que salen de sumergirse en el universo lorquiano en el Teatro Español: el poeta granadino -que promovió hace ocho décadas el Teatro de la Barraca para acercar la cultura a los pueblos más aislados de España- seguramente sonreiría al saber que una iniciativa que bebe de su espíritu ha contribuido a democratizar el acceso a la cultura en Madrid y ha permitido a cientos de jóvenes, con tan pocas años como ingresos en sus cuentas, disfrutar de la emoción de las actuaciones en directo.


Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acepto la política de privacidad