Las mujeres madrileñas que impulsaron el feminismo

Las mujeres madrileñas que impulsaron el feminismo

El éxito del movimiento feminista, que ha vuelto a evidenciarse este 8M, bebe de la lucha de mujeres que se atrevieron a reivindicar los derechos femeninos cuando hacerlo era una osadía. Repasamos la historia de cinco feministas históricas nacidas en Madrid
9 marzo, 2019
María De Castro
  • Feminismo

Las mujeres madrileñas que impulsaron el feminismo

María De Castro
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Este viernes el feminismo volvió a desbordar las calles madrileñas.  Madres con sus hijas a hombros, jóvenes estudiantes de instituto y veteranas activistas tiñeron de morado las principales arterias de la ciudad para reivindicar una igualdad real. El éxito de la convocatoria volvió a dejar patente el empuje de los movimientos feministas en la actualidad.

Pero mucho antes de que consignas como “sola, borracha, quiero llegar a casa” o “no es no, lo demás es violación” resonaran en las calles, fueron muchas las mujeres que tuvieron que allanar el camino y luchar por abrir espacios en una sociedad profundamente reacia a ceder cualquier atisbo de libertad y poder a la mitad de la población. Repasamos cinco ejemplos de mujeres madrileñas cuyas biografías apenas ocupan espacio en los libros de Historia, pero que desempeñaron un rol fundamental a la hora de impulsar el feminismo en nuestro país.

Federica Montseny

Federica Montseny. Foto: Wikimedia
Federica Montseny. Foto: Wikimedia

Ahora que el debate entre el abolicionismo o la regularización de la prostitución divide a muchas feministas conviene recordar la figura de Federica Montseny, quien en plena Guerra Civil se convirtió en la primera mujer española en estar al frente de un Ministerio. Montseny, nacida en la capital en 1905 y de profundas convicciones anarquistas, tuvo muchas dudas a la hora de aceptar al cargo de Ministra de Sanidad y Asistencia Social, pues contradecía sus ideas antigubernamentales. Finalmente accedió y durante los seis meses que estuvo en el cargo persiguió a proxenetas y clientes de la prostitución al tiempo que logró impulsar los liberatorios de prostitución. Se trataba de lugares en los que las trabajadoras sexuales entraban y salían libremente, recibían cuidados médicos y accedían a formación que les daba la posibilidad de incorporarse al mercado laboral.

Además, Montseny planeó la creación de comedores para embarazadas, diseñó una lista de profesiones que pudieran desempeñar las personas con discapacidad e impulsó el primer proyecto de la Ley del aborto en nuestro país. La mayoría de sus iniciativas no llegaron a ver la luz -pues fueron enterradas por la dictadura franquista- pero sembraron una semilla que fue recogida décadas después por las feministas durante la Transición.

Clara Campoamor

Clara Campoamor. Foto: Wikimedia
Clara Campoamor. Foto: Wikimedia

Que las mujeres puedan votar en España es un derecho que nadie se cuestiona en 2019. Y, sin embargo, fue un debate que levantó profundas ampollas hace menos de un siglo. El sufragio femenino en nuestro país no puede entenderse sin la figura de Clara Campoamor. Nacida en Madrid en 1888, se vio obligada a trabajar desde los diez años para contribuir a la economía familiar tras la muerte de su padre. Fue modista, dependienta y telegrafista antes de acceder a la Facultad de Derecho, donde adquirió conciencia de las enormes desigualdades legislativas que separaban a hombres y mujeres. Por eso, cuando fue nombrada diputada tras la Proclamación de la Segunda República en 1931 destinó todas sus energías a conseguir la aprobación del voto femenino.

Su defensa del acceso de las mujeres al voto le llevó a enfrentarse a la diputada Victoria Kent, quien era reacia a esa posibilidad al considerar que los votos de las mujeres estarían muy condicionados por la Iglesia e irían a parar a las derechas. Aún así, Campoamor fue considerada vencedora del debate y en los comicios de 1933 las mujeres pudieron al fin votar. Su postura aparece recogida en la obra ‘el voto femenino y yo’, donde afirma que es necesario afrontar “la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras. Sus palabras suenan tan contundentes como tristemente actuales.

Margarita Nelken

Margarita Nelken. Foto: Twitter
Margarita Nelken. Foto: Twitter

La figura de Margarita Nelken es una de las más desconocidas entre las pioneras del feminismo español, a pesar de que fue la única mujer elegida diputada en las tres legislaturas de la Segunda República. Nelken -quien nació a unos pasos de la plaza de Tirso de Molina en 1894- demostró desde muy niña profundas inquietudes intelectuales. Con tal solo 25 años publicó ‘la condición social de la mujer’, una obra marcadamente feminista y subversiva para su época. En ella sostenía que “Desde ´mujer casada, mujer quebrada´, son innumerables los refranes españoles que limitan la actividad de la mujer al círculo de los quehaceres domésticos (…). La preparación de la mujer para algo que no sea estrictamente el matrimonio, parece cosa insólita que debe ser ridiculizada”. Se rebeló contra todo ello antes de huir al exilio, a consecuencia de la victoria franquista tras la contienda civil española.

Gloria Fuertes

Gloria Fuertes. Foto: Twitter
Gloria Fuertes. Foto: Twitter

Muchas de las mujeres que este viernes han alzado sus voz en las calles crecieron leyendo los poemas de Gloria Fuertes. Esta poeta “de verso en pecho”, como se autodefinía, nació en Lavapiés en 1917. Vino al mundo en la calle Espada, y este nombre señalaba una especie de profecía autocumplida, pues sus palabras fueron como un cuchillo afilado que consiguió clavarse y desgarrar algunos de los tópicos más machistas que pervivían en la poesía española del pasado siglo.

A pesar de que es conocida fundamentalmente por sus poemas infantiles, su obra para adultos destila feminismo. “Yo quisiera haber sido delineante / delirante Safo sensitiva / y heme, aquí /que soy una perdida / entre tanto mangante / Lo digo para todo el que me lea / quise ser capitán, sin arma alguna, / depositar mis versos en la luna / y un astronauta me pisó la idea. / De paz por esos mundos quise ser traficante / -me detuvieron por la carretera­ / soy sólo una mujer, de cuerda entera, / soy sólo una mujer y ya es bastante”, afirmaba en un poema titulado ‘sólo soy una mujer’ esta poeta abiertamente lesbiana, feminista y de voz ronca, que dio voz a las miles de mujeres que se negaban a encajar en la feminidad sumisa y complaciente promovida por el franquismo.

Concha Méndez

Concha Méndez. Foto: Wikimedia
Concha Méndez. Foto: Wikimedia

Cuando en las escuelas se estudia a la Generación del 27, los alumnos se empapan de la obra de Lorca, Cernuda o Alberti. Sin embargo, no aprenden que hubo un grupo de mujeres que fueron contemporáneas a estos poetas, colaboraron con ellos y crearon un imaginario poético tan fecundo como poco reconocido. Eran las ‘Sinsombrero’, a las que se otorgó esta peculiar denominación después de que se atreviesen a pasear por el centro de Madrid con la cabeza descubierta, algo que contravenía los protocolos de conveniencia social de la época.

Una de las integrantes de este grupo fue Concha Méndez. La poeta, nacida en Madrid en 1898, sufrió el machismo en sus propias carnes, pues a pesar de su intensa actividad poética es más recordada por su idilio con Buñuel en sus años de juventud y por su posterior matrimonio con el también poeta Manuel Altolaguirre. Sin embargo, Concha Méndez -quien acostumbraba a salir a la calle vestida con mono de trabajador para provocar a los más remilgados de la época- tuvo una intensa vida, siempre marcada por sus ideas feministas y progresistas, que la llevaron al exilio en México tras el estallido de la guerra civil y que puede leerse en la biografía ‘memorias habladas, memorias armadas’.

 


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