Las mujeres olvidadas por el metro de Madrid

Las mujeres olvidadas por el metro de Madrid

El suburbano madrileño cuenta con más de 300 paradas, pero apenas una decena homenajean a ciudadanas ilustres
3 febrero, 2019
María De Castro
  • Feminismo

Las mujeres olvidadas por el metro de Madrid

María De Castro
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Este año se celebra el primer siglo de vida del metro de Madrid. Son muchas las cosas que han cambiado en este tiempo. Los smarphones han sustituido a los periódicos como principal entretenimiento entre los pasajeros y los mismos andenes que funcionaron como refugio durante la Guerra Civil ahora acogen el trasiego de estudiantes Erasmus, turistas y repartidores de Uber. Sin embargo, hay algo que se mantiene prácticamente intacto desde su origen: la falta de nombres femeninos en las estaciones del suburbano madrileño.

El Metro de Madrid es el segundo con mayor número paradas de Europa, solo por detrás de París. Sin embargo, solo diez de sus 301 estaciones tienen nombre femenino. Es fácil pensar en paradas que honran a hombres ilustres como Goya, Quevedo, Tirso de Molina o Diego de León, pero cuesta mucho más hacer lo propio con mujeres célebres. De hecho, la parada más antigua que existe actualmente con nombre femenino es La Latina, que no se inauguró hasta 1968 y honra a la figura de Beatriz Galindo, la destacada humanista que enseñó latín a los hijos de los Reyes Católicos.

Taquillera en 1950. Foto: Wikimedia
Taquillera en 1950. Foto: Wikimedia

Junto a ella, solo otras cinco mujeres ilustres se ven reconocidas por la señalética del metro madrileño. La escritora Concha Espina cuenta con una estación homónima en la línea 9 y la empresaria Margarita González Lacoma -quien promovió a mediados del siglo pasado la construcción de una promoción de viviendas conocida como la Colonia Lacoma- es homenajeada con una estación situada en el barrio de Peñagrande, zona en la que impulsó su proyecto.

Una heroína popular en el metro

Aunque si hay un nombre castizo por antonomasia que destaca en la lista es el de Manuela Malasaña, la heroína popular que murió resistiendo a la invasión francesa de 1808. Desde 2003 una parada de Metro Sur rinde homenaje a esta joven costurera, que fue asesinada por las tropas napoleónicas con solo 17 años de edad. Completan la lista femenina dos personajes de la aristocracia: la emperatriz de los franceses Eugenia de Montijo -cuyo nombre leen a diario miles de pasajeros que utilizan la línea 5 del metro- y la reina María Tudor, recordada por una parada de Metro Ligero.

Para aquellos a los que no les salgan las cuentas, una aclaración. Solo seis de los diez nombres femeninos del metro madrileño se corresponden a figuras históricas. El resto de denominaciones femeninas lo completan el Hospital Reina Sofía, y tres las representaciones de la Virgen: Begoña, Esperanza y Almudena.

Cuadro de Manuela Malasaña del Museo del Ejército. Foto: Twitter
Cuadro de Manuela Malasaña del Museo del Ejército. Foto: Twitter

 

Invisibilización histórica

La falta de presencia femenina en el metro es un reflejo de la falta de nombres de mujeres en el callejero de la capital. Históricamente, uno de los criterios más utilizados para bautizar una estación es el de emplear la denominación de la vía o zona en la que se ubica. Y solo un 11% del callejero madrileño tiene nombre de mujer. Aunque en el caso del metro esta infrarrepresentación se agrava todavía más y se queda en un 3% del número total de estaciones.

Vínculos entre el metro y las mujeres

Sin embargo, la invisibilización femenina en el metro madrileño resulta paradójica, ya que este medio de transporte presenta una relación especial con las mujeres. El suburbano de la capital fue, junto a Telefónica, una de las empresas pioneras a la hora de incorporar a la mujer al mundo laboral en España. A comienzos del siglo XX -cuando la población femenina estaba relegada al ámbito doméstico y a las tareas del hogar- el metro madrileño rompió muchos estereotipos al contratar a jóvenes solteras como oficinistas y taquilleras. Los nexos entre las madrileñas y el metro no acaban aquí, pues en la actualidad ellas son mayoría entre quienes emplean este transporte público en nuestra ciudad.

Taquilleras en Vista Alegre en 1950. Foto: Twitter
Taquilleras en Vista Alegre en 1950. Foto: Twitter

Todos estos factores no impiden que la falta de referentes femeninos persista. Hace apenas unos meses se aprobaron los dos últimos cambios en la nomenclatura de estaciones madrileñas. Metropolitano pasó a llamarse Vicente Aleixandre para evitar la confusión entre Metropolitano y Estadio Metropolitano, y Atocha cambió su nombre por el de Estación del Arte. Por el momento, parece que los nombres femeninos seguirán sin aparecer en el mapa. Quién sabe si en unos años esta situación se revertirá y podremos hacer transbordo en la estación Gloria Fuertes o quedar en la boca de metro de la parada María Zambrano.


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