De Aznar a Rajoy: presidentes que tiraron de ‘relator’ para no mancharse las manos

De Aznar a Rajoy: presidentes que tiraron de ‘relator’ para no mancharse las manos

Los expresidentes del Gobierno utilizaron intermediarios para dialogar con los independentistas catalanes y negociar con la banda terrorista ETA
7 febrero, 2019
Luis Casal
Mariano Rajoy y José María Aznar. Foto: PP.
  • Política

De Aznar a Rajoy: presidentes que tiraron de ‘relator’ para no mancharse las manos

Luis Casal
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Este martes el Gobierno de Pedro Sánchez anunció que utilizaría la figura de un relator -mediador, notario- para dar fe de las conversaciones con Quim Torra y la Generalitat. La reacción fue inmediata a la derecha del tablero y el maremoto político era inevitable: en menos de 24 horas los líderes de Vox, Ciudadanos y PP, Santiago Abascal, Albert Rivera y Pablo Casado, habían programado una manifestación contra el Ejecutivo para protestar por su “alta traición a España”. Lejos quedan los días en los que José María Aznar o Mariano Rajoy se avenían a explotar esas mismas figuras para solucionar conflictos con ETA o Cataluña; en el caso de Aznar, él mismo llegó a ejercer de relator entre Befesa y el Gobierno de Muamar el Gadafi.

El vocal asesor del expresidente en aquellos años (2009-2011) no era otro que el propio Pablo Casado, entonces encargado de “cualquier comunicación entre las Partes”. Percibió entonces más de 46.000 euros anuales por sus funciones: asistir a Aznar mientras conseguía adjudicaciones para Befesa -Abengoa- en la Libia de Gadafi. Pero la figura del relator entre los políticos del PP se remonta a mucho antes de eso, hasta los años 90, cuando el Gobierno usaba a relatores para mediar con bandas terroristas.

Aznar y ETA

En el verano de 1997 José María Aznar todavía no había llegado a la mitad de su primer mandato y ETA comenzaba a urdir su falsa ‘tregua indefinida’. Entonces apareció en el camino del presidente la asociación vasca Gernika Gogoratuz, que ofreció sus servicios para mediar entre el Ministerio del Interior, dirigido entonces por Jaime Mayor Oreja, y el entorno terrorista, concretamente con dirigentes de Herri Batasuna y del sindicato aberzale LAB.

La información fue desvelada entonces por el diario El Mundo, que en enero de 1998 publicó cómo Mayor Oreja habría mantenido “tres o cuatro reuniones” con el representante de la asociación. A partir de ahí las versiones difieren: mientras que el exministro asegura que no quería dialogar con ETA, Gernika Gogorautz mantuvo que sí hizo gestiones ante Herri Batasuna con el beneplácito de Mayor Oreja.

Otra reunión algo más conocida es la que mantuvo el Ejecutivo de Aznar con ETA durante el encuentro de Zúrich, Suiza, en 1999. La histórica dirigente etarra Belén González Peñalba, “Carmen”, que ya había sido interlocutora de la banda con el Ejecutivo de Felipe González en 1989, hizo las veces de notaria/relatora para el encuentro con el Gobierno del PP, representado por Javier Zarzalejos, secretario general de la Presidencia, Ricardo Martí Fluxá, secretario de Estado de Seguridad, y Pedro Arriola, asesor personal de Aznar.

En sus actas queda patente que el Gobierno pretendía una negociación pacífica con la banda terrorista a cambio de que la tregua se tornase en el fin definitivo de la violencia. Finalmente las negociaciones no llegaron a buen puerto y “Carmen” deambuló por Europa y Sudamérica hasta el año 2005, cuando fue detenida y extraditada a España.

Rajoy y Cataluña

La historia de los intermediarios entre Mariano Rajoy y la Generalitat se remonta al año 2013, cuando el president Artur Mas y la mayoría del Parlament barajaban la fórmula de la consulta del 9-N. Un viejo conocido del PP, Pedro Arriola -el mismo que participó en los encuentros con ETA como representante de Aznar-, se reunió en secreto con Joan Rigol, hombre de confianza de Mas, para reconducir la situación y evitar un choque entre Generalitat y Gobierno. Entonces parecía más difícil aplicar un 155.

Según desveló en su día El Periódico, a la dupla se sumó un tercer hombre, José Enrique Serrano, representando al PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba. Las reuniones entre las tres partes fueron las causantes, según el mismo medio, de que se rebajasen los efectos de la consulta ilegal y de que Rajoy suavizase el impacto institucional.

No sería la primera vez que el presidente conservador mandase a los suyos para negociar con Cataluña. Tras el referéndum del 1 de octubre de 2017, Rajoy envió a una horda de negociadores a pactar con Carles Puigdemont y evitar la temida Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Este equipo estaba formado por figuras como el lehendakari Íñigo Urkullu, los cardenales Juan José Omella y Carlos Osoro o el defensor del pueblo Rafael Ribó, ex secretario general del PSUC.

El plan de negociación entre el exministro de Justicia, Rafael Catalá, y el entonces conseller de Empresa, Santi Vila, se intensificó a partir del discurso del rey Felipe, llegando incluso a firmar un plan definitivo a principios de octubre. Ante la escalada de presión mediática y política, el Papa ordenó a Omella que cesase las negociaciones y Urkullu se centró en evitar la aplicación de artículo 155 a cambio de que Puigdemont convocase elecciones. Cómo acabó esa negociación es por todos conocido.


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