1948, 1978, 2018: Aniversarios para el futuro
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

1948, 1978, 2018: Aniversarios para el futuro

No existe mejor llave que la democracia y los Derechos Humanos. No existe una respuesta más eficaz a lo que sucedió en Andalucía el 2D.
6 diciembre, 2018
Hugo Martínez Abarca
  • Derechos Humanos

La Mirada deHugo Martínez Abarca

1948, 1978, 2018: Aniversarios para el futuro

Hugo Martínez Abarca
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El 6 y el 10 de diciembre se cumplen dos aniversarios redondos de dos hitos de nuestra Historia reciente. El 6 de diciembre se cumplieron 40 años de la aprobación en referéndum de la Constitución de 1978 con la que se quería poner fin a la dictadura y abrir una época nueva para España. El 10 de diciembre se cumplirán 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos con la que se quería decir adiós a los fascismos y abrir una época nueva para la Humanidad.

El aniversario de la Constitución de 1978 genera mucho más ruido que el de los Derechos Humanos. No tiene mucho sentido juzgar retrospectivamente lo que se hizo hace 40 años, sobre todo lo que hizo la oposición antifranquista tras 40 años de cárcel, torturas y muerte. Tampoco aporta nada bueno a nuestro país fosilizar la Constitución y convertirla en un tótem al que adorar y no tocar como hace nuestra derecha olvidando todos los palos que puso (también entonces) en la rueda de la democracia. Lo que toca es examinar nuestro país en 2018, porque el traje diseñado en 1978 ha cumplido una función histórica innegable pero llega a su 40º aniversario hecho girones y con el primer éxito electoral de la extrema derecha en España en 85 años.

“Vox, el aliado del PP y Ciudadanos en Andalucía, es el principal síntoma del colapso de régimen”.

Sólo quienes en realidad creen que la Transición fracasó en su objetivo declarado de dejar atrás la dictadura y las amenazas involucionistas y antidemocráticas pueden negar que es el momento de dar la palabra a los españoles y diseñar un edificio nuevo para una España del siglo XXI. Si la Transición fue un éxito, hoy no deberíamos tener ningún miedo a abrir un amplio debate democrático porque hoy somos un país libre, sin amenazas de golpes militares ni de involución a dictadura alguna. Vox, el aliado de PP y Ciudadanos en Andalucía, es el principal síntoma del colapso de régimen.

Es especialmente importante la coincidencia de nuestra crisis institucional con el recuerdo de la Declaración de los Derechos Humanos. Ésta nos enseña dos cosas.

La DUDH: medioambiente, pueblos, infancia y feminismo

La primera es que su fuerza consiste sobre todo en haber ido creciendo desde su declaración: a nadie se le ocurre que en nombre de la Declaración nadie se hubiera opuesto a la incorporación de nuevos derechos que ya forman parte de un todo y que en 1948 no formaban parte de las inquietudes mundiales urgentes: hoy hemos incorporado los Derechos medioambientales, derechos de los pueblos, de la infancia y emerge el feminismo con una fuerza que en 1948 no tenía. Su constante revisión y crecimiento refuerza la potencia política y moral de los Derechos Humanos como aspiración irrenunciable de toda la Humanidad y de cada uno de sus pueblos: esa es una lección importante para quienes se declaran constitucionalistas pero quieren una constitución muerta, encadenada, convertida más en un salmo obligatorio que en una garantía de democracia, libertad y futuro.

La segunda es que los Derechos Humanos son el único límite que tenemos para la construcción de nuestras instituciones porque son la garantía de nuestra libertad y de que una sociedad es democrática. Y esa enseñanza es fundamental para afrontar una crisis de país como la que tiene que resolver España: sólo podemos tener miedo a negarle la palabra a nuestro pueblo porque “toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos” (artículo 28 de la Declaración de Derechos Humanos) y “la voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público“ (artículo 21.3). Dar la palabra al pueblo, a todo el pueblo, con el único límite de los derechos humanos, nos blinda frente a la amenaza ultra que irrumpió en España por Andalucía.

“No es legítima ninguna violación de derechos humanos”.

Durante estos años de crisis territorial de España hemos escuchado dos mantras que serían bastante razonables en asbtracto. El primero es que no es cierto que los pueblos puedan votar cualquier cosa porque, por ejemplo, no sería legítimo votar la discriminación de las mujeres. Y es totalmente cierto: no es legítima ninguna violación de derechos humanos (como las que defiende Vox contra mujeres, inmigrantes…), pero ese es el único límite que tienen los pueblos para construir libre y democráticamente su futuro porque sin los derechos humanos dejan de ser libres y democráticos. El segundo fue que “lo que sea España lo decidirán todos los españoles”, frase que reiteró con gran solemnidad Mariano Rajoy sin aclarar nunca cuándo vamos a empezar los españoles a construir la España de las próximas décadas.

Durante estos años de crisis económica e institucional hemos visto un severo ataque a los Derechos Humanos en España. Por poner sólo algunos ejemplos evidentes:

Libertad de expresión, derecho al trabajo y a la vivienda

La libertad de expresión (consagrada en el artículo 19 de la DUDH) ha sufrido un notable deterioro tanto por las reformas legislativas (la llamada “Ley Mordaza”, por ejemplo) como por interpretaciones abusivas de la legislación preexistente y que ha generado una creciente persecución judicial de cantantes, cómicos, tuiteros, etc. por expresar públicamente opiniones políticas o religiosas.

El derecho al trabajo (artículo 23) que incluye “condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo”, “igual salario por trabajo igual” y “una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana” está hecho trizas tanto por unas tasas de desempleo intolerables como por la creciente precarización del empleo, la reducción de los salarios y la brecha salarial entre hombres y mujeres.

El derecho a la vivienda, reconocido en el artículo 25.1 de la DUDH, fue la más obscena víctima de la conversión de nuestros derechos en bienes especulativos: la política económica que llevó a la burbuja inmobiliaria y a la crisis económica impidió primero el acceso a la vivienda a millones de familias y expulsó de sus casas después a otras muchas sin que los poderes públicos rescatasen a las familias sino, más bien al contrario, a las entidades financieras que se habían arruinado especulando con las viviendas de los españoles. Lejos de aprender de aquel desastre, la actual burbuja del alquiler amenaza con repetir todas las consecuencias de olvidar que la vivienda es, ante todo, un derecho humano.

Crisis política, territorial e institucional

El 40º aniversario de la Constitución Española se ve atravesado por una innegable crisis política, territorial e institucional que viene arrastrándose desde hace años y que los poderes públicos no han alcanzado a afrontar. Según el barómetro del CIS de septiembre de 2018 un 69,6% de los españoles aboga por reformar la Constitución y la mitad de la ciudadanía considera que tal reforma debe hacerse en profundidad.

En este marco histórico y político, no hay mejor garantía de la convivencia, la democracia y el pleno ejercicio de los derechos humanos que promover un amplio debate sobre el futuro de España, las reformas políticas, económicas e institucionales que necesita nuestro país y dar la voz al pueblo sin más límite que los consagrados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y con su pleno cumplimiento como aspiración radical. Esa es la garantía para España de un futuro en democracia y libertad.

Frente a una visión triste y oscura de una España anclada a su pasado necesitamos construir pacífica, libre y democráticamente el país del siglo XXI, aprovechando los éxitos de estos cuarenta años y superando las carencias lógicas del contexto de los años 70 y de cuarenta años de Historia. No existe mejor llave para abrir los candados inmovilistas y autoritarios que la democracia y los Derechos Humanos. No existe una respuesta más eficaz a lo que sucedió en Andalucía el 2D. No existe hoy un programa político más ambicioso, moderno y emancipador para España.


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