8M: Hacia la IN-Dependencia feminista
La Mirada de Ana Terrón

8M: Hacia la IN-Dependencia feminista

"Hoy paramos y salimos a las calles para reivindicar un país mejor, más feminista, más igualitario, que ponga en valor nuestro trabajo"
8 marzo, 2019
Ana Terrón
Manifestación feminista por el 8M. Foto: Junta de Andalucía.
  • Feminismo

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8M: Hacia la IN-Dependencia feminista

Ana Terrón
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Si nosotras paramos, se para el mundo. Esta afirmación es más que un lema para la huelga feminista de hoy, es la evidencia de las dos caras de una misma moneda. Por un lado, las mujeres somos invisibilizadas en el mundo laboral, ocupamos pocos puestos de responsabilidad, muchas veces somos subalternas al trabajo del hombre y, de media, cobramos un 15% menos que los hombres por el mismo trabajo. Por otro lado, las importantes tareas de cuidados que realizamos, incluso muchas veces a diario, que son la base de nuestra sociedad, no se nos reconocen.

Las tareas relacionadas con la familia, el hogar, así como todas las ocupaciones que tienen que ver con el entorno de la vida cotidiana son, en su gran mayoría, responsabilidad de las mujeres. Según la Organización Internacional del Trabajo las mujeres realizamos el 76% del trabajo no remunerado de cuidados.

Corresponsabilizar el cuidado de las personas y reconocer ese trabajo está estrechamente relacionado con un Estado del Bienestar robusto.  El Sistema de Autonomía Personal y el Derecho a la Dependencia debe jugar un papel fundamental en nuestra sociedad. La autonomía y el cuidado son derechos subjetivos, como puedan ser el derecho a la salud o a la educación: un país que aspire a garantizar el bienestar de su gente requiere blindar el derecho a ser cuidadas de las personas que necesitan apoyo en las tareas básicas de la vida diaria. Y sí, debemos hablar de reformar el Sistema de Dependencia.

«Pensemos en nuestra madre que cuida de nuestro abuelo: no descansa, trabaja 24 horas, los 7 días de la semana»

Garantizar el derecho de cuidados implica hablar de quién nos cuida. Construir un sistema de cuidados efectivo pasa por un Estado que apoye a las personas dependientes y a sus familias con servicios públicos de calidad; lo que implica revertir los severos recortes y las externalizaciones que han experimentado los servicios de dependencia en la última década. Es también esencial fortalecer los centros de titularidad pública, impulsando el servicio de ayuda a domicilio público, profesionalizado, con buenas condiciones laborales para las trabajadoras y que permita atender con los tiempos suficientes a las personas en situación de dependencia.

Esta apuesta de país tiene una clara perspectiva feminista. Es una urgencia para la igualdad garantizar la posibilidad de elegir y apoyar a tantas mujeres sobre las que recae de manera exclusiva el trabajo de cuidados, a la par que protege y dignifica las condiciones laborales y salariales de quienes ejercen esa ayuda, que, sorprende y no sorprende, en su mayoría son también mujeres. Pensemos, por ejemplo, en nuestra hermana, o nuestra madre, que cuida de nuestro abuelo: no descansa, trabaja 24 horas, los 7 días de la semana. Por eso era tan importante recuperar la cotización a la seguridad social de las cuidadoras y cuidadores no profesionales, como acaba de hacer el Gobierno, pero es solo un primer paso. La toma de conciencia del trabajo de las personas cuidadoras supone, también, reconocer el derecho a prestaciones por desempleo que asegure que no quedan desamparadas cuando finalice su actividad.

Reconocer los trabajos de cuidados es también una cuestión de igualdad de género.

Es indispensable el derecho a una formación profesional, que facilite una reincorporación al mercado laboral una vez que ya sean excuidadoras.  Favorecer la conciliación es inexcusable en ese reconocimiento del papel de los cuidados, por eso quienes realizan esta labor deben tener derecho a compatibilizar con ser madre, con una prestación por maternidad y paternidad y a una prestación por riesgo durante el embarazo y durante la lactancia natural. Finalmente, no podemos olvidar la subida de la cuantía de la prestación por cuidados en el entorno familiar, que actualmente se encuentra en un máximo de 420 euros, para una responsabilidad que es vital para quienes la ejercen y quienes la reciben. En suma, reconocer los trabajos de cuidados, en la inmensa mayoría de los casos realizados por mujeres, es una cuestión de igualdad de género que implica equiparar los derechos de las cuidadoras al resto de trabajadores.

Hoy paramos y salimos a las calles para reivindicar un país mejor, más feminista, más igualitario, que ponga en valor nuestro trabajo, donde el Estado tome medidas y adopte políticas que pongan en el centro los cuidados, que visibilicen, valoren y redistribuyan la corresponsabilidad del cuidado de las personas, también con los Gobiernos. Porque sin cuidados no hay vida.


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