Por una Agencia de Desarrollo Económico de la Comunidad de Madrid
La Mirada de Jacinto Vaello

Por una Agencia de Desarrollo Económico de la Comunidad de Madrid

La región necesita urgentemente un ente público que intervenga en la creación y orientación de pymes y nuevas empresas.
11 enero, 2019
Jacinto Vaello
  • Comunidad de Madrid

La Mirada deJacinto Vaello

Por una Agencia de Desarrollo Económico de la Comunidad de Madrid

Jacinto Vaello
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Cambiar el modelo económico y promover el desarrollo social son tareas que la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) tiene que emprender en el menor tiempo posible. Para ello es necesario llenar el vacío que dejan los actores madrileños protagonistas en la actualidad y contrarrestar la desigualdad con desarrollo.

Ello implica necesariamente intervenir a través de la creación de un nuevo actor económico público cuyo propósito principal tiene que ser el de promover el lanzamiento y la reorientación de empresas en la Comunidad. Esto ya se intentó en los primeros años ochenta del siglo pasado, con la creación del Instituto Madrileño de Desarrollo (Imade). Su presentación inicial era la siguiente:

«El Instituto Madrileño de Desarrollo, Imade, es una entidad de derecho público creada por la Ley 12/1984 y adscrita a la Consejería de Economía e Innovación Tecnológica. Su principal objetivo es promover el desarrollo de la región, mediante actuaciones que favorezcan el crecimiento económico y la creación de empleo».

La formulación citada se correspondía bien con la idea fundacional, propia de un Gobierno de la Comunidad presidido por el PSOE de aquel entonces.

La Comunidad de Madrid ha renunciado a intervenir en la economía y el empleo.

Su labor inicial fue, en efecto, principalmente, la de apoyar iniciativas de pequeños y medianos empresarios madrileños que intentaban poner en marcha nuevas industrias. Pero al poco tiempo, todavía con el PSOE al mando, empezó a orientarse hacia la promoción de suelo para actividades económicas, por ejemplo el Centro de Transportes de Coslada, Parques Tecnológicos (Getafe, Móstoles, Leganés), Parques Empresariales (El Bañuelo y Valdelacasa). Se puede decir que hubo un traslado de prioridades desde la promoción industrial y el apoyo a las pymes hacia la promoción inmobiliaria y las ayudas a grandes empresas situadas en la región.

Siguiendo esta deriva, el Imade se fue desvirtuando por completo. Acabó siendo disuelto por el gobierno del que eran presidenta Esperanza Aguirre y vice-presidente Ignacio González en enero de 2011. Lo cierto es que para esas fechas habían hecho ya su aparición numerosos indicios de uso indebido de fondos y, en cierta medida, su cierre sirvió para disponer de un chivo expiatorio en medio de escándalos y crecientes síntomas de corrupción generalizada en el Gobierno de la Comunidad de Madrid. De hecho, el Imade acabó siendo investigado por la Fiscalía Anticorrupción en el marco del caso Gürtel.

La intención existió y la primera época pareció alimentar con hechos la idea fundacional. La desviación ulterior fue en realidad la expresión de la pérdida de los objetivos socioeconómicos de desarrollo en igualdad y su sustitución por actuaciones rimbombantes, con pobres resultados, mucha publicidad tendenciosa y evidencias crecientes de que la gestión apuntaba en una dirección perversa.

Madrid necesita una Agencia de Desarrollo que apoye a pymes y empresas que empiezan de cero.

Ahora, el propósito tiene que retomarse y perdurar. Si es verdad, como se explica en «Madrid debe pensar la economía para mejorar la vida de la gente«, que hay poco o ningún apoyo a la iniciativa autónoma de nuevos empresarios y a la reorientación de empresas existentes, en un medio como el madrileño, que no es nada favorable a la presencia innovadora de las pymes, la entrada en escena de una Agencia de Desarrollo de la Comunidad de Madrid podría modificar positivamente el panorama.

Una entidad de esta clase debería intervenir de forma permanente, llevando a cabo acciones concretas de acompañamiento a las pymes: evaluación técnica y económica de proyectos, previsiones de financiación, búsqueda de soluciones formativas, apoyo a los despliegues comerciales, seguimiento de resultados y evaluación propositiva de medidas correctoras.

En todo esto debe prevalecer el sentido práctico necesario para el lanzamiento de nuevas iniciativas que generan riqueza y empleo. Y también el conocimiento social de la existencia de estas posibilidades de desarrollar proyectos innovadores para la economía madrileña, lo que implica un esfuerzo continuado de comunicación, tarea cuya ausencia es a menudo causa de fracaso o al menos de incomprensión por parte de la ciudadanía.


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