Contenido gráfico violento: ¿morbo o concienciación?
La Mirada de Kowai Nana

Contenido gráfico violento: ¿morbo o concienciación?

En muchas ocasiones vídeos o imágenes explícitas no son necesarias para dimensionar la tragedia ocurrida.
13 enero, 2019
Kowai Nana
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La Mirada deKowai Nana

Contenido gráfico violento: ¿morbo o concienciación?

Kowai Nana
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Hace unos días navegando por Twitter me apareció un video en el que salían un par de perros junto a una persona. Al no tener ninguna advertencia ni casi texto, lo reproduje hasta que esa persona le propinó una puñalada en el lomo a uno de ellos.  Sin censura, sin miramientos, con las imágenes completamente explícitas del pobre animal arrastrándose y chillando de dolor. Lo cerré inmediatamente, pero el mal cuerpo y la lástima que incluso hoy me dura no me lo quita nadie.

Durante muchos años el debate sobre publicar o no contenido violento, explícito o perturbador era el dilema de medios de comunicación. Con el auge de las redes sociales son preguntas que ya no cobran tanta importancia ya que somos nosotros, los usuarios, los que nos encargamos día a día de compartir todo lo que vemos con un solo click.

Pero a mí, ante estas situaciones, sí me surgen algunas preguntas. La primera es hasta qué punto se adjunta dicho contenido para concienciar a los lectores o espectadores. Hay opiniones muy dividas y muchas veces hemos escuchado «detrás de una imagen violenta o de una crudeza extrema hay un mensaje» o «todo el mundo tiene la libertad de decidir si quiere o no ver esa imagen» (siempre y cuando se avise del tipo de contenido que hay, cosa que en la mayoría de los casos no ocurre).

El cadáver de un niño en la orilla de una playa, cuerpos sin vida tras un atentado, miembros humanos en las vías de un tren, animales mutilados, padres y madres abrazando ataúdes de sus hijos… Estamos tan acostumbrados a ver diariamente estas imágenes que muchas personas se han vuelto inmunes a ellas. Es curioso como en muchos casos esa constante concienciación pasa a provocar insensibilización.

Otra de las preguntas que me surgen es hasta qué punto, al compartir sin pararnos a pensar en las consecuencias, estamos dando ideas. En el ejemplo que puse al principio del artículo, ¿hasta qué punto no estamos potenciando que más personas tomen ejemplo, les parezca gracioso y lo hagan también? Otro caso puede ser la proliferación de imágenes de las ejecuciones perpetradas por el Estado islámico que tuvimos no hace tanto. Técnicamente podrían ser noticia pero al difundirlas constantemente, ¿no estaríamos haciendo sin darnos cuenta una campaña propagandística del ISIS?

No hay que obviar el problema, no hay que obviar la noticia, no hay que obviar la gravedad de los hechos. Pero lo que antes dependía únicamente de los periodistas ahora está al alcance de todos, y eso conlleva una responsabilidad. Barbara Celis (periodista española) hizo una interesante reflexión sobre todo esto en Twitter: «La prensa no es las redes, y no debería ponerse al nivel de las redes. Debería cuidar sus contenidos, no dar pie a confusión. No alimentar el morbo, ofrecernos información, no espectáculo. Es un error prescindir de la figura ‘editor’ que debería tener aún la prensa».

Probablemente por estas cosas los periodistas perdemos respeto y la prensa pierde autoridad y las redes siguen creando adicción.

Evidentemente todo esto también causa un efecto psicológico. Son muchos los estudios que se han hecho sobre el tema, y destacan tres puntos: sufrimiento y daño psicológico de los consumidores, posibilidad de incitar a que emulen un ‘crimen’ representado en la imagen y un trauma indirecto de la gente que tiene que ver constantemente esas imágenes como parte de su trabajo.

Ya que la era digital evoluciona a pasos agigantados y somos partícipes de ello, debemos ser conscientes de que tenemos una responsabilidad. No podemos compartir todo sin pararnos a pensar un segundo en a quién y cómo puede llegar. Antes de compartir la foto de un menor fallecido en las Ramblas de Barcelona, debemos pararnos a pensar si con ello conseguimos aportar algo más allá del morbo o la polémica. Ponernos en la piel de esa madre que ha perdido a su hijo cuya foto está circulando por todos lados. ¿De verdad nos hemos vuelto incapaces de comunicar sin la necesidad de mostrarlo explícitamente?


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