Cuando el cuerpo de la mujer se convirtió en startup
La Mirada de Ana Terrón

Cuando el cuerpo de la mujer se convirtió en startup

"En los años 60 las mujeres reivindicábamos un acceso igual a la educación, al empleo, el derecho a tener bienes propios, al divorcio, al aborto... Hoy corremos el peligro de que la privatización de nuestros cuerpos, como supone los vientres de alquiler, nos vuelva a enjaular"
15 abril, 2019
Ana Terrón
  • Igualdad

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Cuando el cuerpo de la mujer se convirtió en startup

Ana Terrón
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Recientemente se ha presentado en España el Informe del estado de la población mundial 2019 que elabora cada año el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Este año el informe cobra mayor relevancia porque se cumplen 50 años de la creación de esta agencia especializada en la promoción de programas de salud reproductiva y 25 años del aniversario de La Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, popularmente conocida como Conferencia del Cairo, que supuso un antes y un después en materia de salud y derechos sexuales y reproductivos, entre ellos la planificación familiar.

La Conferencia del Cairo es responsable de avances cruciales en lo relativo a derechos y bienestar de la población mundial, como una muy notable reducción de la mortalidad materna, o una tendencia decreciente de la epidemia del VIH-SIDA. Este foro trajo consigo un cambio paradigmático de enfoque: se pasó de entender la población y el desarrollo como una cuestión meramente demográfica y cuantitativa, a entender el vínculo población-desarrollo desde la perspectiva de derechos. Desde la Conferencia del Cairo los derechos de las mujeres se ponen en el centro de las políticas de población y desarrollo, así, el derecho a decidir de las mujeres, el derecho a disfrutar de una salud sexual y reproductiva plena pasan a ser centrales.

La Conferencia del Cairo tiene tal envergadura que marca de manera considerable el devenir de cómo se ha entendido el desarrollo internacional desde entonces. Tanto es así que, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible que surgió en 2015  en el seno de las Naciones Unidas, asume el propio paradigma de El Cairo y nos lleva a nueva manera de entender el desarrollo. No solo se supera definitivamente la visión asistencialista y se pasa a un marco universal que todo el planeta, en su conjunto, debe de comprometerse, si no que el desarrollo internacional incluye también la promoción los derechos sexuales y reproductivos como una de las piedras angulares para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.

«El sector privado ha cobrado relevancia en las decisiones reproductivas que afectan a los cuerpos de las mujeres, convirtiendo lo reproductivo en mercado»

Un cuarto de siglo después, la Conferencia del Cairo sigue siendo un importante hito en la consecución de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, sin embargo, ni su alcance ha sido igual en todos los países y situaciones socioeconómicas, ni suficiente. Hoy 200 millones de mujeres no tienen acceso a información ni a servicios anticonceptivos modernos, por lo que se les priva de capacidad decisoria sobre sus propios cuerpos. Además, si bien es cierto que especialmente en el Sur Global el Programa de Acción adoptado en El Cairo sigue en plena vigencia, a pesar de los obstáculos que está suponiendo la Ley Mordaza Global de Trump que ha cortado la financiación a miles de organizaciones que trabajaban en la promoción del derecho a decidir de las mujeres, estamos en una encrucijada. Está aflorando un aterrador dilema que puede conducirnos a un peligroso nuevo cambio de paradigma.

Nuevos actores están incidiendo cada vez más y de forma más directa en la agenda de los derechos de la mujeres. El sector privado ha cobrado relevancia en la toma de las decisiones reproductivas que afecta claramente a los cuerpos de las mujeres, convirtiendo lo reproductivo en un mercado en plena emergencia y que sigue las mismas lógicas de explotación que el resto de mercados.

En los años 60, en plena revolución sexual, las mujeres reivindicábamos un acceso igual a la educación, al empleo, el derecho a tener bienes propios, al divorcio, al aborto, exigíamos libertades que nos convirtieran en sujeto de derechos, reclamábamos el derecho a una vida sexual y reproductiva saludable que desconectara también el sexo de la reproducción. Hoy corremos el peligro de que la privatización de nuestros cuerpos, el cambio de espacio de nuestra agenda reproductiva, del ámbito privado al público, como supone los vientres de alquiler, nos vuelva a enjaular, conduciéndonos a una realidad distópica, que nos convierta en meros medios,  como esos pollos de engorde que pueblan las más escalofriantes granjas industriales.


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