Cuenta atrás II
La Mirada de Jorge Ruiz Morales

Cuenta atrás II

Hay un consenso entre los científicos y expertos de que la causa principal del calentamiento global es la actividad humana sobre el planeta
24 febrero, 2019
Jorge Ruiz Morales
  • Ciencia

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Como decíamos hace unos días, las señales del calentamiento global son cada día más evidentes. La variación global del clima de la Tierra se produce en diversas escalas de tiempo y afecta a diversos parámetros, como temperatura, nubosidad y precipitaciones. Sus causas pueden ser muy diversas. Sin embargo, hay un consenso entre los científicos y expertos de que la causa principal es la actividad humana sobre el planeta, (antropogénesis), a través de la emisión de gases por combustión y la consecuente elevación de la temperatura de la atmósfera.

El mundo está frente a un aumento exponencial de los gases de efecto invernadero, especialmente del dióxido de carbono (CO2), que representa el 86% del total de partículas aceleradoras del cambio climático.

Las principales fuentes de CO2 son la quema de combustibles fósiles (sobre todo petróleo y carbón) y la deforestación.

Este aumento de la contaminación global, repercute a medio plazo sobre personas, animales y plantas siendo predecibles sus consecuencias. Algunas muy cercanas a nosotros. Por ejemplo, ha sido publicado recientemente un trabajo en Science of the Total Environment donde se destaca que las temperaturas más extremas, las sequía o el estrés hídrico podrán afectar a la producción y calidad de los vinos de Europa y, especialmente, a los de la Península Ibérica. Habría que desplazar la producción hacia latitudes más altas, menos sensibles a estos cambios de temperatura. Y ello no solo afecta a tomarse un vaso de vino, sino a la economía de una zona y sus implicaciones en las poblaciones relacionadas con esa producción.

En España fallecieron cerca de 10.000 personas por la contaminación atmosférica en 2017. Por accidentes de tráfico, algo más de 1.000. Pero, siendo graves estas cifras, habría que añadir el aumento muy significativo de un empeoramiento de asmas y alergias, bronquiolitis en niños, así como de infecciones virales.

 

El mundo necesita energía para funcionar. Y esta energía que necesitamos (industria, construcción, transporte, doméstico), se produce a través de diversas fuentes. Estas fuentes emiten distinta cantidad de CO2, uno de los principales responsables de la contaminación atmosférica. Todos los expertos consideran que el transporte es el principal generador de CO2.

En los próximos meses nos enfrentamos a la convocatoria de elecciones generales, autonómicas y municipales en España, y las europeas en todo el continente. No es mucho imaginar que los programas electorales abordarán estas cuestiones. La sensibilidad de los ciudadanos ante la magnitud del problema es cada día mayor.

Siendo esto último un hecho, ¿aciertan los programas electorales en sus propuestas para combatir el cambio climático? Es decir, cuanto de ideología existe y cuanto de evidencia científica en esas propuestas.

Si no se define con claridad cuál debe ser el objetivo a conseguir, difícilmente se pueden ofrecer ideas, soluciones, al grave problema que nos rodea. Si nos fijamos en la propuesta del IPCC de conseguir no rebasar el 1,5 grados de aumento de la temperatura del planeta, es evidente que el objetivo está en frenar radicalmente, y lo antes posible, las emisiones de CO2.

Y aquí radica el problema para hacedores de programas electorales. Escoger entre ideología y evidencia científica. Cómo dice el Ministro Pedro Duque: “Todas las decisiones políticas deberían tomarse informadas sobre el conocimiento actual y verdadero que solo lo proporciona la ciencia”. En este sentido, el pasado 27 de noviembre se creó el Consejo Asesor Científico del Congreso. Un hecho significativo y pionero en España.

Parece que la alternativa más real, factible y a corto plazo, es la de cerrar las fuentes más contaminantes como las basadas en el carbón y el petróleo (un asunto político es qué salida se les ofrece a los trabajadores implicados). Así mismo, invertir en energías renovables que tengan un soporte de base en la energía nuclear.

Las condiciones atmosféricas impiden, en ocasiones, que las energías renovables aporten al mix eléctrico.
Las condiciones atmosféricas impiden, en ocasiones, que las energías renovables aporten al mix eléctrico.

Esto significa que no siempre las fuentes de energía renovables pueden cubrir la energía demandada por las personas, la industria y el transporte. Sequía, falta de viento, condiciones meteorológicas adversas, exigen una fuente de energía que respalde esta insuficiencia. Y la única que no contamina, es la nuclear.

A este respecto hay que desmitificar y combatir las multitud de bulos y mentiras (hoy las llamadas fake news), que circulan en torno a la energía nuclear. Unas veces por ignorancia y otras por intereses espurios. Es por todos conocido que argumentar favoreciendo el miedo, nos hace más crédulos.

El miedo, ese miedo a la radiactividad, no tiene ningún soporte científico. Vivimos en un mundo lleno de radiactividad. Nos rodea de forma natural. Todo genera radiactividad, en mayor o menor grado. Y puede ir desde comerse un plátano a dormir acompañado. Y todo ello es seguro para las personas.

Aquí unos ejemplos sencillos basados en múltiples estudios científicos. Las viñetas son de @operadornuclear un operador de una central nuclear española, con más de 15.000 seguidores, que guarda el anonimato por motivos evidentes.

Existe un bulo muy difundido sobre la diferencia entre unos países y otros respecto a sus políticas para combatir la contaminación, poniéndose como ejemplo la verde Alemania. Nada más lejos de la realidad. Por la presión de los Verdes alemanes se están cerrando centrales nucleares e importando carbón de Polonia, el país más contaminante de Europa.

Los colores verdes de Francia y países escandinavos contrastan con color marrón claro y oscuro de Alemania y Polonia.
Los colores verdes de Francia y países escandinavos contrastan con color marrón claro y oscuro
de Alemania y Polonia.

La verdad está en que son Francia y países escandinavos los más verdes, como se puede observar en el gráfico. En ambos casos se basan en las energías renovables con soporte de base en la nuclear.

Sin duda, queda un amplio camino por recorrer, tanto en la visualización de los graves problemas a los que nos enfrentamos, si no frenamos el cambio climático, cómo en la asunción de la responsabilidad que tenemos todos en ello y, especialmente, los gobiernos con sus políticas económicas que favorezcan las inversiones necesarias para una transición energética global.


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