Cuenta atrás
La Mirada de Jorge Ruiz Morales

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La revista Nature Communications publica un estudiosobre cómo el cambio climático afectará la vida de 250 millones de personas en las próximas décadas
20 febrero, 2019
Jorge Ruiz Morales
La desaparición de los insectos afectaría de forma drástica a multitud de especies.
  • Ciencia

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Pasan los meses y cae en el olvido la gravedad de la situación mundial respecto al calentamiento global. Las señales de alarma se repiten semanalmente. Si las emisiones no se reducen drásticamente, la propuesta del IPCC de dejar el aumento de la temperatura en 1,5º se volverá inalcanzable.

Las evidencias científicas son innegables y, a pesar, de ello muchas personas se niegan a reconocerlo. Según una encuesta publicada a finales de 2018 por el Banco Europeo de Inversiones (BEI), hasta un 14% de los estadounidenses se muestran escépticos. Pero lo más grave, es que entre ellos están lo que tienen capacidad de decisión, el Gobierno estadounidense.

En la revista Biological Conservation se ha publicado un alarmante informe sobre la desaparición de los insectos a nivel global. Esto son necesario para la cadena trófica, de ellos dependen múltiples especies terrestres y marítimas. Y son indispensables para la polinización. Aunque el estudio está basado en observaciones en Alemania y Puerto Rico, no hay que perderlo de vista.

Un grupo de osos hambrientos buscando comida en un vertedero humano.
Un grupo de osos hambrientos buscando comida en un vertedero humano.

Coincidente con la anterior, The Times informaba de que una cincuentena de osos polares hambrientos estaban desembaulando por la ciudad de Belushya Guba, en el ártico ruso.

Hace un par de semanas, se ha publicado en la revista Nature Communications, un estudio en el que se ilustra de forma clara e intuitiva cómo el cambio climático afectará la vida de 250 millones de personas en las próximas décadas.

Matthew Fitzpatrick, investigador del Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland y Robert Dunn, profesor en el Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, autores del trabajo, han estudiado las previsiones climáticas de 540 áreas urbanas de Norteamérica –530 de EE UU y 10 de Canadá– para el año 2080.

A partir de los resultados, han desarrollado una aplicación web con un mapa que relaciona cada ciudad con otra que a día de hoy tiene unas condiciones climáticas similares a las que tendrá en un futuro la primera.

En el estudio, los autores, destacan como los cambios climáticos que experimentará el planeta a finales de siglo, repercutirá en que muchas ciudades estadounidenses tendrán un clima como el que ahora tienen ciudades situadas 1.000 km de distancia hacia el sur.

Para popularizar estas conclusiones, han desarrollado un método de cartografía que hace coincidir el clima futuro esperado de un lugar con el contemporáneo de otro lugar. Este método era el idóneo porque traduce las predicciones climáticas globales abstractas en situaciones más personales y locales. Esperan que con un medio más intuitivo los resultados tengan un mayor impacto y ayuden a concienciar sobre el problema.

En el mapa, las áreas urbanas pueden aparecer vinculadas a varias ciudades distintas. Los expertos decidieron realizar varias predicciones climáticas en función de si las emisiones de CO 2 siguen aumentando a lo largo del siglo XXI o si alcanzan su punto máximo alrededor del año 2040 y a partir de ahí empiezan a disminuir.

“Desde una perspectiva científica, es mejor utilizar varios escenarios futuros, ya que no podemos predecir con un 100 % de certeza lo que sucederá. Así, podemos al menos hacernos una idea de la gama de resultados potenciales”, precisa Fitzpatrick.

Una proyección del estudio sobre impacto cambio climático en ciudades estadounidenses.
Una proyección del estudio sobre impacto cambio climático en ciudades estadounidenses.

En el caso de Washington D.C., por ejemplo, su clima en 2080 sería más similar al subtropical húmedo de Pargould (Arkansas) de hoy en día, si las emisiones alcanzan su punto máximo alrededor de 2040 y luego bajan; mientras que si las emisiones siguen creciendo, sus condiciones climáticas se asemejarían a las de Greenwood (Misisipi).

Asimismo, el clima de Nueva York será como el de Jonesboro (Arkansas) si siguen en aumento las emisiones o como el de Lake Shore (Maryland), si se toman medidas para reducirlas.

Los autores destacan que no ha sido posible establecer comparaciones con todas las previsiones, lo que indica que para la década de 2080 muchas ciudades norteamericanas podrían tener climas sin equivalente moderno en la región.

Los resultados muestran que no sólo está cambiando la temperatura, sino que climas que no existen actualmente en América del Norte aparecerán en muchas áreas urbanas. Esto tendrá consecuencias para la naturaleza, la  agricultura y los entornos urbanos.

Hace casi 15 años, en 2005, los profesores Wilson y Gutierrez, de la Universidad Juan Carlos I, publicaron en la revista Ecology Letter, un interesante trabajo que puede ilustrar las consecuencias del cambio climático.

«Lo mismo sucede con los niveles atmosféricos de dióxido de carbono (CO 2 ), el principal gas causante del efecto invernadero, cuyos valores superan cualquiera de los registrados en los últimos 600.000 años. Debido a que el funcionamiento de los organismos vivos depende de las condiciones ambientales, tales como la temperatura y la humedad, estos cambios les van a afectar en mayor o menor grado. Estas condiciones ambientales actúan sobre otras especies con las que interaccionan y que son su alimento, sus competidores o sus enemigos naturales. Una de las vías por la cual las especies animales y vegetales pueden afrontar el calentamiento global es desplazando su distribución geográfica, tal y como sucedió por ejemplo durante la sucesión de periodos glaciares (fríos) e interglaciares (cálidos) durante el Cuaternario (últimos dos millones de años). El estudio del registro fósil de animales y plantas ha demostrado que la distribución de muchas especies retrocedió hacia zonas más frías durante los periodos prehistóricos más cálidos, para después recolonizar latitudes y alturas inferiores cuando el clima se reajustó a niveles más fríos”.


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