Curar comportamientos raros
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

Curar comportamientos raros

La trama de lobotomías homófobas del obispo de Alcalá recuerda a las prácticas de Mengele y Vallejo Nágera
3 abril, 2019
Hugo Martínez Abarca
Orgullo LGTBi+
  • Derechos Humanos

La Mirada deHugo Martínez Abarca

Curar comportamientos raros

Hugo Martínez Abarca
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La entrevista de Jordi Évole al papa Francisco tuvo dos partes bien diferenciadas. En una, que abarcaba temas diversos, desde el derecho colectivo a la memoria al horror de las concertinas, se mostraba humano, razonable, defensor de los derechos humanos. Pero en otra, centrada en las viejas obsesiones de sus antecesores (la discriminación de las mujeres, la homofobia) el papa Francisco daba la impresión como de que lo estaba intentando… pero no le salía. Intentaba expresar de forma poco ofensiva ideas que, simplemente, eran de otro siglo, que eran indecentes por más prudente que intentara ser.

Uno de los temas que intentó arreglar sin éxito fue el de cómo tratar a un hijo o hija homosexual. Entre farragosas explicaciones y titubeos acabó ubicando la homosexualidad como un comportamiento raro que no merece que unos padres echen al hijo o hija de casa (se suponía que ese era un gran avance) pero igual sí que lo lleven a un profesional (no quiso aclarar de qué tipo) para salir de dudas y no sabemos si intentar corregir (o sea, reprimir) su tendencia sexual.

Lo que parecía no entender el papa Francisco es que su prejuicio se ubica en el mismo rincón del fanatismo y el odio alguien que llevara a terapia a alguien para que lo curaran de su catolicismo.

Daba la impresión, insisto, de que el papa lo intentaba, que estaba intentando demostrar que en realidad no era homófobo. Y que no se daba cuenta de que en las sociedades liberales y modernas ya no estamos exigiendo compasión con los homosexuales que, pobrecitos, tienen ese problema, sino que por fin hemos alcanzado a entender que la tendencia sexual exige la misma indiferencia que la opción política, religiosa, la raza, el género o el equipo de fútbol de uno.

Si mi hijo un día me dijera que es católico puedo asegurar que me sorprendería mucho más, dado su entorno familiar, que si me dijera que es homosexual. Podría ocurrir que mi hijo, con los años, se haga del PP. O aficionado al FC Barcelona. O adicto a las columnas de Javier Marías. Por no mencionar la posibilidad de que anunciara que quiere ser sacerdote (¡y célibe!). Sin duda identificaría cualquiera de estas sorpresas como comportamientos raros. Podríamos discutir sobre algunos (se supone que la religión y la política hablan sobre el mundo y la verdad, así que podrían someterse al debate racional), no sobre otros: sobre apetencias sexuales, por ejemplo, no se puede discutir porque, afortunadamente para la convivencia, no a todos los humanos nos gustan los mismos humanos. Pero si llevara a mi hijo a un terapeuta para que corrigiera esos comportamientos, creencias o gustos quien acabaría llevándoselo son los servicios sociales para liberarlo de un padre indecente.

Lo que parecía no entender el papa Francisco es que su prejuicio se ubica en el mismo rincón del fanatismo y el odio alguien que llevara a terapia a alguien para que lo curaran de su catolicismo.

El sistema de lobotomía puesto en marcha por Reig Pla es análogo al de criminales como Mengele o Vallejo Nágera para curar el gen rojo o las deficiencias raciales.

La diferencia entre esa parte del discurso del papa Francisco y las prácticas ilegales, sádicas y crueles que dirige el obispo de Alcalá y que está destapando eldiario.es es de grado: lejos de intentar avanzar con los tiempos como parecía hacer el papa, Reig Pla ha puesto en práctica un sistema de lobotomía intelectualmente análogo al que criminales como Mengele o Vallejo Nágera desarrollaran para identificar y curar el gen rojo o las deficiencias raciales. Lo que hoy estamos conociendo es una práctica liberticida que destroza la vida a chavales (menores de edad) cuyo único problema era que en su entorno consideraban raro que tuviera la tendencia sexual que fuera como en aquellos fanáticos hicieron con tendencias políticas o rasgos raciales.

Ayer denunciaron Eduardo Fernández Rubiño (Más Madrid) y otros colectivos la ilegalidad de estos tratamientos. Lo que publica hoy eldiario.es va un paso más allá y se sitúa en el terreno de la tortura psicológica contra menores de edad. No puede ser que el Estado (fiscalía, policía, judicatura) tarde un minuto más en poner medidas para que sea imposible que el homófobo obispo de Alcalá siga destrozando la vida a personas por vivir ajenas al estrecho cauce de su moral totalitaria. Del mismo modo que desmantelarían una organización que tratara de curar a gente de razas inferiores.

Que se tomen ya mismo las medidas cautelares que sean necesarias para defender la libertad que ataca esta cruel trama de torturadores.


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