De unidad, humildad y… decencia
La Mirada de Rosana Alonso

De unidad, humildad y… decencia

3 junio, 2019
Rosana Alonso
Pablo Iglesias e Irene Montero en el Congreso de los Diputados
  • Política

La Mirada deRosana Alonso

De unidad, humildad y… decencia

Rosana Alonso
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Podemos surgió de forma fulgurante. Nació como una ola fresca y deseada que inundó los corazones de quienes sabíamos necesario un proceso amplio de cambio. Brotó con fuerza, con rapidez, con impacto, con efecto y con ritmo, como ha de brotar en el siglo XXI todo aquello que quieras que impregne la sociedad. Pero la inmediatez y los golpes de imagen tienen un precio: con la misma fuerza con la que emergen pasan a la apatía en tiempo récord a no ser que tras la estrategia inicial de captación de ilusión se configure una base sólida que mantenga lo necesario, estabilice la estructura y establezca un horizonte claro que no desvíe el rumbo a pesar de las inevitables distracciones.

«La rápida configuración de un movimiento electoral altamente personalista y la convicción de su líder sobre la necesidad de su presencia en el centro de todo hizo evidente que se alejaba cada día más del concepto de partido y se trataba en realidad de  un club de fans»

No es fácil, es complicado, de hecho, en una sociedad líquida donde además el anhelo de seguridad se sigue proyectando en los partidos de siempre porque siempre han estado ahí, y es precisamente por eso por lo que quienes comenzaron y desarrollaron este proyecto debían saber y conocer estos factores y debían colocar como primer objetivo el construir un esqueleto que permitiera dar solidez y envergadura a la organización a la vez que se apreciara como un espacio acogedor, flexible, de reflexión política, de cuidados interpersonales, de mirada colectiva y de acción común; un ejemplo, en definitiva, de la sociedad hacia la que caminábamos. Sin embargo no ha sido así. La rápida configuración de un movimiento electoral altamente personalista y la convicción de su líder sobre la necesidad de su presencia en el centro de todo como condición esencial para su existencia, las faltas de apoyo a quienes forman parte del equipo, el desinterés por la formación de sus cuadros y una larga trayectoria de batallas plasmadas en una y otra primarias hizo evidente que se alejaba cada día más del concepto de partido y se trataba en realidad de un club de fans.

No se puede dirigir un partido sintiéndose estrella del rock/política. Quien durante un tiempo es elegido y decide guiar un proyecto es lógico que tenga cerca a su gente de confianza, si bien esas personas han de ser cada vez más y la diversidad de opiniones ha de ampliar las posibilidades de juego, no solo para enriquecer el proyecto sino para crear sentimiento de pertenencia, de compromiso, de lealtad. Se llega a ello hablando, escuchando, teniendo en cuenta, negociando, intercambiando, reflexionando en común, poniendo soluciones inteligentes a los inevitables conflictos y, sobre todo, se llega a ello sin miedo. La actitud que llevamos a cabo dentro de nuestro equipo se proyecta inevitablemente hacia fuera y en Podemos hemos ido viviendo la falta de escucha y de atención, el desprecio, la reducción de los acólitos, la selección de cada vez menos gente y menos competente, la aparente necesidad por parte de quienes “mandan” de estar constantemente a la defensiva, la expulsión sin juicios, la obligación de asentir, la tristeza de no ser escuchados y la rabia de no saber hacia dónde vamos.

«Ningún partido progresista que nace del movimiento de las gentes en las calles tiene derecho a utilizar herramientas que sabe perfectamente perniciosas para dañar a sus compañeras para imponer sus favoritismos»

La necesidad de control nubla las mentes, da igual cuánto sepas de política si te obsesiona estar en todas partes. Si acaso cuando una compañera comete un error o dos es obligación de quienes están al timón reconducir los desaguisados. Ningún partido progresista que nace del movimiento de las gentes en las calles tiene derecho a utilizar herramientas que sabe perfectamente perniciosas para dañar a sus compañeras para imponer sus favoritismos, ningún dirigente que hable de respeto territorial y plurinacionalidad puede volver a difamar e insultar a territorios una y otra vez como ha sucedido en Navarra, La Rioja o el mío propio, Cantabria (por mencionar algunos). No sirve decir “hemos cometido errores”, sirve enmendarlos. Nuestros vecinos sí saben de humildad y no toleran la arrogancia, nuestros vecinos entienden que unidos no es igual que sometidos, nuestras vecinas esperan que grupos de personas con iniciativa generen e impulsen propuestas de cambio plurales, no esperan caricaturas de personajes de la política del siglo XX lejos de Iberia. Estas elecciones nuestras vecinas han respondido a la falta de madurez, no sé si quedará la decencia.


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