Deconstruir la idea de la felicidad
La Mirada de Roy Galán

Deconstruir la idea de la felicidad

No podemos decirle a nadie dónde está su felicidad, pero sí entre todos y todas cuestionar cuánta de nuestra frustración vital es real y cuánta provocada por expectativas ajenas.
7 diciembre, 2018
Roy Galán
Fotograma de Juno (2007) de Jason Reitman. Imagen: Fox.
  • Opinión

La Mirada deRoy Galán

Deconstruir la idea de la felicidad

Roy Galán
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Muchas veces me siento en una especie de gincana hacia la “normalidad”. Hemos de esta manera superar una serie de obstáculos para conseguir que la aceptación del otro perdiendo partes de ti hasta conseguir encajar en el lugar que ocupan los demás. Parece así que hemos de cumplir con una serie de tips para sentir que formamos parte del todo y no dar pie a que el otro nos rechace. Globalizamos nuestros anhelos hasta hacer que sea imposible distinguirnos y nos camuflamos con el resto para que dejen de sentir miedo a lo que no entienden. Porque no nos engañemos: Nos han vendido como felicidad una única cosa que pasa por el aro de la pareja, la casa con jardín, la valla blanca, la mascota y los hijos e hijas.

Además, con respecto a la descendencia (y la estructura de la familia), nos han hecho creer que es más válida aquella que es de tu sangre, aquella que se “parece” a ti, aquella que te sobrevive, porque necesitamos dejar algo “nuestro”, algo que tenga nuestra genética, nuestros ojos o la boca de nuestro padre, creando así una falsa ilusión o esperanza de eternidad. Nos han hecho creer en que la felicidad pasar por ser infinitos cuando eso es imposible puesto que no hay nada más certero que nuestra propia mortalidad.

El mundo (y las mujeres) no son meros instrumentos para alcanzar la felicidad.

La paternidad no es un derecho y tampoco lo es la maternidad, pero nos han dicho siempre lo contrario y por eso no deja de ser estremecedor pensar que lo puedes tener todo en el momento que quieras (con dinero, claro), que te hagan pensar que el mundo (y las mujeres) pueden ser meros instrumentos para alcanzar tu propia felicidad.

Yo no puedo decirle a nadie dónde ha de encontrar su propia felicidad, pero podemos entre todos y todas cuestionar cuánta de nuestra frustración vital es provocada por una necesidad real y cuánta generada por una expectativa ajena impuesta. Así, nos sentimos fracasados si no conseguimos ser padres o madres biológicos como si ese fuera nuestro único fin de la vida y por supuesto que no lo es: la vida es y ha de ser muchísimas otras cosas.

Feminismos y movimiento LGTBI+ siempre han ido de la mano, y si se dividen hacen más fuerte al patriarcado.

Por eso me preocupa tanto este cisma que se abre entre los feminismos y el movimiento LGTBI+ a cuenta de los vientres de alquiler. Me preocupa y me entristece porque ambos movimientos han ido siempre de la mano y las fracturas y divisiones lo único que hacen es hacer más fuerte a ese enemigo común que es el patriarcado.

Yo soy un hombre homosexual y no tengo la necesidad de ser padre a toda costa, por eso nunca me plantearía la opción de recurrir a un vientre de alquiler para cumplir con mis sueños, básicamente porque creo que mis sueños tienen un límite que tiene que ver con no usar el cuerpo de las mujeres para cubrir mi cuota de felicidad. Sobre todo porque creo que la idea de la felicidad es algo que puede y debe ser deconstruido entre todos y todas para paliar el sufrimiento que la consecución de la misma muchas veces conlleva.

Yo no quiero ser normal, yo quiero ser lo que soy.

Y porque muchas veces siento que solo pagando puedes entrar en ese club selecto de personas “normales” que han conseguido librarse del estigma a golpe de talón. Yo no quiero ser normal: yo quiero ser lo que soy. Y si en ese ir, en ese ser, no soy padre, o no tengo mascota, o no tengo la casa ideal, no pasa nada. Puedo aceptarlo igual que aceptaría no jugar al baloncesto si mido un metro y medio. Puedo adaptarme. La existencia sigue y estoy convencido de que me esperan cosas hermosas y de que siempre han de existir otras opciones en las que no salgan perdiendo una y otra vez las de siempre. Pero ese es mi sentir, claro.

Lo que no puede ser es que se promueva que la única vía de supervivencia de las mujeres “en precario” pase por ofrecer sus vientres para que la parte de la sociedad privilegiada se sienta realizada, acompañada o satisfecha. Las misión de las mujeres en este planeta no es la de satisfacernos al resto: es la de satisfacerse a sí mismas. Y por eso es nuestra responsabilidad como sociedad proporcionarles el mayor grado de libertad (real) para que puedan conseguirlo sin tener que pagar unos peajes tan sumamente altos.

Repensar los conceptos de familia, de vínculos sanguíneos, de crianza, de bienestar o de felicidad es algo fundamental para que nuestras elecciones vitales no sigan perpetuando la desigualdad, para que no sigamos alimentando a ese monstruo enorme que lo único que quiere es que sigamos consumiendo a las personas como si fueran cosas.


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