El circo mediático: la muerte como espectáculo
La Mirada de Kowai Nana

El circo mediático: la muerte como espectáculo

¿Hasta qué punto no somos culpables de permitir que la muerte de un niño sea un reality show?
1 febrero, 2019
Kowai Nana
  • Televisión

La Mirada deKowai Nana

El circo mediático: la muerte como espectáculo

Kowai Nana
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Durante 14 días hemos estado pendientes del rescate de Julen, el pequeño de dos años que cayó a un pozo en Málaga. Todos los medios españoles se han volcado en ofrecer a los espectadores la cobertura del suceso con todo lujo de detalles y hemos caído en un circo mediático que sobrepasa la línea del morbo.

Todos hemos sucumbido a la manipulación.

Gracias al uso del sentimentalismo vacío, con tal de ganar audiencia nos hicieron creer que el niño podía seguir vivo, al igual que seguía vivo el espectáculo. Hemos presenciado una batalla por exclusivas y primicias, acoso a familiares y allegados, acusaciones en falso, entrevistas con todo tipo de personajes… Hemos visto cómo Antena 3 mantuvo una ventana en directo con Totalán durante el prime time con el mensaje «A 3 metros de Julen«.  

¿Y qué ha ocurrido cuando no se producían novedades sobre su rescate? Pues nos contaban quiénes eran los mineros, qué comían, cómo estaban sus familias, qué tal lo llevaban los vecinos, qué pensaban de los padres… Incluso permitían que terceras personas (como el novio de la tía de primo del padre del niño) especularan. Todo nos valía.

Información: poca, explotación: toda.

No es el hecho de que todas las cadenas dediquen parte de su programación a cubrir este tipo de acontecimientos, al fin y al cabo, es noticia, sino el estar viviéndola minuto a minuto, observando a los protagonistas de la tragedia bajo la lupa del amarillismo.

Durante estos días no he visto ni un segundo la televisión, no he comprado prensa y no he leído en profundidad ningún artículo sobre el suceso. Sin embargo, he sabido en todo momento, por h o por b, el estado del rescate. ¿Cómo es posible?

Muy sencillo. Porque en parte somos culpables, porque hemos permitido que se hayan registrado récords históricos de audiencia históricos en casi todos los programas de actualidad, hemos permitido que Julen sea TT cada día y hemos fomentado los titulares más escabrosos. Hemos conseguido convertir la trágica muerte de un niño en un reality show.

La realidad es que mostramos un desmedido interés por la fatalidad, por las desgracias y miserias ajenas, quizá porque con ello nos sentimos mejores.

No puedo entender cómo no nos hemos parado a pensar en la sobreexposición mediática que ha sufrido la familia; una exposición que ha permitido que cualquiera pudiera opinar y poner en tela de juicio su conducta o actitud sin pensar ni por un segundo en el dolor que producía.

El hecho de que la propia Guardia Civil, en el momento en el que sacaban el cadáver, deslumbrara a los cámaras impidiendo fotografiarlo, dice mucho de la falta de humanidad demostrada. Muchos criticaron este gesto alegando que obstaculizaban el trabajo informativo, que su deber era informar y era un momento importante que cubrir. Llamadme loca, pero considero totalmente innecesario capturar esa imagen, bastante la recordarán ya todas las personas que lo presenciaron. Y por muy descabellado que suene, estoy plenamente segura de que miles de usuarios la hubieran compartido.

Lo único que puedo sacar en conclusión de todo lo ocurrido es que consumimos lo que nos ofrecen: nos ofrecen carnaza y consumimos carnaza. Y a los hechos me remito cuando afirmo que la ética periodista de muchos dista mucho de ser aceptable. Pero dejemos de escurrir el bulto y echarnos las manos a la cabeza. Somos partícipes de todo esto porque queremos, porque mientras criticamos este circo mediático subimos mensajitos de tristeza con la cara del niño en nuestras redes.

«Y es que hasta las personas honradas y respetables gustan de leer cosas malas acerca de los demás» (Margaret Atwood “ Alias Grace” 1996)


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