El Debate (1/2)
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

El Debate (1/2)

La primera parte del debate ofreció dos bloques separados por un abismo y un Pablo Casado que intentó pasar por moderado y sólo pasó desapercibido.
23 abril, 2019
Hugo Martínez Abarca
El debate en RTVE
  • Elecciones nacionales

La Mirada deHugo Martínez Abarca

El Debate (1/2)

Hugo Martínez Abarca
Compartir

¿Quién ha ganado el debate?‘ es una pregunta de respuesta imposible. Dado que hace tiempo que la política se rige por una retórica conservadora que prima evitar riesgos, en los debates políticos no hay argumentos y contra argumentos que permitan ver quién es más rápido, intuitivo, conoce mejor los temas o incluso tiene razón. Si nos tomáramos un debate como si fuera un debate, ganaría el que lleva razón, esto es, quien dice cosas más parecidas a lo que uno piensa. Por eso para los que lo vemos en la tele siempre ganan los nuestros.

Es compatible la impresión de que Albert Rivera hizo el ridículo con la sensación de la derecha de que Rivera ganó el debate porque Casado no existió.

Pero un debate hoy es más bien un juego teatral descoordinado en el que cada actor se dirige a una pequeña zona del patio de butacas sin que importe demasiado qué dicen los otros ni incluso qué dice uno mismo; ni, desde luego, qué piensa el resto del público. Por eso son compatibles la contundente impresión de que Albert Rivera hizo el ridículo con una sobreactuación arcaica y la otra sensación (inmediatamente orientada en el post debate por un entregado Pedro J. Ramírez) de que había ganado. Albert Rivera se dirigía a taponar la sangría de votos que está teniendo por la derecha (esa sangría que ha llevado a Ciudadanos a esconderlo y simular que la candidata es Arrimadas) y el desastre de Pablo Casado y su falta de credibilidad es tal que es probable que su perfil bajo (y en algún momento noqueado) permitiera a Albert Rivera quedar mejor que Casado, que era lo que le importaba. Con todo, intuitivamente diría que quien se llevó más votos del debate fue Vox dada la incapacidad de Casado y Rivera de ser creíbles y mucho menos presidenciables, factores que no necesita Vox.

En el flanco progresista la sensación es que se movió muy poco voto dada la buena actuación de ambos, de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Probablemente Iglesias estuvo mejor que Sánchez en la primera parte del debate y Sánchez sobresalió en la segunda. Lo más importante fue que ambos aparecían como un bloque de gobierno, serio, positivo y con un plan de país (intuido, no explicado) más allá de la descalificación de cualquier otro. Un buen debate para ambos, lo que probablemente significa que ninguno de los dos haya ganado ni perdido votos aunque sí facilite que quien dudara si votarlos o abstenerse vaya a votar con menos dudas.

A quien más daño le hace la hipótesis de un acuerdo PSOE-Ciudadanos no es a Pedro Sánchez sino a Albert Rivera.

Es revelador que cuando Iglesias le preguntaba a Sánchez si gobernaría con Ciudadanos fuera Albert Rivera quien urgiera a desmentir esa posibilidad. Ciudadanos ha decidido prescindir de todo votante liberal, moderado, progresista y lo apuesta todo a la disputa del odio a la España diversa, moderna y social. La duda de si podría haber un acuerdo entre Ciudadanos y un partido progresista no hace daño a ese partido progresista sino a un Ciudadanos que quiere convencer a la derecha de que es indudablemente de los suyos: ayer lo dejaron claro Albert Rivera con su contundencia y Pedro Sánchez con su silencio. Y lo importante es que esa franja de votantes demócratas, moderados, liberales y tan despistados que aún no hubieran abandonado a Ciudadanos es el único espacio electoral que puede ir aún del bloque que busca un gobierno del odio, los recortes y la corrupción al bloque progresista. Por eso es muy bueno agitar el fantasma de un acuerdo de Ciudadanos a su izquierda, pero quien crea que con eso desgasta al PSOE o a quien sea se equivoca: a quien desgasta es a Ciudadanos.

Queda el debate de hoy. Es indudable que Pablo Casado saldrá a insultar, mentir y morder tras la vacuidad de ayer. La unanimidad en que ayer estuvo ausente cuando intentó improvisar el personaje de moderado centrista tras diez meses de fanatismo le llevará hoy a volver al personaje en el que se siente más cómodo… y en el que es más fácil que haga el ridículo. Y eso, probablemente, consiga el mismo efecto que estos diez meses de PP: alimentar el saco electoral de Vox, orgulloso de emular al Cid ganando batallas en ausencia.

Lo que dejó claro el debate es que es casi imposible que haya movimiento electoral entre dos bloques separados por un abismo. Así que el reto principal es que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias hagan llegar hoy a los españoles que no está conjurada ni de lejos la posibilidad de que Vox gobierne de la mano de los Casado y Rivera o quien los sustituya en sus partidos tras las elecciones. Que la sensación de gobernabilidad no se convierta en confianza y abstención.


Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acepto la política de privacidad