El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda se dirige hacia la realidad del siglo XXI
La Mirada de Jacinto Vaello

El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda se dirige hacia la realidad del siglo XXI

Su evolución en el último siglo es la del enfermo que no ha hecho caso al especialista
8 febrero, 2019
Jacinto Vaello
  • Europa

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El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda se dirige hacia la realidad del siglo XXI

Jacinto Vaello
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Un columnista de la prensa online de ámbito español, a raíz de la humillante derrota de Teresa May y de las actitudes de Bruselas y de las capitales europeas de la UE, escribe lo siguiente:

“A ver si nos vamos enterando. No se puede construir Europa sin Gran Bretaña y lo que suceda allí afecta directamente a nuestras vidas; no es su problema, es nuestro problema”.

Entiendo que hay tres afirmaciones en lo que presenta la apariencia de una idea única. La primera es “No se puede construir Europa sin Gran Bretaña”, la segunda se resume en “lo que suceda allí afecta directamente a nuestras vidas…” y la tercera nos compromete a todos los europeos por igual al señalar: “no es su problema, es nuestro problema”,

Vamos por partes, pero a la inversa, para acabar en la afirmación con más trascendencia histórica, que es la primera.

  • La tercera afirmación dice:

“…no es su problema, es nuestro problema…”. Me atrevo a aseverar que es “su problema”, porque ellos han reincidido en lo que es su problema desde que salieron de la época victoriana, cuando dejaron de ser la potencia imperial dominante del siglo XIX y entraron en el siglo XX descubriendo que les disputaban lo que había sido directamente suyo o lo que había pertenecido a su área de influencia indiscutible; perder la condición de metrópoli de un vasto imperio es algo que la élite británica no ha digerido, y su indigestión la ha convertido en enfermedad crónica de los pueblos del Reino Unido, bajo la forma de una decadencia económica y social ocultada tras un triste menosprecio hacia los europeos continentales. Desde un punto de vista quizás algo psicologista, se puede decir que el Brexit es en gran parte la expresión actual de ese menosprecio.

  • La segunda afirmación dice:

“… lo que suceda allí afecta directamente a nuestras vidas…”, cosa que es lamentablemente cierta, porque aunque fuera a regañadientes, el Reino Unido ha terminado por incorporarse a la Unión Europea, de manera que ha estado casi 45 años inserto en un proceso abierto o larvado de asimilación material, institucional y sobre todo cultural. La asimilación ha terminado por convertir muchas de sus fortalezas y sus fragilidades en partes integrantes de la vida social de toda Europa, en particular de esa Europa occidental que, aunque no hayan querido reconocerlo, ha entrado en su mundo insular por todos los poros.

  • La primera afirmación dice:

“No se puede construir Europa sin Gran Bretaña”. Es la profundamente histórica de las afirmaciones comentadas, y me parece rotundamente falsa. La Comunidad Europea se constituyó en 1957 y no fue hasta 1973 que se produjo la incorporación del reino Unido. Es decir, el camino se inició sin el RU y se fue construyendo esa realidad supra nacional en su ausencia durante 16 años. No es poca cosa y , sobre todo, parece la confirmación de que no era necesaria la presencia del RU para avanzar en la construcción europea. Desde su incorporación se ha evidenciado algo trascendental: para el RU esta construcción europea ha tenido principalmente, y casi podría afirmarse que únicamente, un interés comercial y financiero. Es decir, el RU ha pretendido siempre haberse incorporado al proceso de configuración de un mercado ampliado, algo de interés específico para los negocios de la City. Ha abominado de mil maneras ante los esfuerzos de construcción de una unión política.

Sin la constitución de una entidad política la UE se queda en un mercado común, lo que, si bien tuvo la prioridad en los comienzos, rápidamente fue considerado insuficiente, intensificando los esfuerzos para una integración institucional cada vez más avanzada. Y la mejor demostración de la creciente contradicción entre el RU y la UE continental fue el proceso de incorporación de los países de la Europa Oriental, que culminó en 2004. No es aventurado formular la idea de que muchas de las dificultades de la unión política en los últimos años tienen que ver con la entrada en la UE de países con una combinación poco apta de economía estatizada, institucionalidad vetusta y cultura política no democrática. La contraparte de esta contradicción fue la asimilación comercial, es decir, el aparente éxito de la ampliación del “mercado común europeo”.

Más mercado y menos integración política ha sido el resultado en apariencia paradójico de este proceso.

Paradoja o no, lo cierto es que se ha seguido un camino cuya principal inspiración provino del RU. Y este mismo RU es el que se propone abandonar el constructo en el que finalmente ha participado, dejándolo en estado de parálisis y situándose a sí mismo en el borde del precipicio.

Si lo que aquí se esboza es una versión más o menos cercana a la realidad, la cuestión a plantearse es inmediata: ¿de verdad es asumible la afirmación de que “No se puede construir Europa sin Gran Bretaña”? Más bien se debería afirmar que la Unión Europea, con sus avances y retrocesos, con sus fortalezas y sus debilidades, se ha ido construyendo a pesar del papel que ha jugado el Reino Unido. Y esto es lo que seguirá haciendo, mejor o peor, aunque le vendría bien que los británicos e irlandeses resolvieran su problema.

No me resisto a terminar con la cita de una frase brillante escrita por un columnista en el análisis del Brexit: “Los parlamentarios británicos imaginan al Parlamento como una especie de meridiano de Greenwich de la política, la línea cero a partir de la cual se miden las desviaciones de otros países. Mirarse el ombligo es lo que los británicos tienen que dejar de hacer, y mientras lo consiguen, o no, es mejor que estén fuera de la UE”.


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