España no cabe en su “España”
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

España no cabe en su “España”

Existimos muchos millones de españoles que apostamos por la convivencia y la democracia y no por el enfrentamiento sectario ni por la furia nacionalista.
12 febrero, 2019
Hugo Martínez Abarca
  • Política

La Mirada deHugo Martínez Abarca

España no cabe en su “España”

Hugo Martínez Abarca
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Durante siglos España fue sinónimo en Europa y en la España ilustrada de atraso, de sectarismo, de pereza intelectual y vital. Quizá por ser nuestra monarquía la que defendía el catolicismo de Trento en las hogueras, quizás por unas élites que nos alejaron de los avances liberales que sucedían en Europa… Nuestra corte fraguó una imagen triste de España, lejana de una Europa que terminaba en los Pirineos, inquisitorial, oscura y rancia. Esa corte que tanto daño hizo a España señalaba a quienes pensaban, a quienes defendían la libertad, la igualdad y la modernidad y los tachaban de afrancesados. Llamaban España a las tinieblas, ubicaban la luz al otro lado de nuestras fronteras. Ese pasado, esa corte, esas tinieblas dominaron España hasta el franquismo pero siguen gritando que España es eso.

Costó, pero los españoles enterramos esa imagen de España. En los años 90 se intentó enterrar a golpe de macroevento e infraestructura, Barcelona 92, la Expo, el AVE… pero no era eso: lo que realmente nos ha hecho ponernos en la vanguardia europea ha sido la conquista de libertades e igualdad. Aquella España de cerrado y sacristía fue duramente debilitada cuando España fue de los primeros países del mundo en acabar con la discriminación legal de los homosexuales en el matrimonio; y quedó desterrada del imaginario mundial cuando las mujeres españolas dieron una lección de movilización y defensa de sus derechos el 8 de marzo del año pasado.

España fue ejemplar para todo el mundo cuando su pueblo salió en masa a exigir paz frente a los señores de la guerra y también cuando sus plazas rebosaron de alegría, libertad y democracia frente a la corrupción, los recortes y los autoritarismos. España ha sido una envidia mundial por haber respondido a la crisis con exigencia de más derechos y más democracia, sin que apareciera hasta ahora la ira xenófoba y reaccionaria que recorría el mundo.

Eso está siendo España, la España mayoritaria y real.

La manifestación del domingo fue un pinchazo. Voces de la derecha tan dispares como Pedro J. Ramírez y José Antonio Zarzalejos reconocen el error estratégico de esa manifestación, de esa demostración de compacta unidad de las derechas unidas por el nacionalismo español y refugiadas en su margen más extremo. El abanico cubierto por esos tres partidos es más estrecho por el abandono de Ciudadanos de ese centro liberal y dialogante al que aspiraban muchos de sus primeros votantes.

Es normal que muchos españoles de buena fe estén preocupados por el futuro de España. Una parte de ellos estuvo en la calle el domingo por la mañana. Que hubiera dirigentes políticos movidos exclusivamente por un (fallido) cálculo electoral y propagandístico no puede eclipsar la evidencia de que España tiene un serio problema político, que existe la España de los balcones igual que existen independentistas que, mientras no demos la independencia a sus territorios, son españoles. E igual que existimos muchos millones de españoles que apostamos por la convivencia y la democracia y no por el enfrentamiento sectario ni por la furia nacionalista.

Portada ABC 11/02/2019
Portada ABC 11/02/2019

“España”. Así titulaba ABC ayer sobre una foto de la manifestación de PP, Ciudadanos y Vox contra el gobierno respaldado por la mayoría del Congreso español. Su “España” es la que cabe en la foto pero hace mucho que eso no es España. Casado, Abascal y Rivera representan todo lo contrario: son el freno a esa España del cincel y de la maza que alborea.

España no cabe en la portada de ABC. De hecho la gran mayoría de los españoles no estamos en esa portada. La España que se siente amenazada por el diálogo, que llama feminazis a las mujeres que defienden la igualdad, que defiende una ficción llamada “familia natural” frente a la libertad, la igualdad y el amor; esa España “que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste”; esa pequeña España parásita que ha robado lo que los españoles han construido con su trabajo y sus esfuerzos; ese Abascal trincando de los chiringuitos que fabricaba para él Esperanza Aguirre cobrando de los madrileños por no hacer nada más que el presidente del Gobierno. Eso no es España. Es el lastre que aún acarrea nuestro país.

No fue una buena idea la manifestación, pero está siendo mucho peor la gestión de su relativo fracaso. En Colón explicó Ortega Smith (Vox) que estaban “los españoles de bien”. Esa portada de ABC decretaba que lo que no cabe en esa foto no es “España”.

No tienen ni idea de qué es España en el siglo XXI.

España no cabe en su estrecha “España”. Lo que llaman “España” es aquella corte turbia y oscura de la que se avergonzaron los españoles más luminosos, de la que se reían quienes no conocían España.

Se acabó. Su fracaso del domingo evidencia que sus gritos no son ninguna reconquista sino el canto del cisne de ese lastre poderoso que siempre luchó por evitar que nuestro país conquistara el futuro. Han perdido. Ya nadie se cree que eso sea España.


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