La depresión de Ciudadanos
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

La depresión de Ciudadanos

Miles de votantes que un día pensaron que eran una fuerza moderadamente progresista, opuesta a la corrupción y defensora de las libertades y la democracia andan desengañados y huérfanos
11 marzo, 2019
Hugo Martínez Abarca
  • Opinión

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La depresión de Ciudadanos

Hugo Martínez Abarca
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La pasada semana fueron las primarias de Ciudadanos. Y han ofrecido una fotografía deprimente para una organización que pretende ser un partido de gobierno. Albert Rivera fue elegido candidato en las elecciones generales por 7.700 votos en toda España. Inés Arrimadas será su número dos desde Barcelona con 453 votos, Juan Carlos Girauta encabezará la lista de Toledo gracias a 161 estupendos votos. Por comparar: Pedro Sánchez obtuvo 74.000 votos para ser Secretario General (votaron casi 150.000 afiliados del PSOE) y Pablo Iglesias 53.500 para ser candidato a las generales (aunque poco antes había llegado a 128.000 votos para ser Secretario General en 2017); incluso en la votación para el Congreso del PP (que dejó patente que los datos históricos de afiliación estaban infladísimos), Albert Rivera habría quedado cuarto con la mitad de votos que la tercera, tras Soraya Sáenz de Santamaría (21.513), Pablo Casado (19.967) y Dolores Cospedal (15.090). Los afines a Ciudadanos no parecen entusiasmados con su partido.

No es el único dato que muestra la depresión de Ciudadanos. Según una encuesta de GAD3 del pasado domingo, el 48% de los votantes de  Ciudadanos están pensando cambiar su voto y en todas las encuestas está cayendo su intención de voto a mucha más velocidad que ningún otro partido.

Se filtran las primeras disputas internas en una organización que hasta ahora había parecido Corea del Norte: ni el más mínimo debate pese a los bandazos (unanimidad cuando se hace una cosa, unanimidad cuando se hace la  contraria, ningún debate cuando se gobierna de la mano de Vox, como no lo hubo cuando se daba el gobierno a auténticas organizaciones mafiosas) en torno a un liderazgo férreo y eterno que termina rápidamente con cualquier disidente (todas las personas que han discrepado en público de Albert Rivera han acabado fuera del partido). Finalmente esas pobres primarias y esas tímidas disputas acaban con el bloqueo de la elección en Castilla y León porque el primer ejercicio de elección real entre dos opciones posibles acaba en un pucherazo tan burdo que ni han cuadrado el número de votos totales para que coincida con la suma de las distintas opciones de voto.

Ciudadanos hizo una apuesta política rara. Quería definirse como un partido centrista, liberal, moderadamente progresista y tolerante. Pero su actitud real ha sido siempre crispante, arrogante, genuinamente nacionalista… Han intentado ser a la vez una organización de centro pero en vez de tender puentes, como suele hacer el centro, han mantenido un discurso que polariza la sociedad. Durante un tiempo les fue bien gracias a Cataluña: abandonada la opción centrista y liberal más que como mera expresión retórica, Ciudadanos hizo de la confrontación más dura con el nacionalismo catalán su reclamo electoral. Y ello funcionó mientras Vox era irrelevante y el PP gobernaba y no podía decir insensateces; pero tras la moción de censura y las elecciones andaluzas, Ciudadanos no puede competir como polarizador (ya resulta imposible bajar a mentiras e insultos más contundentes que el PP de Casado y Vox, el esqueje nacional del PP-Madrid).

De vez en cuando vuelven a usar las palabras “centro” y “liberal”, pero casi tapándose la boca para que no les dé la risa o para etiquetar un feminismo que pone mucho más empeño en separarse del feminismo que en encontrarse con él de una vez.

Ciudadanos gobierna Andalucía de la mano de Vox, ha anunciado que intentará hacer lo mismo en todas las Comunidades Autónomas, en todos los municipios, en el conjunto de España. Albert Rivera se hizo la foto de Colón en la fallida manifestación del nacionalismo español entregado a Vox y se pasó la semana del 8 de marzo poniendo matices y etiquetas al feminismo, dedicando muchísimo más tiempo a diferenciarse de las feministas que de los machistas.

Ciudadanos se ha arrinconado en la nada. Abandonó la moderación y la tolerancia de forma contundente si es que alguna vez las tuvo más que como palabras bonitas.

Olvidó la lucha contra la corrupción blindando al PP en la Comunidad de Madrid. Se abonó a las campañas disparatadas contra el Ayuntamiento de Manuela Carmena renunciando a contribuir a que prosperase la ciudad y recordando que si hubieran podido habrían hecho alcaldesa a Esperanza Aguirre.

Y mintió. Mintió constantemente. Tan es así que la misma encuesta del GAD3 indica que el 56% de los españoles cree que Albert Rivera miente sobre sus alianzas post electorales, probablemente porque recuerdan que ya mintió en 2015 y en 2016, que Albert Rivera miente siempre.

Se le va a hacer muy larga la primavera a Ciudadanos hasta que acabe el ciclo electoral. Ellos mismos han puesto el abono para su caída de aquí a las generales y probablemente más aún en autonómicas y municipales. Ciudadanos se ha instalado en el desencanto. Los votantes que vieron en ellos la energía anti catalanista que buscaban tienen ahora opciones más fieras. Miles de votantes que un día pensaron que eran una fuerza moderadamente progresista, opuesta a la corrupción y defensora de las libertades y la democracia andan desengañados y huérfanos. Ahí se está jugando, en parte, el cierre a los gobiernos del odio y la corrupción por los que apuesta Albert Rivera.


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