La derecha que tira la cabra desde el campanario
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

La derecha que tira la cabra desde el campanario

Las derechas españolas se están dirigiendo a una España que felizmente ya casi no existe, a esa España que tiraba la cabra desde el campanario.
17 abril, 2019
Hugo Martínez Abarca
Dirigentes de Vox, PP y Ciudadanos manifestándose unidos.
  • Elecciones nacionales

La Mirada deHugo Martínez Abarca

La derecha que tira la cabra desde el campanario

Hugo Martínez Abarca
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Cuando Machado escribió que a cada españolito que viniera al mundo una de las dos Españas le helaría el corazón (la España que sólo se digna a usar la cabeza para embestir o la España de la idea que labra con cincel el futuro) no dijo en ningún lado que esas dos Españas fueran iguales en tamaño.

En las últimas décadas la infinita mayoría de los españoles han arrasado los prejuicios que pudiera haber sobre el secular atraso de los españoles desde las Cartas Persas de Montesquieu. España ha sido el país que se puso a la vanguardia de los derechos LGTBi y que ningún partido pudo revertir porque la sociedad española estaba incluso por delante de una legislación que entonces parecía osadamente democrática. La movilización feminista protagonizada por las mujeres españolas ha ido por delante de la producida en otros países y ha sido ejemplo mundial. Recorrimos una década de crisis y recortes orgullosos de que no surgiera una extrema derecha pese a los esfuerzos (finalmente exitosos) del aznarismo político y mediático. Tuvimos incluso un 11M tras el cual no hubo el menor brote de xenofobia y que consolidó la enorme ola de pacifismo y democracia demostrada contra la guerra de Irak.

Llama muchoo la atención el histriónico empeño de nuestras derechas en competir por mostrarse como esa ínfima España rancia y agresiva.

Esa España del cincel y de la maza ha demostrado ser abrumadoramente mayoritaria. Es una España diversa en ideología, creencias, aficiones y gustos pero las Españas modernas, demócratas y fraternas han arrinconado a la España que embiste demostrando que hace muchísimo que España no es eso.

Por eso llama tanto la atención el histriónico empeño de nuestras derechas en competir por mostrarse como esa ínfima España rancia y agresiva que afirma su identidad con kilos de caspa, machismo, racismo, homofobia y, sobre todo, una enorme rabia. Durante mucho tiempo se representó esa España como la España que tira la cabra desde el campanario y felizmente es una España cada vez más marginal, que existe como en cualquier país pero que mengua a una velocidad que debería enorgullecer a los patriotas de la España que alborea.

Están insultando a España y despreciando a esa España rural, a la España católica, a los pequeños y medianos empresarios, a quienes se emocionan con la bandera de España.

Nuestras derechas están identificando a la España rural con esa España del campanario y el toro de Tordesillas; están identificando a la España católica con el obispo de Alcalá; a los pequeños y medianos empresarios con Villar Mir; a quienes se emocionan con la bandera española con un Ultra Sur.

Y no sólo se equivocan sino que están insultando a España y despreciando a esa España rural que no necesita lanzar cabras del campanario sino un centro de salud y un instituto al alcance; a esa España católica que se emociona con el papa Francisco cuando exige derechos humanos para los migrantes; a esos autónomos y empresarios que quieren es una administración eficaz y libre de privilegios para empresarios corruptores; a quienes quieren celebrar felices más goles de Iniesta en vez de pasarse el día insultando a otros españoles,

Es posible que el fuelle fanático que están agitando nuestras derechas avive temporalmente algunas brasas. Pero son brasas arrinconadas, antiguas, pequeñas. Se están dirigiendo a una España que felizmente ya no existe ni en el recuerdo de quienes la usaban para desprestigiar a España. Su mañana vacío fue, por ventura, pasajero.


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