La época digital y los nuevos retos en 2019
La Mirada de Gaspar Llamazares

La época digital y los nuevos retos en 2019

Estamos a tiempo de dar la batalla contra los efectos negativos de las llamadas nuevas tecnologías
26 enero, 2019
Gaspar Llamazares
  • Sociedad

La Mirada deGaspar Llamazares

La época digital y los nuevos retos en 2019

Gaspar Llamazares
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Con Miguel Souto Bayarri.

Consecuencias de todo tipo están a la vista, pero entre las peores que ha traído la globalización digital hay que destacar dos: el incremento de la desigualdad y el protagonismo de la manipulación de los datos en las redes sociales.

1. Una primera observación atenta de los diferentes artículos, ensayos o informes publicados en los medios proyecta un panorama sombrío. Vivimos en una época de grandes cambios, pero además en una era de gran inseguridad (o “volatilidad”, como la denomina Daniel Innerarity), en la que el contrato social europeo construido después de la Segunda Guerra Mundial se disuelve, y las desigualdades sociales en riqueza y de oportunidades, la corrupción de los procesos políticos y el fenómeno migratorio son los grandes protagonistas.

El mundo es cada vez más rico. Sin embargo, en el epicentro del neoliberalismo digital, vivimos rodeados de desigualdades crecientes marcadas por el origen, geográfico o familiar, de los perdedores de la globalización. Y no hay que olvidar la influencia creciente de la robotización, con su especial protagonismo en la sustitución de puestos de trabajo. Según muchos observadores, los más perjudicados por la automatización serían los empleos menos cualificados, lo que acabaría siendo una nueva injusticia de clase.

No obstante, en el contexto de la robotización, actual y futura, se han publicado algunas reflexiones que, si en lo que tienen de acertadas distan de ser una novedad, en lo que tienen de error denotan un cierto desconocimiento. Nunca es fácil interrogarse sobre estos temas, porque la primera reacción suele consistir en dejarse deslumbrar por lo nuevo. Todos tendemos a comportarnos de ese modo.

Lo que es seguro es que la automatización y las nuevas tecnologías están trayendo consigo cambios radicales, especialmente en el mundo del trabajo

Pero estamos todavía en los inicios de la revolución digital y, aunque se habla de que los efectos sobre el empleo pueden llegar a ser muy importantes, no sabemos realmente quién va a ser sustituido por la  robotización. Es pronto para predecir las consecuencias de esta profunda transformación que estamos viviendo y que ha sido equiparada con un verdadero cambio de civilización. El futuro todavía no está aquí. Por eso conviene afinar y no abusar del trazo grueso, al objeto de no alumbrar predicciones y expectativas que pueden verse defraudadas con el paso del tiempo —y no sonar anticuados a los improbables lectores que nos investiguen en el mañana-.

2. Paralelamente, es evidente que vivimos en una sociedad “conectada”, que los datos son un producto muy apreciado y que la difusión de mentiras por las redes supone una amenaza seria para las democracias.

Todos los días los medios de comunicación publican en lugar preferente algún artículo que hace referencia a estas cuestiones. Algunos para combatir la tecno-tendencia que avanza imparable. Hace unas semanas, Adela Cortina publicó un artículo bajo el título ‘Ética digital’, en el que reclamaba unas orientaciones éticas comunes en materia de justicia en la era digital. En él destacaba lo siguiente:

“Afortunadamente, surgen propuestas en ese sentido, como la Declaración del Grupo de la Comisión Europea sobre Inteligencia Artificial, robótica y sistemas autónomos”

De todas formas, las señales para frenar esta deriva son muy débiles. Y abundan los signos que apuntan en un sentido contrario: por ejemplo los partidos políticos en España han aprobado recientemente una Ley de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales que les deja elaborar perfiles ideológicos de los ciudadanos, con información extraída de las redes sociales, lo que no es sino una versión digital de la fábula de la zorra y la gallina.

Hay más consecuencias de la globalización digital (de manera destacada, la crisis ecológica), pero con estas ya vemos la categoría de los asuntos que tenemos delante.

Las amenazas a las que nos enfrentamos son colosales y no basta para dar la batalla con unas frases cortas, sino que se requiere planificación y compromiso de ciudadanía con la época que nos ha tocado vivir y una intención clara de querer mejorarla.

Hoy se percibe un gran interés en presentar a las clases populares del país como perdedoras de la globalización (sin posibilidades de encontrar empleo), y a los inmigrantes como ganadores (protegidos porque son la mano de obra barata), en un intento por enfrentar a unos con otros. Por contra, el reciente Pacto Mundial sobre las Migraciones, suscrito por más de 150 países, es un ejemplo de que no podemos afrontar ese desafío nosotros solos: es necesario el acuerdo y un esfuerzo concertado.

En definitiva, ¿cómo afrontar estos retos?

Giovanni Peri, profesor de la Universidad de California, ha escrito artículos de investigación en los que relaciona el desarrollo tecnológico actual y la mano de obra que viene con la migración, y en los que llega a la conclusión de que los migrantes, que hoy trabajan en lo que nadie de nuestra sociedad acomodada quiere, podrían empujar a la población nativa hacia una mayor especialización y favorecer, de hecho, el aumento de oportunidades laborales para esta.

La perspectiva de Peri nos sitúa, además, en que las políticas antimigración para proteger a la población local no solo serían injustas, sino además equivocadas. Sus estudios muestran que la llegada de los inmigrantes tiene efectos positivos en las expectativas de empleo de grupos de trabajadores cuyo trabajo podría ser complementario con el de los inmigrantes, o de una mayor especialización.

Es hora de que los Estados, que han hecho hasta ahora caso omiso de las evidencias, vean que la integración de la parte de la población mundial que vive sin tener derechos es esencial para dar mayor dinamismo a nuestra economía y para llenar el déficit demográfico que se manifiesta en la falta de población económicamente activa en los países avanzados.

No debemos engañarnos: estos son temas complejos que plantean importantes cuestiones relacionadas con la solidaridad y la justicia social. Pero aunque vamos con retraso en este debate fundamental, estamos a tiempo de dar la batalla contra los efectos negativos de las llamadas nuevas tecnologías. Para ello, no hay más remedio posible que la negociación y la búsqueda de acuerdos, la reflexión y el análisis argumentado: la política.

Gaspar Llamazares Trigo y Miguel Souto Bayarri.


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