La hegemonía de Alemania
La Mirada de Jacinto Vaello

La hegemonía de Alemania

Alemania actúa respecto a la UE como potencia dominante, procurando que la estrategia y los intereses de las dos se confundan.
4 diciembre, 2018
Jacinto Vaello
  • Internacional

La Mirada deJacinto Vaello

La hegemonía de Alemania

Jacinto Vaello
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En noviembre de 2018 asistimos a una escalada de incidentes entre Rusia y Ucrania. Los relatos no retroceden en el tiempo porque nadie parece interesado en identificar a ciertos actores y algunas de las causas principales de las turbulencias en la región. Lo mismo sucede con otras cuantas situaciones extremas que ha vivido o está viviendo Europa en las últimas décadas.

Pese a la ocultación interesada, retrocediendo un poco en el tiempo y rehaciendo el camino encontramos a un actor omnipresente: Alemania.

¿Quién fue el primer instigador de la debacle y de los genocidios balcánicos? Alemania irrumpió en la antigua Yugoslavia como un elefante en una cacharrería, buscando reconstruir sus alianzas históricas con Croacia y aislando a la Serbia históricamente aliada de Rusia. El resultado, de esta intervención y de otras, todo hay que decirlo, fue la liquidación de la Yugoeslavia de Tito y un proceso de “balcanización” – nunca mejor dicho – que acarreó enfrentamientos armados, destrucción y genocidios.

El relato oficiosamente aceptado como válido recupera viejas historias de enfrentamientos seculares, guerras de religión, disputas territoriales, etc., pero lo cierto es que Tito mantuvo la unidad por encima de las diferencias y, a su muerte y tras la caída del muro, Alemania aprovechó para intentar pescar a río revuelto.

Alemania entró en Grecia a salvar a su banca y dar una advertencia a los díscolos en economía.

¿Quién estaba metido hasta las orejas en la Grecia que fue aislada y aplastada en los primeros tiempos tras el estallido de la economía occidental en 2007-2008? Casualmente, otra vez Alemania, cuya intervención tuvo como primerísima motivación el salvamento de su banca, que había arriesgado más allá de cualquier límite razonable en sus negocios financieros con Grecia (como la de Francia, por cierto).

De paso, el estacazo a Grecia fue utilizado con un doble fin: advertencia a cualquier díscolo frente a la ortodoxia neoliberal y justificación para el rescate de una economía con mayores riesgos que la griega: la española. Esto sí se recuerda vagamente cuando se habla de la deriva anti-democrática de la UE y cuando se alude a la pérdida de sus objetivos fundacionales: nada de bienestar compartido o de objetivos de igualdad, todo a favor de los grandes intereses financieros.

Y llegamos a Ucrania. ¿De dónde partió el apoyo a la movilización anti-régimen en Ucrania? Pues vino desde el oeste. ¿Por qué? Por el interés del gran capital alemán de quedarse con los negocios y el mercado ucranianos, comiéndole el terreno al eterno rival, Rusia. Pero sin cerrar la operación del todo, lo que ha motivado algo que seguramente estaba en la cabeza de los estrategas alemanes desde el principio: la partición de Ucrania; el este para ti, el oeste para mí.

¿Ucrania planta cara a Rusia? No mientras no interese a Alemania.

Por eso hemos podido constatar que, salvo algunas breves apreciaciones críticas sin intención de ofender, la anexión de Crimea y el separatismo en la cuenca del Don no han merecido réplicas agresivas desde Occidente, en particular desde Alemania. Consagrada la partición de Ucrania, finalmente acorde con la correlación de fuerzas en la región, que hacía imposible el sometimiento de todo el país a la dominación germana, lo demás son ocasionales fuegos de artificio alrededor de un hecho consumado: Rusia controla Crimea y consolida su hegemonía en el mar de Azov y en los movimientos entre éste y el Mar Negro, para lo cual le es muy útil hacer demostraciones de fuerza en el estrecho de Kerch. ¿Ucrania planta cara de verdad ante esta escalada? Pues no, mientras tal cosa no interese a Alemania, aunque no dejará de hacer gestos para mantener su autoestima.

¿Alguna posibilidad de revertir la política económica neoliberal impuesta por la Unión Europea y que nos ahoga a casi todos? No, mientras Alemania no sufra las perturbaciones internas derivadas del empobrecimiento que ya afecta a una parte significativa de su población. Mientras el pueblo alemán no proteste seriamente y cuestione a sus sucesivos gobiernos, todos seguiremos sufriendo los rigores de una política que solo interesa al gran capital financiero, a comenzar por el de Alemania.

En la UE hace tiempo que se dejó atrás el consenso, sustituido por la imposición. Si dependemos de que el pueblo alemán se movilice, tenemos para años. Hay un único remedio para superar una situación que se parece cada vez más a un impasse histórico: que una movilización supra-nacional europea vaya mostrando a los alemanes la existencia de otro camino que también para ellos puede resultar beneficioso. Y no sé si además habría que estar de acuerdo con Rafael Poch (“Un semáforo francés en ámbar“, en ctxt.es) cuando dice que “Si en Francia no pasa nada, entonces, no pasará nada fundamental de signo liberador y progresista a medio plazo en Europa”.


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