La inflación del odio
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

La inflación del odio

La inflación del odio en redes sociales genera un clima que favorece que otras personas de carne y hueso se sumen a un salto de violencia verbal.
8 enero, 2019
Hugo Martínez Abarca
  • Redes sociales

La Mirada deHugo Martínez Abarca

La inflación del odio

Hugo Martínez Abarca
Compartir

Cualquier usuario de redes sociales que tenga un perfil mínimamente público habrá observado en los últimos meses la enorme virulencia de muchísimos usuarios que responden con agresividad a cualquier mensaje progresista, feminista o en general demócrata. En principio podía generar una falsa impresión de que España se estuviera fanatizando rápidamente y una consecuencia de ello fuera el auge del fanatismo en Twitter, por ejemplo. Pero no es así: cualquier hilo con muchas respuestas de ese tenor ofrece cientos de usuarios evidentemente falsos creados en poquísimo tiempo. Son usuarios de nombres hasta ahora poco elaborados (tipo @Jesus10286715, por ejemplo) y creados todos en los últimos meses de 2018 o incluso algunos en estos primeros días de 2019.

Es, evidentemente, un ejército de usuarios falsos detrás de los cuales no hay seres humanos físicos sino alguien con dinero suficiente como para crear y sostener esos miles de usuarios falsos. No sólo se dedican a insultar y a veces amenazar a los enemigos de quien financie esos usuarios sino que también retuitean constantemente mensajes de Vox y de su Jefe. Si yo fuera dirigente de Vox pondría una denuncia porque la red de usuarios falsos parece claramente estar creada por ellos. Salvo que efectivamente esté creada por Vox o por alguien con mucho dinero que quiera favorecer a Vox.

Esta red artificial para inflamar el odio tiene sus consecuencias. Una primera, probablemente la más inocente, es la generación de ese falso clima de crecimiento cuantitativo del fanatismo ultra:

No hay más personas fanáticas, lo que hay es dinero para que parezca que las hay.

Pero ello genera una segunda consecuencia: nos cohíbe a quienes de repente vemos que es extremadamente polémico lo que hace un par de meses era sentido común (por ejemplo: que los violadores son hombres y las violadas son mujeres y que eso no es una generalización injusta ni nos sitúa en ninguna indefensión -todo lo contrario- a los hombres que no somos criminales); otros pueden cohibirse directamente por la incomodidad que genera ese alud de insensateces fanáticas que acompañarán a nuestra libre expresión de cualquier opinión. Es decir, una consecuencia práctica de estos usuarios falsos que alguien está pagando es el miedo a expresarse libremente de los demócratas.

En el otro lado está la tercera consecuencia: esta inflación del odio genera un clima que favorece que otras personas, esta vez de carne y hueso y con más agresividad que seso, se sumen a ese salto de violencia verbal. Si ese falso @Jesus10286715 podía decirle a alguien que estaría mejor fusilado, un imbécil con nombre y apellidos puede asegurar que no se quién tiene un buen tiro en la nuca. O los responsables de comunicación del Partido Popular pueden dar un salto más en la expansión del fanatismo de estas últimas semanas y pensar que ya forma parte de la normalidad tuitear un chiste en el que un niño pide a los Reyes Magos la muerte de Pedro Sánchez. El clima de odio artificial genera una naturalización del odio.

Y ahí está el principal riesgo, porque el salto de la creación de esa red de usuarios falsos para propagar el odio y el fanatismo a esas tres primeras consecuencias se ha producido en apenas unas semanas. Así que es previsible que del mismo modo que algunos imbéciles ya han pasado a ser ellos quienes pongan palabras al insulto, la amenaza y la llamada a la violencia física, no hay ninguna razón para descartar que en algún momento se produzca una cuarta consecuencia: que ese clima salte de la red a la vida real y una persona física entienda que ya es normal agredir físicamente a alguien por ser feminista, LGTB, progresista…

Hace unos días puse un par de denuncias por amenazas de este tipo; y si una persona básicamente desconocida como yo está recibiéndolas no quiero imaginar qué estarán haciendo contra gente más conocida. Porque creo que o paramos de raíz esta escalada que están generando (y financiando) los ultras o pronto las consecuencias van a ser muy serias. Si con la primera de esas denuncias se encuentra quién está detrás de esos usuarios falsos, habrá valido la pena el trago. Pero no debemos tolerarlo. En ningún caso. No podemos amedrentarnos y dejar de defender valores democráticos, la libertad y la igualdad porque vayamos a recibir esos insultos financiados. Ni podemos tolerar esa falsificación de la opinión pública que pretende incendiar el país como está incendiando otros países, acaso con el mismo dinero, seguro con los mismos cerebros.

Ese incendio fanático contra todos los avances que ha protagonizado España en las últimas décadas es peligrosísimo y es nuestra responsabilidad no tolerarlo. Cada paso atrás que demos es un paso adelante que da el fanatismo.

 


Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acepto la política de privacidad