Llámame cuando llegues para quedarme tranquila
La Mirada de Kowai Nana

Llámame cuando llegues para quedarme tranquila

"No quiero sentirme valiente cuando voy por la calle, quiero sentirme libre"
7 febrero, 2019
Kowai Nana
  • Igualdad

La Mirada deKowai Nana

Llámame cuando llegues para quedarme tranquila

Kowai Nana
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«Llámame cuando llegues», «mándame un mensaje», «lleva un spray de pimienta en el bolso», «lleva las llaves en los nudillos por si acaso», «no vayas por callejuelas», «intenta ir cerca de un grupo de mujeres», «enciende todas las luces del rellano», «cierra la puerta del portal cuando entres».

Estas son alguna de las frases que más se repiten en el día a día de las mujeres cuando vamos solas de noche. Da igual nuestro destino, da igual por la calle que vayamos, da igual la hora que sea. Raro es el día en el que alguien de nuestro entorno como nuestros padres, amigos o pareja, no nos lo repitan una y otra vez.

El otro día una amiga aparcó lejos de su casa el coche de noche. Me preguntó si podía llamarme hasta llegar al portal porque le daba miedo. Y es que muchas veces tenemos miedo. Y no un miedo infundado, no puede ser que todas las mujeres del planeta seamos unas paranoicas (que ya veo venir algunos comentarios). Lo vemos en las noticias, lo vivimos en nuestro grupo de amigos, lo leemos en Twitter. Diariamente.

Cuando paso por mi casa suelo llegar por la noche. Tan sólo hay 10 minutos andando del Cercanías a mi casa y no es precisamente una mala zona. Pero muchas veces cuando no hay ni un alma por la calle le doy a las piernas, agarro las llaves y voy todo lo rápido que puedo.  No se quién puede estar detrás de la esquina, quién va detrás mía o con quién me puedo encontrar en el portal, y esto me hace sentirme insegura y en estado de alarma.

Y cuando por fin llego a casa, cierro la puerta y respiro, me cabrea… Me cabrea vivir con miedo

Y no soy solo yo. Según la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea casi una de cada dos mujeres de nacional española reconoció evitar ciertos lugares o situaciones por miedo a abusos físicos y sexuales.

Cuando vivía en Granada de vuelta a casa, un hombre que iba con una bicicleta en la acera paralela me siguió durante un buen rato masturbándose mientras andaba y me miraba. Sin decir palabra, simplemente mirándome.

A mi madre la persiguió un hombre en el portal de su casa con el pene fuera 9 pisos por las escaleras mientras le gritaba «puta, malnacida, te voy a destrozar». Y no, ningún vecino salió en su ayuda. Pero seguro que más de uno miró por la mirilla.

Este mismo verano, sobre las 10 de la noche en el metro de Madrid, un tipo agarró del brazo a una amiga cuando se estaba levantando del asiento y le dijo: «a dónde te crees que vas guapa». En cuanto se abrieron las puertas le pegó una patada y salió corriendo. Nadie de los presentes hizo nada por ayudarla, por cierto.

Otra amiga iba caminando por Málaga con otra chica, cuando un hombre se puso entre medias y con una mano en cada una les agarró el culo, riéndose y siguiendo tan tranquilo su camino. A plena luz del día en una de las calles más transitadas de esa ciudad.

Nos ha pasado a casi todas. Nos pasa en cualquier parte. No somos unas paranoicas ‘feminazis’.

Por suerte muchas personas denunciamos cada vez más la falta de empatía de la sociedad con los abusos que nos vemos obligadas a vivir en las calles y en otros espacios públicos, como en bares o incluso en el metro. Pero lo más fragrante de esto es que el acoso callejero como tal no existe en el código penal, pero con los actos con los que se lleva a cabo se violan 6 artículos de los Derechos Humanos, 7 de la Constitución Española o la Ley de Igualdad de 2007, entre otros.

¿Lo duro además de todo el asunto? Vivir con este miedo, pasar por esas situaciones y que en pleno siglo XXI haya personas que te sigan echando la culpa o le quiten hierro al asunto. «Oh, qué mala suerte, ha sido un accidente puntual por encontrarte con un loco», «es que quién te manda ir sola a esas horas», «la culpa es tuya que ibas provocando». Por favor, para decirnos eso no digáis nada.

Y para cerrar, antes de recibir el comentario de que a los hombres también les puede pasar y se les puede agredir por la calle, me adelanto para decir que por supuesto. Pero no por ser de un género en concreto, porque gente agresiva hay en todos lados. Es importante aplicar una perspectiva de género en estos casos, ya que no es lo mismo que te puedan atacar, violar o incluso matar por ser mujer a que te agredan por ser un ciudadano que va tan tranquilo por la calle.

Porque en algún momento hay que dejar de decirle a los hombres «pásalo bien esta noche» y a las mujeres «ten cuidado, llámame cuando llegues».


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