Midiendo a las personas por sus likes
La Mirada de Kowai Nana

Midiendo a las personas por sus likes

Ha llegado un punto en el que somos capaces de cambiar nuestros comportamientos y pensamientos ante los demás con el objetivo de conseguir más seguidores.
18 enero, 2019
Kowai Nana
Fotograma del capítulo "Caída en picado" de Black Mirror.
  • Redes sociales

La Mirada deKowai Nana

Midiendo a las personas por sus likes

Kowai Nana
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Hay un capítulo de la serie Black Mirror que no se me va de la cabeza desde que lo vi. Se trata del primer episodio de la tercera temporada: «Caída en picado». La premisa es simple, una sociedad obsesionada con las puntuaciones en la que las personas pueden calificar y ser calificadas de una a cinco estrellas en cada interacción social que realicen. Cuantas más estrellas más status social tienes y si no tienes valoración suficiente te conviertes automáticamente en una paria social.

Me puso los pelos de punta. No por la dureza del guion, ni por las interpretaciones o el desenlace, sino porque la serie habla de un futuro distópico, y en este caso el futuro es el presente.

En una era en la que vivimos obsesionados con las redes sociales el panorama que se nos muestra no es disparatado. Siendo conscientes de ello, nos creamos la necesidad de ser aceptados virtualmente. Todos, de un modo u otro, promovemos este sistema y somos víctimas de esa sensación que te dice que lo que menos importa es tu humanidad, siempre y cuando cumplas unos estándares mínimos de belleza, de moda, de gustos y un largo etcétera.

¿Hasta qué punto vivimos pendiente de las valoraciones que recibimos en nuestras redes sociales?

Habiendo sido esa mi profesión principal durante algunos años y con tantos «competidores» alrededor, yo misma me he visto obligada a subir contenido que no me gustaba a mis redes sociales, fotos totalmente narcisistas por un puñado de likes. Sientes la necesidad de destacar, de agradar a personas a través de una pantalla y a la vez, disfrutas recibiendo comentarios bonitos. Y cuando te quieres dar cuenta, eres adicto a la aprobación de los demás y te modificas por dentro y por fuera para seguir agradando.

Ha llegado un punto en el que somos capaces de cambiar nuestros comportamientos y pensamientos ante los demás con el objetivo de conseguir más seguidores; de tardar media hora en escribir un texto porque medimos al milímetro nuestras palabras, de poner mil filtros a una foto, que ya era bonita, por no terminar de vernos bien y perseguir la perfección. Una perfección irreal.

He conocido a mucha gente por Internet y cuando los he visto en persona parecían ser totalmente distintos a lo que mostraban. Y ojo, en la mayoría de los casos la realidad era mucho más agradable que la imagen o el «personaje». Incuso algunos de mis seguidores al conocerme en persona me han dicho: «anda, te imaginaba de otra manera, eres mucho más cercana y real en persona». Y eso acojona.

Conforme pasa el tiempo sacas con más frecuencia el móvil para chequear tus redes. Recargas la imagen para ver cuántos me gusta tiene. Y si esos likes y comentarios no llegan a la cifra que esperabas empiezas a sentirte mal y sientes frustración. El hecho de sentirnos expuestos de forma continuada puede desarrollar la necesidad de llevar una vida ‘real’ falseada y basada en la apariencia. Nuestros seguidores reciben una imagen distorsionada y alejada de la realidad, esa que luego tanto criticamos.

¿Realmente somos más felices al tener más followers?

La respuesta es clara: no. O más bien: no deberíamos.

Considero radical proponer dejar de utilizar las redes sociales como solución a todo esto, entre otras cosas porque también tienen muchos puntos a favor y nos pueden ser de gran utilidad. Pero una de las claves es volver a la base, volver a publicar cosas que de verdad nos gusten por el mero hecho de compartirlas con nuestros conocidos. Tener claro que una de las finalidades de estas apps es comunicar, contar algo a través de un texto, de una imagen, de un corto video sin la necesidad de atraer mediante una mentira a gente que llenar un vacío de popularidad interior.

Pero si todo eso falla, la mejor solución para evitar caer en el narcisismo digital será desaparecer de ellas. Porque como decía Tom Wolfe: “La sanación más segura para la vanidad es la soledad”.


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