Nuestros cinturones sanitarios
La Mirada de Ricardo Royo-Villanova

Nuestros cinturones sanitarios

Tenemos que responder a los bulos que nos llegan de manera clara y sencilla, dejando claro lo que son: mentiras, prejuicios utilizados por los fascistas para adormecer nuestras conciencias y robarnos el voto.
14 enero, 2019
Ricardo Royo-Villanova
  • Redes sociales

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Nuestros cinturones sanitarios

Ricardo Royo-Villanova
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La verdad es que no lo sé medir, y probablemente, en el mundo que llamamos real –como si las redes no fueran parte de la realidad-, no esté tan extendido como en internet, pero hay una preocupante presencia de personas en las redes, en especial en twitter, que tienden a justificar ataques y acosos violentos contra los militantes de Vox. No voy a argumentar que es moralmente reprobable el uso de la violencia como herramienta política, sencillamente porque creo que no hace falta, y además, porque no me da la gana de argumentar lo obvio, pero sí voy a señalar que me parece que es tremendamente contraproducente.

Que Vox es una formación de extrema derecha, que es el fascismo adaptado a los modos y usos políticos del siglo actual es algo indiscutible. Y el fascismo no tiene cortapisas morales y no duda, cuando lo consideran necesario o útil, en usar la violencia contra sus adversarios. No hay más que ver la violencia verbal, gestual y cultural con la que se desenvuelven en la política cotidiana, en sus intervenciones en los medios de comunicación, para darse cuenta de que la violencia física es para ellos una herramienta más, y que cuando la precisen, la usarán. Ese es un terreno en el que nos ganan. Por lo tanto no es ni moral, ni útil ni inteligente usar la violencia contra ellos.

Lo que sí debemos hacer, de forma sistemática, constante y atenta es trazar cinturones sanitarios. Los cinturones sanitarios no son sólo aquellos que conforman los dirigentes de los partidos democráticos apoyándose entre ellos cuando en circunstancias normales competirían, con el objetivo de evitar que los fascistas consigan cotas el poder institucional. Eso es necesario, sin duda, aunque en España no termina de hacerse. No debemos olvidar la derecha española actual es la evolución del fascismo que asoló durante casi cuatro décadas nuestro país, cuando en el resto de Europa, el fascismo había sido expulsado a tiros, y allí la derecha parte de la base común del antifascismo.

Aquí, el PP e importantes sectores de Ciudadanos no entienden por qué, si los números dan, no deben pactar con el fascismo para gobernar nuestras instituciones.

Por eso, y por el protagonismo que están tomando las redes sociales, y en  especial nuestros teléfonos llamados inteligentes, en la difusión de los contravalores fascistas y sus bulos (tenemos en español esa bella palabra, así que para qué usar el feo y cursi fake news) es preciso que nosotros, la ciudadanía, tracemos también nuestros propios cinturones sanitarios para evitar que calen y se difundan los bulos que circulan de teléfono en teléfono, de ordenador en ordenador, de cabeza en cabeza…

Todos estamos en mil grupos de whatsapp, de Telegram, nos relacionamos con nuestras amistades y familiares por Facebook, y recibimos constantemente memes machistas o racistas que vienen a apuntalar los prejuicios y las falsedades sobre los que se sostiene Vox. Memes que no necesariamente difunden sólo militantes o votantes de Vox, sino que muchas veces nos llegan de personas que no les han votado, ni les van a votar. Ahí es cuando son más peligrosos. Tenemos que responder a esos memes, y de manera clara y sencilla, dejar claro lo que son: mentiras, bulos, falsedades, prejuicios utilizados por los fascistas para adormecer nuestras conciencias y robarnos el voto.

No se trata de enemistarnos con nuestros parientes y amigos; se trata, simplemente, de exponer con argumentos y de forma amistosa que lo que están difundiendo no es verdad, que son mentiras interesadas, y que además, hacen daño a mucha gente real y contribuyen a incrementar el apoyo a partidos que, como Vox, se alimentan de que el desconocimiento de la realidad se extienda. Lo que debemos hacer es no dejar pasar uno de esos memes. Ni uno. Aunque nos convirtamos en el pesado o la pesada de cada grupo. Hay que rebatirlos todos. No es tan difícil, están obsesionados con dos temas: la violencia de género y la inmigración. Basta con tener unos cuantos datos reales a mano y usarlos cuando nos llegan los memes.

Y por otro lado, hay que evitar entrar en debates por que en toda una sarta de mentiras haya una verdad a medias o un dato real. No hay que matizar nada. Simplemente hay que poner en evidencia que lo que dicen esos memes refleja una mentira de base, aunque puedan usar un dato real descontextualizado o un argumento que, de primeras, parezca razonable, para imponerla.

Tracemos nosotros también nuestros cinturones sanitarios en torno al fascismo, al fascismo cotidiano, para que, esta vez, no pasen.


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