Pablo Casado o el hombre renacentista
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

Pablo Casado o el hombre renacentista

El saber enciclopédico del hombre renacentista ha vuelto con el líder del PP, que le quiere explicar a las mujeres embarazadas qué hay en su útero
27 febrero, 2019
Hugo Martínez Abarca
Pablo Casado, en la Convención Nacional en Sevilla 2018 del Partido Popular. Foto: PP (Flickr).
  • Política

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Pablo Casado o el hombre renacentista

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Pablo Casado le quiere explicar a las mujeres embarazadas qué hay en su útero. Porque él sabe que un feto de 14 semanas es una vida autónoma. Probablemente quería decir viable aunque también fuera mentira; porque si hablaba de vida autónoma tendría que defender el derecho a voto de los fetos trimesinos en tanto que humanos autónomos: y el PP todavía no acepta el derecho al voto de los humanos de 16 años porque no son suficientemente autónomos. Quizás porque la autonomía es de ida y vuelta, como saben los constitucionalistas defensores del 155.

Las mujeres embarazadas no tienen ni puta idea de lo que hay en su cuerpo y por eso abortan como por vicio. Pero cuando Pablo Casado les explique que a las 14 semanas de gestación los sujetos autónomos que habitan su útero ya pueden cotizar y hacer viable nuestro sistema de pensiones va a cambiar la cosa.

El saber enciclopédico del hombre renacentista ha vuelto con Pablo Casado. El hombre que se sacó la mitad de la licenciatura de Derecho en cuatro meses (¡chúpate esa Hans Kelsen!) y un máster con un 100% de sobresalientes y un 0% de trabajo; el líder que tan pronto te explica la autonomía de lo que hay en el útero de las mujeres embarazadas porque él vio muchas ecografías (una ecografía más y le convalidan medicina) como te cuenta el potencial de la computación cuántica en la lucha contra el cambio climático.

Este Leonardo da Vinci del siglo XXI se une a Albert Rivera, otro intelectual sincero y riguroso que recomienda leer a Kant, un tipo cuyos libros son tan absorventes que hacen olvidar el título.

“Probablemente sea más respetuoso referirse a los Casado, los Rivera… como “hombres renacentistas” “.

Antes de que desgastáramos la expresión, “cuñado” designaba al imbécil que no sabe de nada pero da lecciones de todo. Probablemente sea más respetuoso referirse a los Casado, los Rivera… como “hombres renacentistas”, calificación que debería generar consensos: quienes hagan como que creen que efectivamente se licenció en Derecho en medio año, que realmente hizo un máster sobresaliente y presencial mientras ejercía de diputado y que no muestra sus trabajos por pudor intelectual, que cuando habla de la autonomía del feto de 14 semanas sabe de lo que habla, que cuando habla de computación cuántica sabe qué coño está diciendo… deben de simular también una profunda admitación intelectual por un hombre cultivado en saberes universales; y quienes no tengamos que simular que no son unos zoquetes podemos mofarnos de su continua impostura tranquilamente.

La expresión “hombre renacentista” para estos sujetos tiene, además, la virtud, de no precisar de lenguaje inclusivo porque estas imposturas se nos aparecen sólo en hombres. No ha sucedido todavía que una mujer haga tanto el ridículo simulando saberes que le pillan tan alejados.

¿Qué necesidad, qué complejo intelectual, lleva a gente como Casado o Rivera a meterse en jardines que los exceden tanto? La infinita mayoría de la gente no ha leído a Kant y no pasa absolutamente nada; se puede ser un tipo brillante sin licenciatura alguna, sin máster ni gaitas. Sólo un profundo complejo de ignorancia e idiotez puede llevar a algunos jetas a hablar desde una impostada atalaya intelectual que es innecesaria.

“Suárez, Zapatero o Rajoy nunca trataron de exhibir cualidades intelectuales desmesuradas”.

Quizás fue Aznar el primero en decidir que había que simular ser un intelectual (de la mano de su mens sana in corpore abdominalo). Otros, seguro que más inteligentes, no han necesitado simular nada: Suárez, Zapatero o Rajoy nunca trataron de exhibir cualidades intelectuales desmesuradas, probablemente porque nunca tuvieron complejo alguno.

Estaría bien que los dirigentes políticos leyeran, estudiaran, adquirieran mimbres para pensar mejor. Estaría bien porque lo harían mejor, porque forma parte de las obligaciones de la actividad pública. No se trata de recomendar a Kant, se trata de leer un libro inteligente, de saber un poquito más que lo que se dice. Si fueran más inteligentes, si estudiaran más, si tuvieran menos complejos… igual nos dictarían menos qué tenemos que pensar. Si Casado supiera más sobre gestación, seguramente daría menos lecciones y más libertad a las mujeres embarazadas. No necesitamos políticos filósofos. Pero necesitamos aún menos impostores intelectuales.


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