¿Qué es la ‘uberización’ de la que hablan los taxistas?
La Mirada de Marcelo Castro

¿Qué es la ‘uberización’ de la que hablan los taxistas?

Si las multinacionales monopolizan el sector, ¿quién les va a impedir fijar las reglas, las carreras y las relaciones laborales mientras evaden impuestos en paraísos fiscales?
6 febrero, 2019
Marcelo Castro
  • Economía

La Mirada deMarcelo Castro

¿Qué es la ‘uberización’ de la que hablan los taxistas?

Marcelo Castro
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La tecnología y la sociedad corren más rápido que la legislación laboral, lo cual evidencia la falta de marcos legales para regular las competencias comunes. Frente a esto se enmarca la llamada uberización de la economía, esa palabra que empieza a sonar estos días en los medios de comunicación, pero que los economistas llevamos años utilizando. La uberización es, esencialmente, un cambio en el modelo productivo, concretamente un cambio lesivo para los servicios públicos:

Los taxistas han sabido ponerlo en el punto de mira. Frente al trabajo reglado y el servicio público del taxi emergen las empresas por todos conocidas: Uber y Cabify, dos multinacionales de transporte urbano. Bajo el camuflaje de la mal llamada “economía colaborativa”, nuestras dos protagonistas promueven un modelo de trabajo desregularizado con un objetivo: monopolizar sectores estratégicos del mercado -normalmente mediante competencia desleal-, liberalizar el Estado del Bienestar y extraer la riqueza del país en el que operan. Además de poner en riesgo un servicio público como el taxi, sus consecuencias inmediatas suponen una inherente falta de libertad.

“Los precios pueden ser bajos en un primer momento, pero una vez se apoderan del mercado suben, ya que no queda nadie para competir por ellos”.

“¿Pero cómo es eso posible? El ciudadano tiene que ser ‘libre de elegir’ entre taxi o VTC”. Este argumento, esgrimido por los defensores de Uber y Cabify, oculta que quienes gozan de más “libertad” son las empresas privadas, esas que pueden inflar o desinflar sus tarifas a conveniencia tal y como se ha visto estos días en Madrid, mientras los taxis estaban en huelga. Si precisamente las multinacionales monopolizan el sector, ¿quién les va a impedir fijar las reglas, las carreras y las relaciones laborales mientras evaden impuestos en paraísos fiscales? No el Estado, desde luego.

Por otro lado, es mentira que esta falsa “competencia” entre taxi y VTC favorezca a los usuarios, al menos a la larga. Las multinacionales existen única y exclusivamente para tratar de crear un monopolio comercial, en este caso en el transporte urbano: los precios de estas empresas pueden ser bajos en un primer momento, pero una vez se apoderan del mercado suben, ya que no queda nadie para competir por ellos. Pero no se trata solo de dinero: la lista de problemas que generan para la ciudad van desde la contaminación -con una flota de vehículos sin regulación específica- hasta la precariedad, donde los bajos sueldos y la falta de derechos de los trabajadores se naturalizan.

Ejemplos por el mundo

Madrid y Barcelona no han sido las únicas en enfrentarse al monstruo transnacional. La guerra entre el taxi y las VTC lleva años perpetrándose en algunas de las principales ciudades de Occidente, y la empresa privada va ganando.

En San Francisco la flota de taxis -unos 4.800- ha quedado reducida a la mínima expresión por Uber y Lyft, que cuentan con más de 45.000 vehículos cobrando la carrera al doble de precio; en un solo año de competencia, en Sao Paulo los VTC ya superaban a los taxis, lo mismo en otras ciudades como Johannesburgo o Nueva york, donde actualmente los coches de las multinacionales son diez veces más que los taxis públicos.

Volviendo a España, no hace falta entrar en el debate sobre la relación de Uber y Cabify con fondos buitre y grupos de inversión de dudosa procedencia, ya de por sí su pugna con los taxistas pone en evidencia los actuales problemas a los que se enfrenta el sector del transporte: regular allá donde el gran capital se aprovecha de las nuevas tecnologías para agujerear el control político de los servicios públicos, todo ello bajo el marco de la elusión de impuestos y la precariedad.


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