¡Qué tonto el pueblo!
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

¡Qué tonto el pueblo!

Theresa May y el Parlamento desmienten que el problema del Brexit fuera el referéndum
1 abril, 2019
Hugo Martínez Abarca
El Parlamento Británico (Fuente: Twitter)
  • Europa

La Mirada deHugo Martínez Abarca

¡Qué tonto el pueblo!

Hugo Martínez Abarca
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Cuando el pueblo británico votó la consulta del Brexit para mucha gente fue la demostración de que hay asuntos que no se pueden dejar en manos de la masa, porque la masa no tiene ni puta idea, es influenciable y acaba cometiendo disparates como fue el caso. El referéndum del Brexit venía a apoyar la vieja idea conservadora que expresó Giovani Sartori así: cuando a uno se le estropea el grifo, no lo arregla directamente sin saber sino que escoge a un buen fontanero; y si no lo hace bien, cambia de fontanero. Algo así debería ser la democracia: la elección de unos buenos profesionales especializados en política que nos arreglen los problemas.

Al menos no rechazaban que escogiéramos a los fontaneros: era una versión conservadora de la democracia representativa. Porque en los mismos años en los que los británicos votaban a favor de salir de la Unión Europea, los estadounidenses votaban a Donald Trump, los italianos votaban a Salvini y los franceses votaban a Marine Le Pen. Aquello no eran ciudadanos haciendo lo que no sabían, sino clientes eligiendo a fontaneros, como demandaban los críticos de los instrumentos democráticos más participativos. Y se habían equivocado tanto (y con consecuencias no menos graves) como los ciudadanos británicos intentando arreglar directamente sus tuberías.

En los últimos meses el Gobierno y el Parlamento británico (los fontaneros profesionales) han dado un espectáculo bochornoso. Se han negado a los acuerdos de Brexit posibles, a hacer un Brexit sin acuerdo, a preguntar a los británicos si en estas condiciones (no previstas cuando el referéndum) quieren mantener el Brexit y tampoco han sido capaces de encontrar soluciones creativas que escapen del callejón sin salida. El colapso político y económico al que parece condenado el Reino Unido (si es que permanece unido) es digno de estudio: pero en el estudio los más incapaces no serán en ningún caso los ciudadanos británicos que tomaron una decisión legítima (creo que profundamente equivocada) pero a los que sus fontaneros profesionales tienen pocas lecciones que darles.

«Alejar las decisiones claves de la ciudadanía y concentrarlas en pocas manos no reduce el número (ni la gravedad) de los errores».

Que vivimos en una profunda crisis de la democracia es evidente. Florecen alternativas anti democráticas y no son pocos los partidos supuestamente demócratas que dicen combatirlas mimetizándose. Eso arrastra a todos: un demócrata no es aquel que dice que el pueblo nunca se equivoca sino aquel que sabe que el pueblo es quien tiene derecho a equivocarse. Pero en los últimos años llevamos muchas experiencias que demuestran que alejar las decisiones claves de la ciudadanía y concentrarlas en pocas manos no reduce el número (ni la gravedad) de los errores. Y no son pocos los ejemplos de mecanismos participativos que dan a luz propuestas que nunca habían pensado los políticos profesionales (es difícil que un madrileño no encuentre una iniciativa que haya mejorado su barrio y haya sido fruto de los presupuestos participativos, de los foros locales, etc).

Obviamente vivimos en democracias complejas, tenemos poco tiempo para ejercer la ciudadanía y las decisiones colectivas a adoptar son numerosas y a veces trabajosas. Frente a los avances democráticos los conservadores  siempre han caricaturizado toda propuesta como si estuviéramos proponiendo la vuelta a (una caricatura de) el ágora ateniense. Más allá de esas caricaturas absurdas de los avances democráticos, quienes usaron el Brexit para despreciar todo acercamiento de las decisiones políticas al demos tendrán que reconocer estos días que su deseado alejamiento aristocrático tampoco ha funcionado del todo bien.

 


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