(Qué) Votar el 28 de abril
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

(Qué) Votar el 28 de abril

El 28A votar será un acto de legítima defensa. Ninguno de los partidos que se presentan merece un cheque en blanco pero necesitamos un gobierno progresista.
22 abril, 2019
Hugo Martínez Abarca
La confianza y la abstención es la gran esperanza del bloque de las derechas
  • Elecciones nacionales

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(Qué) Votar el 28 de abril

Hugo Martínez Abarca
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Las elecciones del 28 de abril (como las del 26 de mayo) son elecciones en las que votar en legítima defensa. No sólo se juega qué gobierno queremos sino si queremos descender a la España que tira cabras desde el campanario (que es el pequeño rincón de una España casi inexistente a la que se dirige la folclórica campaña de nuestras derechas) o si avanzar en una España moderna, democrática, trabajadora, decente y liberal que, con todos sus matices y sus benditas diversidades, es absolutamente mayoritaria. Por primera vez en mi vida mi voto en unas generales no pretenderá mucho más que mantener un rumbo correcto, que no es poco.

Todas las encuestas recogen una evidencia fundamental para decidir el voto. Va a ganar el PSOE con una distancia considerable sobre el segundo y gobernará con mayor o menor necesidad de aliados. Salvo que haya un inmenso momento andaluz y cientos de miles de personas confiadas o disgustadas decidan no ir a votar. Descarto pues, por completo, abstenerme y por tanto también votar una candidatura marginal que no vaya a obtener representación pues ambas opciones acercan ese terrible retorno al pasado en blanco y negro.

Hemos tenido ya muchos gobiernos del PSOE que no han dependido de alianzas y siempre han sido frustrantes para el electorado progresista

Una vez decidido que votaré, toca decidir qué voto. Y de nuevo miro a las encuestas. Entre los posibles gobiernos,  parece obvio, quiero un gobierno progresista que permita avanzar en derechos humanos: derechos sociales, medioambientales, libertades, memoria democrática… que hagan una España mejor, más habitable, más justa y más moderna. Los partidos que se presentan en Madrid, tienen posibilidad de obtener diputados y deberían apoyar un gobierno progresista son dos: PSOE y Podemos

El PSOE va a ganar las elecciones y la tendencia suicida de PP y Cs hace que, como aseguró Pedro Sánchez, sea cada vez más posible un gobierno del PSOE sin apenas control de otros partidos. Esa posibilidad no resulta seductora en absoluto. Hemos tenido ya muchos gobiernos del PSOE que no han dependido de alianzas y siempre han sido frustrantes para el electorado progresista. Pero además, si algo ha demostrado Pedro Sánchez es la flexibilidad de su posición política. Ganó su primera secretaría general del PSOE apoyado en Susana Díaz y los sectores más conservadores del partido frente a un Eduardo Madina que en aquella ocasión se ubicó en la izquierda escénica del PSOE. De ganar Pedro Sánchez las elecciones con cierta comodidad, no me cabe ninguna duda de que recuperaría esa tendencia inexorable del PSOE a defraudar a sus electores, ya fuera en solitario o en alianza formal o no con Ciudadanos.

Lo que estamos decidiendo no es si gobernará el Podemos acaudillado por Pablo Iglesias sino si el PSOE tendrá que apoyarse en Podemos. Y ahí sí hay experiencia y ha sido muy positiva.

Queda, por tanto, el Podemos acaudillado por Pablo Iglesias. No hace falta que explique el escaso entusiasmo que me genera la actual dirección de Podemos (convertida en sinónimo de “el actual Podemos”, dada su gestión de la “diversidad”). Hace tiempo que desapareció la inteligencia y astucia política inicial (junto con la mayoría de aquellos astutos e inteligentes dirigentes) olvidando los acertados análisis de 2014 y 2015 sobre los errores de la izquierda que habían llevado a sus derrotas. Y, sobre todo, la dirección actual de Podemos ha demostrado una absoluta incoherencia entre su discurso y sus prácticas e incluso en el interior de su discurso. Estos dirigentes no han gobernado instituciones como para que podamos acusar contradicciones como las que el PSOE ha demostrado llevar en su ADN. Pero sí les hemos visto hacer un discurso sobre la resolución fraternal y dialogada de los conflictos políticos, la valentía de decir la verdad (bastaría en realidad con ser honesto cuando se habla) y hacerlo a la cara, sin cinismos ni portavoces extraños o, por ejemplo, la defensa del buen trato a los trabajadores y lo hemos podido comparar con aquello que sí han gobernado: su partido. Y, desgraciadamente, uno tampoco desearía que su país fuera gobernado con las pulsiones que han aplicado al gobierno de su partido.

Ocurre, volviendo a las encuestas, que lo que estamos decidiendo no es si va a ganar las elecciones Podemos, que en 2019 anda muy lejos de ello, sino dónde se va a tener que apoyar el gobierno. Y ahí sí tenemos cierta experiencia en estos años. Y es una experiencia, dentro de lo razonable, muy positiva.

En primer lugar, desde la moción de censura (que fue posible gracias a la inteligencia y la habilidad entre otros de Pablo Iglesias) Podemos ha demostrado entender la necesidad de construir con flexibilidad y generosidad un bloque de gobierno que huya de los recortes sociales, de la corrupción y avance en libertades, ecologismo y democracia. Con más timidez de la deseada, sin duda, pero sin el colapso como país al que nos conduce el PP y dando la mejor cara de España en una Europa acosada por los monstruos. 

La tragedia de este  Podemos es que se ha mostrado más útil como socio y corrector  hacia la izquierda del PSOE que como la opción de país que pudo ser. La ventaja electoral hoy para Podemos es que eso es lo que se juega ser y lo que hace recomendable votar a Podemos. Y que la desconfianza hacia estos partidos que se presentan a las generales lleva a buscar que se vigilen entre sí: y dadas las encuestas esa necesidad conduce a reforzar con el voto a Podemos.

Si yo fuera del PSOE y viera las actuales encuestas, creo que también votaría a Podemos por el bien del PSOE.

Quiero pensar que la insistencia en entrar materialmente en el gobierno que hace Pablo Iglesias no es la prioridad. A ningún votante le genera ilusión que Podemos tenga o deje de tener un Ministerio de Interior, de Administraciones Públicas o de Educación. Lo que muchos hemos visto con alegría y de lo que la infinita mayoría de los españoles se han beneficiado no es de la capacidad de Podemos de designar cargos públicos sino de las políticas públicas que ha conseguido condicionar, incluso aquellas que los independentistas catalanes impidieron que se llevaran a cabo como los presupuestos generales que habrían acercado a España a los estándares sociales europeos.

Nuestro voto no va a dar el gobierno a la dirección de Podemos, pero, si Podemos mantiene el peso parlamentario de la legislatura pasada y su buen hacer, será muy positivo para los españoles: incluso será muy bueno para Pedro Sánchez y el PSOE que deben su buena situación en las encuestas a haber sido forzados a dar la mejor versión posible del PSOE en el gobierno. Si yo fuera del PSOE y viera las actuales encuestas, creo que también votaría a Podemos por el bien del PSOE.

Votaré en las elecciones del 28 de abril a Podemos con la esperanza de que ello ayude a recuperar el rumbo que pudo haber tenido el bloque de la moción de censura y no tuvo.

Es deseable que ninguno de los partidos que se presentan el 28A con esas candidaturas pueda gobernar con cheques en blanco; pero eso sólo lo podría llegar a conseguir el PSOE. Y sería muy positivo que entre PSOE, Podemos, Compromís y el PNV pudieran establecer una mayoría estable de gobierno, en la que ningún aparato de partido esté exento de controles ajenos y que no dependa de los caprichos del independentismo catalán (que ahora anuncia que garantizará un gobierno progresista apenas un par de meses después de haberlo tumbado).

No voy a votar ilusionado, pero sí convencido y con la amenaza de la hidra aznarista muy presente. Posiblemente si viviera en otro sitio mi decisión tendría otras variables. Pero en Madrid, en las generales y a partir de encuestas tan coincidentes la decisión es clara: votaré en las elecciones del 28 de abril a Podemos con la esperanza de que ello ayude a recuperar el rumbo que pudo haber tenido el bloque de la moción de censura y no tuvo.


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  1. Parece razonable que un parlamentario de Podemos en la Asamblea de Madrid, tras una curiosa reflexión, anime a votar a su partido. Yo diría que los cambios profundos producidos en este país, han sido liderados por gobiernos del PSOE y, aunque con algunos desaciertos, han traído bienestar y derechos a las clases más desfavorecidas de esta sociedad. Yo votaré al PSOE, porque garantiza avances sociales a la mayoría ciudadana.