Re(des)composición del Aguirrismo
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

Re(des)composición del Aguirrismo

La huida de varios concejales a Vox y de Garrido a Ciudadanos muestra la descomposición de la marca PP.
25 abril, 2019
Hugo Martínez Abarca
Garrido acompañando a Cifuentes a declarar sobre el Caso Cafetería
  • Comunidad de Madrid

La Mirada deHugo Martínez Abarca

Re(des)composición del Aguirrismo

Hugo Martínez Abarca
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En las últimas semanas varios concejales del PP de Madrid se han ido a Vox. No son concejales cualesquiera: son dirigentes clásicos del PP que se llevan consigo un pedazo de partido. Ayer fue Ángel Garrido, que ha sido concejal del PP durante los años del saqueo y defensor de las mentiras de Cristina Cifuentes hasta ayer mismo quien se fue a Ciudadanos para evidenciar que quien se sintió cómodo en el PP de los recortes, de la corrupción y del sectarismo desde la época de Esperanza Aguirre, se sentirá cómodo en el actual Ciudadanos.

Esperanza Aguirre está ganando una batalla después de su muerte política personal. Son sus chicos, los que ella amamantó en sus años de gloria, los que están gobernando (y destrozando) la derecha española.

El el discreto puesto (13) que le han reservado en las listas hace pensar que Ciudadanos sabe que la operación Garrido resta más al PP que suma a Ciudadanos.

Ciudadanos ha decidido mostrar a los madrileños que quieren ser el nuevo PP incorporando a ese aguirrismo de rostro amable que simuló ser Cristina Cifuentes hasta que la pillaron a ella también. Es muy difícil calibrar el impacto del fichaje de Garrido como número 13 de Ciudadanos, pero el discreto puesto que le han reservado en las listas hace pensar que Ciudadanos sabe que la operación Garrido resta más al PP que suma a Ciudadanos.

El PP (español y madrileño) está en manos de los cachorros aguirristas: Pablo Casado, que nació para la política (y para los títulos universitarios) conducido por Aguirre en Nuevas Generaciones de Madrid. De su mano su compañera Isabel Díaz Ayuso y Martínez Almeida, que era el Secretario General de los gobiernos de Esperanza Aguirre e Ignacio González (seguro que sin enterarse de nada). Estos días están aprendiendo una regla de oro: que dirigir un partido pasando a cuchillo a todo el que no sea un devoto adulador no es una idea brillante.

El PP entró ayer en la fase final de su descomposición. La duda es si les dará tiempo a recomponer electoralmente el proyecto del PP en Cs y Vox.

Al mando de Vox, Santiago Abascal: un chico que probó los placeres del aguirrismo en su máximo esplendor. Esperanza Aguirre lo puso en un chiringuito de la Comunidad de Madrid en el que no hacía nada pero ganaba más que el presidente del gobierno de España; cuando hubo que cerrarlo, Aguirre le puso otro chiringuito en las mismas condiciones; al día siguiente de tener que cerrarlo, registró un nuevo partido de extrema derecha: Vox. Lógicamente los concejales del viejo aguirrismo y los cuadros que arranquen al PP se encontrarán en Vox como pez en el agua.

El PP inició ayer la fase final de su descomposición. En Madrid estábamos todavía digiriendo la última barbaridad de Isabel Díaz Ayuso (lamentar que con Manuela Carmena no hubiera los atascos que ella considera «seña de identidad» de Madrid) cuando nos enteramos, al mismo tiempo que ella y que Pablo Casado, de la última fuga del PP.

¿Los votantes de la derecha madrileña se van a tragar el intento de recomposición del aguirrismo? El hundimiento de la marca PP, al menos en Madrid, está servido: la duda es si con él se hunde el proyecto PP. Si uno tuviera que apostar, diría ya venía demasiado podrido como para poder recomponerse tanto como se descompone. Pero es mera intuición: estos días vamos todos a ciegas, el domingo tendremos la foto exacta de cómo está la derecha madrileña.


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