Regreso al pasado: la reconvención ideológica del PP
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

Regreso al pasado: la reconvención ideológica del PP

Las construcciones políticas del entorno de Aznar son fundamentales para entender por qué Ciudadanos y Vox engullen al PP.
22 enero, 2019
Hugo Martínez Abarca
  • Política

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Regreso al pasado: la reconvención ideológica del PP

Hugo Martínez Abarca
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Este fin de semana el PP celebró lo que ha llamado pomposamente su “convención ideológica”. Uno, ingenuo, imagina una “convención ideológica” como un encuentro con debates políticos, tras un proceso de debates por el territorio, con análisis de la coyuntura nacional, internacional, económica…

A un partido como el PP no le vendría mal algo de debate político. En tiempos de Aznar es cierto que impulsó un absoluto rearme teórico y comunicativo a través de la FAES. Se construyó todo un edificio de autoritarismo nacionalista apoyado en el (mal) llamado revisionismo histórico. Respondieron a sus complejos contra la “superioridad moral de la izquierda” manipulando la Historia de España, llamando a ese autoritarismo “liberalismo” y a su nacionalismo “patriotismo constitucional”. Además financiaron (con dinero negro de la caja de Bárcenas) medios ultras y se apropiaron de cierto tejido ciudadano legítimo para expandir sus postulados y su propaganda.

Ese engranaje político, mediático y civil sirvió también para atacar al gobierno de Zapatero con mentiras sobre el atentado del 11M, atacando la posibilidad de anticipar el fin de ETA unos años (y unos muertos), boicoteando la modernización territorial de España (que tantos problemas nos habría ahorrado), atacando los avances en libertades, como el matrimonio igualitario, etc…

El rearme ideológico impulsado por el PP de Aznar fue profundo e inteligente. Fue tóxico para España, para la convivencia, para las libertades y para la democracia. Pero les funcionó para los objetivos a corto plazo de Aznar, que nunca tuvo en mente defender a España sino defenderse a sí mismo. Y sólo les funcionaron a corto plazo porque esas construcciones políticas del entorno de Aznar son fundamentales para entender por qué Ciudadanos y Vox engullen al PP.

Vox es absolutamente distinto de otras fuerzas ultras europeas, no es antielitista en absoluto y defiende postulados económicos ultraliberales (al contrario: Vox propone una asfixia fiscal del sector público con la consecuente desaparición de los servicios sociales). Y eso puede explicarse en parte por la herencia ideológica de los tecnócratas de los gobiernos de los años 50 y 60, una experiencia que no tuvieron en otros países de Europa que entonces construían Estados del Bienestar en democracia. Pero quizás tengan más cerca esa identificación construida en el aznarismo del autoritarismo más férreo con las políticas económicas elitistas de rebajas fiscales a las grandes fortunas, privatizaciones masivas y libre saqueo del suelo en búsqueda de burbujas inmobiliarias (y negocios para los constructores “donantes”).

Aquel falso “liberalismo” puso la semilla para que brotara una cosa como Vox.

Ciudadanos ha conseguido durante un tiempo situarse como un partido de centro, liberal y hasta un pelín moderno pese a su nacionalismo exacerbado. Y eso sólo es posible por haber identificado el llamado “constitucionalismo” con sólo dos elementos de la Constitución de 1978: la unidad de España y la monarquía. A partir de ahí el fervor patriótico y monárquico que en cualquier partido europeo serían patrimonio del nacionalismo ultra, puede ser aquí identificado con un cierto centrismo liberal a poco que los portavoces sean aseados y no eructen en público.

Aquel falso “patriotismo constitucional” puso la semilla para que brotara un partido como Ciudadanos.

Con todo, lo mejor que hizo la FAES de Aznar fue referenciarse en una Historia de España manipulada pero no imitarla. Nos contaron que Cánovas había sido el gran estadista demócrata de la Historia de España, que incluso Azaña tenía mucho que ver con Aznar hasta que nos explicaron que la guerra civil la había empezado la República contra sí misma, pusieron mucho empeño en recuperar la propaganda franquista cambiando a Ricardo de la Cierva por Pío Moa. Pero, sobre esos cimientos, hicieron un discurso nuevo útil para su siglo XXI.

Lo que ha hecho Casado en esta reconvención ideológica no es una nueva estrategia para el futuro del PP ni mucho menos la culminación de un conjunto de debates políticos de ningún tipo. Hemos asistido a una serie de mítines que mostraban que Casado construye desde el imaginario de Aznar y a una serie de aplausos que dan la impresión de que los dirigentes del PP está más cerca de Rajoy. Entre eso y el debate ideológico hay un trecho. Pero sobre todo lo que hace Casado es evitar hacer una apuesta política para el futuro de su partido sino mandarlo dos décadas hacia atrás no para aprender sino para imitar. Y no sólo vuelve hacia el pasado sino que impulsa precisamente el pasado que refuerza a los partidos que se están zampando al PP.

Bienvenida sea la carencia estratégica del PP. Casado está asegurando con su vacío la demolición de un partido que trajo todos los problemas económicos, territoriales y democráticos que sufre España mientras la gobernaba como una auténtica mafia. Nadie echará de menos en 2019 al partido de Aznar: ni siquiera por el consuelo de que tapaba el auge del partido de los hijos del aznarismo.


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