Reivindicar lo inexplicable
La Mirada de Roy Galán

Reivindicar lo inexplicable

"Hay cosas que no hay que entender, que no hay que demostrar empíricamente, que no necesitan que un lenguaje académico o científico las nombre para existir, porque forman parte todo aquello que es inexplicable".
5 enero, 2019
Roy Galán
Upstream Color. Foto: ERBP.
  • Cultura

La Mirada deRoy Galán

Reivindicar lo inexplicable

Roy Galán
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Explicación del final. Explicación del videoclip. Explicación de qué significa en realidad.

La verdad es que veo, leo, escucho y noto una necesidad creciente e imperante de explicarlo absolutamente todo, de adentrarse en las creaciones y pensamientos de los demás para desentrañar el sentido último de las cosas, como si las cosas por sí mismas no tuviesen un valor, como si no fuera nunca nada suficiente y tuviéramos que demostrar nuestra inteligencia una y otra vez en un ciclo sin fin. Y digo demostrar porque, en este asunto que tiene más que ver con masticar que con contemplar, es imprescindible que existan los demás para que puedan reforzar nuestra brillantez. Necesitamos así hacer partícipes a más personas de nuestros hallazgos para recibir un aplauso eterno.

Mira qué listos somos  y lo que podemos vislumbrar y tú no.

Al final parece que esto se convierte en una competición de ver quién hace la digestión con mayor rapidez y no de disfrutar de aquello que nos quieren ofrecer, olvidándonos así de lo que hemos podido sentir siendo espectadores de algo en beneficio de ese acto mental que consiste en arrojar luz sobre las cosas ajenas.

Vamos a aclararte esto porque lo necesitas para poder seguir viviendo.

Y este hecho es producto de una neurosis de nuestro tiempo que consiste en querer aniquilar, destripar, disecar y colocar en el salón de nuestra mente aquello creado en la más absoluta libertad: como si nos diera miedo que los caballos trotaran en la oscuridad del exterior sin saber cuántos y de qué color son.

Pienso que la verdadera inteligencia no pasa por explicitar nuestro entorno de una manera compulsiva, sino por saber dejar espacio para la sugerencia, para el acontecimiento del propio suceso sin más. Consiste en ser lo suficientemente generosos para no intentar descifrar constantemente la realidad ejercitando ese onanismo vital que supone saberlo todo.

Darle su lugar al silencio.

Porque hay cosas que no hay que entender, que no hay que demostrar empíricamente, que no necesitan que un lenguaje académico o científico las nombre para existir, porque forman parte todo aquello que es inexplicable, de aquello que pertenecen a la arquitectura onírica y que habita esta realidad de una manera distinta.

No sé qué quiere decir David Lynch en cada una de las escenas de Mulholland Drive. Tampoco sé qué significa aquel vídeo de Time Impala en el que una chica hace agitar las cintas de gimnasia rítmica. Y sin embargo me encantan, me hipnotizan y me despiertan a la vida. No llego a comprender por qué se mueren algunas personas y no otras. No sé por qué me enamoro o me desenamoro o por qué a veces estoy triste aunque todo me vaya realmente bien. Desconozco los motivos, las razones o las justificaciones.

Y no quiero saberlo.

Y no me importa lo más mínimo.

Hay cosas que no tienen un porqué y no podemos frustrarnos o enfadarnos por ello. Tampoco podemos sentirnos estúpidos por no saber explicarlas. Tenemos que aceptar la idea de que no somos dioses, ni infinitos, ni omnipresentes u omnipotentes. Asumir así que lo que tenemos que decir puede que no sea tan relevante y que tenemos que dejar márgenes desconocidos para poder seguir creciendo.

Reivindicar que lo inexplicable forma parte de esta existencia desde el momento en el que se escapa de nuestra razón el saber cómo, por qué y cuánto tiempo vamos a estar aquí.


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