Ser “constitucionalista”
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

Ser “constitucionalista”

"El 'constitucionalismo' se ha convertido en un nombre bonito que apenas sirve para disimular un bloque autoritario, sectario y profundamente nacionalista"
19 marzo, 2019
Hugo Martínez Abarca
Los líderes de Vox, PP y Ciudadanos: Santiago Abascal, Pablo Casado y Albert Rivera.
  • Opinión

La Mirada deHugo Martínez Abarca

Ser “constitucionalista”

Hugo Martínez Abarca
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Ha vuelto a suceder estos días. Cuando un periodista entrevista a Albert Rivera o Pablo Casado, sabe que tendrá un momento hilarante si le pregunta si Vox es “constitucionalista” o, en general, si le preguntan por los límites geográficos del “constitucionalismo”. Siempre acaban viralizados en las redes sociales. Fue brillante Rivera en TVE cuando le preguntaron por el “constitucionalismo” de Vox y respondió que ni idea, pero que el que no era constitucionalista era el PSOE (pobrecito mío).

Desde hace años en España “constitucionalismo” no es la defensa de un modelo democrático regido por una constitución que garantice los derechos humanos. Eso en la España actual es, ay, populismo-de-extrema-izquierda. Fue Aznar quien en 2002 decidió apropiarse de la idea republicana del patriotismo constitucional (Habermas, Sternberger) para blanquear el patriotismo y dejar en los huesos lo constitucional. En aquel momento se trataba de atacar al PNV y la cosa prendió.

Para los obispos del constitucionalismo la religión única y verdadera sólo tiene dos mandatos: la defensa de la unidad de España y la Monarquía

Hoy el “constitucionalismo” se ha convertido en una suerte de iglesia. Como esos obispos que miran para otro lado con los No Matarás, No Robarás, No Mentirás… pero expulsan a los infiernos a quien contravenga el sexto mandamiento y cometa actos impuros (siendo acto impuro el disfrute del sexo libre). Los obispos del “constitucionalismo” no recuerdan ninguno de los mandamientos de la Constitución Española de 1978 ni mucho menos son conscientes de que se puede ser constitucionalista defendiendo un nuevo texto constitucional que garantice hoy la democracia y los derechos humanos con más eficacia.

Para los obispos del “constitucionalismo” la religión única y verdadera sólo tiene dos mandatos: la defensa de la unidad de España y la Monarquía. Se puede ser “constitucionalista” y negar el derecho de manifestación (como hizo Javier Maroto, Partido Popular), el derecho al trabajo (como hizo Marcos de Quinto, Ciudadanos), o atacar todos y cada uno de los derechos civiles y políticos (como hace Vox para ganarse su cuota de pantalla diaria).

El “constitucionalismo” se ha convertido en un nombre bonito para disimular un bloque autoritario, sectario y profundamente nacionalista

Ser “constitucionalista” es defender la eternidad de las actuales fronteras de España y rendir pleitesía a la Corona. Y convertirse en un Santiago Matamoros que va matando infieles. El pobre PSOE, tan monárquico y defensor de la eternidad de nuestras fronteras como el que más, está expulsado al averno por dejarse votar e incluso dialogar con quienes tienen otras ideas.

El “constitucionalismo” se ha convertido en un nombre bonito que apenas sirve para disimular (cada vez menos) un bloque autoritario, sectario y profundamente nacionalista. Es un nombre exitoso: aún hay quien se ofende porque Rivera y Casado se sientan en el mismo bloque que Vox y no en el de partidos democráticos y progresistas, hay quien se queja de no ser incluido en ese “constitucionalismo”.

En realidad, lo que hacen Casado y Rivera no es definir el “constitucionalismo” sino definirse a sí mismos y a sus partidos políticos. Están abriendo una gran zanja y se han ubicado en posiciones que cada vez defienden posiciones más agresivas contra la democracia, la convivencia y el bienestar de los madrileños. Frente a ese bloque autoritario, sí convendría la emergencia de un espacio cívico republicano, en el que cabrían sin duda los sectores razonables y demócratas de PP y Ciudadanos, que defienda un modelo democrático regido por una constitución que garantice los derechos humanos: lo que normalmente llamaríamos “constitucionalistas”, vaya.


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