Tensión e incertidumbre en la política española
La Mirada de Jacinto Vaello

Tensión e incertidumbre en la política española

Las elecciones andaluzas como síntesis política de mayor alcance tras la entrada de la extrema derecha en las instituciones.
14 diciembre, 2018
Jacinto Vaello
Santiago Abascal y Francisco Serrano, de Vox.
  • Política

La Mirada deJacinto Vaello

Tensión e incertidumbre en la política española

Jacinto Vaello
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Un repaso rápido de los acontecimientos últimos conduce a reflexionar sobre una situación que, por ahora, se caracteriza por la tensión y la incertidumbre.

Felipe González suele estar detrás de muchas operaciones en y en torno al PSOE. Y, en el caso concreto de las elecciones andaluzas, aparece un personaje que no está en busca de autor, porque la «sultana» no es un producto de sí misma, sino de la vieja guardia y de los ensoberbecidos barones del PSOE, que intentan mantener sus feudos y sus privilegios y no quieren ver que la hora de la socialdemocracia, sobre todo la más rancia, se está acabando, si no se ha acabado ya.

Puede uno dar muchas vueltas a los resultados partido a partido, a la debacle de unos y al ascenso de otros, pero lo más importante se queda en un rincón sin  explicar: el por qué de una abstención tan elevada cuando se dirimen asuntos que afectan a la mayor parte de la población.

Cuando al electorado le importa un carajo quien se lleve unas elecciones, al que gana le importa un carajo el electorado.

Y hay unas cuantas cosas que añadir, por ejemplo, respecto al ‘resto de la izquierda’. ¿Cómo se consigue que una suma no llegue a la adición de dos sumandos? Es una manera de preguntarse en qué tropiezan Podemos e IU cada vez que se presentan conjuntamente a las elecciones. La respuesta simple parece inevitable: en que realmente no son sumandos.

Un PSOE en decadencia, una nueva izquierda que no sabe a qué carta jugar, un electorado que se cansa y decide quedarse en casa. Atroz combinación. Porque es verdad que cuando al electorado le importa un carajo quien se lleve unas elecciones, al que gana le importa un carajo el electorado. O sea, no vale decir los «políticos» sin mencionar a los «ciudadanos».

Puestos a destripar el asunto, ¿por dónde hay que buscar el extremo del  ovillo? Por ejemplo, a través de algunas preguntas quizás sin respuestas, que pueden encaminar la reflexión:

  1. Sistemáticamente la participación en las generales es mayor que en las autonómicas. Esto suena a viejos reflejos centralistas que dejan de lado algunas realidades institucionales, como por ejemplo que la sanidad, la enseñanza, la justicia, el cuidado de los dependientes y unas cuantas cosas más se gestionan desde las Autonomías. Hay que entender entonces que no es que al electorado no le interesen todos esos servicios sociales, es que ignora que en su parlamento autonómico se discuten regulaciones que importan en sus vidas y que en su gobierno autonómico se toman decisiones que son determinantes en su día a día. No estoy seguro de que sea la respuesta correcta, pero no consigo imaginar otra.
  2. Insistiendo en la misma línea de análisis: el interés por las elecciones europeas es todavía menor. Cierto es que nadie tiene muy claro qué papel juega el Parlamento europeo, pero desde luego inhibirse en las elecciones europeas no aclara esto y, sin duda, garantiza que las cosas, si están mal planteadas, sigan exactamente igual año tras año. En todo caso, no hay que olvidarlo: una parte creciente de nuestro entramado legal e institucional proviene de la UE, de manera que no es mala idea enterarse de sus mecanismos para saber hasta dónde y en qué veremos nuestras vidas afectadas, y hasta dónde y en qué deberíamos mejorarlos.
  3. La mayoría de las reflexiones políticas de la izquierda se mueven entre las clases y la transversalidad, o, lo que quizás venga a ser lo mismo, entre el marxismo ortodoxo y el populismo (Laclau, Mouffe: la verdad es que no sé cuánto pintan estos académicos en el asunto cuando ya estamos entrados en el siglo XXI y ellos ‘triunfaban’ hace unos cuarenta años). De esto no hay más remedio que reconocer algo que resulta confuso: por una parte, la clase trabajadora ha dejado de ser lo que era, constatación que no parece ser suficiente para erradicar los análisis decimonónicos; por otra parte, el pueblo y el líder propios de cualquier populismo transversal no acaban de superar su condición de manifestaciones locales y episódicas, poco útiles para sostener explicaciones válidas en todo tiempo y lugar. Parece necesario producir un sincretismo, que evite la imposición de una u otra visiones parciales, aunque lo más apropiado sería analizar la realidad concreta y dejarse de circunloquios teoricistas. Y esto es lo que no consiguen Podemos e IU cuando se cogen del brazo para concurrir conjuntamente a las elecciones.
  4. Nos dicen, y a lo mejor hay que aceptar el argumento, que la irrupción de Vox es la normalización de la vida política española. Añaden que ahora solo queda Portugal como excepción. Pero si en esa normalización quien está a la cabeza de la nueva extrema derecha es un personaje como el que estamos viendo, mucho hay de pura continuidad, nada de novedad ni de cambio. El currículum del líder huele a rancio, a repetición extenuante de la misma corrupción que impregna la vida política española, sobre todo si la miramos hacia la derecha. Muchos años de participar en el reparto de la tarta y solo cinco años de ‘arrepentimiento y expiación’, con la fundación de Vox. Ni siquiera los más aguerridos luchadores por España «una, grande y libre» pueden esperar gran cosa de semejante personaje, como no sea intentar sacar tajada.
  5. En ese presunto proceso español de normalización lo que parece no acabar de materializarse es el ocaso o la defunción, según se mire, de la socialdemocracia clásica. Esa socialdemocracia que ha ido muriendo en Francia, Italia, Grecia, Alemania, Austria, …, que no parece aguantar el tirón, pese a todo, en los países escandinavos, y que, sin embargo, se resiste a dejar la escena en España. ¿Cuál es en este sentido la anomalía española? Probablemente pueda uno encontrar esbozos de respuestas, por ejemplo en el desfase temporal: la socialdemocracia europea viene de muy lejos y ha jugado un papel de liderazgo político global después de la Segunda Guerra Mundial, en tanto que la socialdemocracia española ha entrado realmente en escena tras la muerte de Franco, treinta años más tarde, y ha tenido la oportunidad de liderar la puesta al día de este país. ¿Senectud en diferido? Puede, pero lo realmente importante es que el protagonismo del PSOE en la política española parece tener los días contados y deberíamos ir comprendiendo lo que va a representar esta pérdida.    
  6. La pregunta crítica final: los ciudadanos informados, simples mortales, ¿qué podemos hacer ante tantos desafíos? Para empezar, algo tan importante como estar informados. Para seguir, utilizar racionalmente esta información. En tercer lugar, convertir esta racionalidad en análisis crítico. Y, finalmente, pasar de la crítica a la acción.

Tenemos mucho trabajo por delante.


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  1. De acuerdo, pero discrepo. Sobre todo porque hay algún dato erróneo, y eso distorsiona la información de la quecse habla.
    En concreto, por ejemplo, a la justicia poco o nada afectan las autónomias, ya que está absolutamente centralizada. Puede haber alguna legislación autonómica (la que logra salvarse del demoledor TC,) pero siempre impartida, interpretada y aplicada desde un unico CGPJ que designa a los jueces. La legislacion autonomica, ademas, esta sometida a leyes estatales (jerarquia normativa)
    Hay muchos, muchísimos, autores, filósofos, economistas…cuyas opiniones o teorias, aún cuando haya que «adaptar» al trancurso del tiempo y las nuevas circunstancias, son utiles para sustentar analisis u actuales. Conocer y entender a los de «antes» es cultura y ayuda a una buena formacion.
    U no de los errores de la política actual es hacer creer a los ciudadanos que tido es «nuevo».
    Conocer y aprender del pasado es un buen metodo para no caer en los mismos errores.