Testosterena rex
La Mirada de Jorge Ruiz Morales

Testosterena rex

En su último libro titulado 'Testosterona rex', la psicóloga Cordelia Fine nos describe que los roles sexuales son meros convencionalismos
17 febrero, 2019
Jorge Ruiz Morales
  • Ciencia

La Mirada deJorge Ruiz Morales

Testosterena rex

Jorge Ruiz Morales
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Recientemente se ha publicado el libro Testoterona rex, de la psicóloga Cordelia Fine. En él, describe que los roles sexuales, pasados y presentes, son meros convencionalismos. En 2010, publicó el libro ‘Delusions of gender’, donde acuñó el término neurosexismo, con el que se refiere a esas “afirmaciones neurocientíficas que refuerzan estereotipos de género sin justificación científica”.

Cornelia se dirige a sus lectores indicándoles que, el principal mensaje de sus libros radica en que esa confortable creencia sobre el género, que sostiene que ya está todo claro y que la desigualdad sexual es un hecho resultante de diferencias genéticamente programadas entre los sexos, no soporta un serio escrutinio.

La dureza y combativa forma con la que escribe Cornelia Fine, se nota cuando argumenta que los análisis de imágenes del cerebro elaborados a partir de datos procedentes de resonancia magnética “se han convertido en la última forma de maquillar un trabajo para que suene científico, aunque de hecho emplean las viejas ideas que sostienen que las mujeres son más torpes que hombres”.

A raíz de la publicación en español del libro, la Agencia SINC ha publicado una entrevista con ella, de la que entresacamos algunos párrafos.

¿Qué es Testosterona rex?

Es el término que he acuñado para aglutinar todas esas creencias tan familiares sobre el sexo biológico y la naturaleza humana, según las cuales la evolución ha favorecido que los machos sean más competitivos y arriesgados porque eso mejoraba el éxito reproductor de nuestros antepasados. Como consecuencia, según estas ideas, los cerebros masculinos están dirigidos por la testosterona.

La creencia de que los varones son esa especie de Testosterona rex está basada en modelos científicos viejos, que no corresponden con cómo se entiende el sexo en la biología evolutiva, la antropología y la psicología. Escogí el nombre ‘rex’, que significa rey en latín, porque los hombres tienen todavía más poder en el mundo que las mujeres.

En su libro asegura que negar ese viejo modelo masculino no es negar la ciencia. Aun así, todavía tendemos a pensar que las diferencias que observamos entre hombres y mujeres en la sociedad son naturales y tienen un origen evolutivo. ¿Por qué esa reticencia a abandonar el mito del Testosterona rex?

[Ríe mucho]. Creo que es una pregunta para los demás, más que para mí. ¿Te refieres a la gente o a los investigadores?

Me llaman más la atención los científicos.

Los investigadores estudian su disciplina y no necesariamente saben cómo han cambiado otras. El área de la psicología que estudia el género ha pasado de concebir los sexos como dos extremos, a entender que no se puede clasificar a la gente en un dominio bidimensional, ya que un individuo puede tener características femeninas y masculinas.

Al mismo tiempo, hay gente que trabaja desde una perspectiva biológica y todavía intenta relacionar una hormona, la testosterona, con toda la psicología masculina. Esto solo tiene sentido en un modelo antiguo de la masculinidad que consiste en un paquete cerrado, pero no funciona cuando contemplamos todos los componentes que se pueden observar en una misma persona.

Usted analizó en Delusions of gender el trabajo del investigador Simon Baron-Cohen, que clasifica los cerebros en dos tipos: uno empático, típico de las mujeres, y otro sistemático, más propio de los hombres. En su último estudio asegura confirmar esta teoría. No le han faltado críticas. ¿Cree usted que existen dos clases de cerebros?

Es uno de los principales defensores de que los hombres ‘piensan’ y las mujeres ‘sienten’. Uno de los problemas que señalé en el libro y veo en el nuevo estudio es que mide la empatía y el comportamiento sistematizador mediante autocuestionarios con preguntas como ¿soy bueno entendiendo lo que sienten los demás? Un buen puñado de estudios muestran que, en realidad, juzgamos muy mal nuestras propias habilidades [risas]. Es más fácil hacer un cuestionario que medir un comportamiento, pero es un método incorrecto.

A la hora de medir el carácter sistematizador, tampoco miden la capacidad de comprender cómo funciona un sistema, sino el interés de cada participante en actividades tradicionalmente asociadas a los hombres. Es raro que el título del estudio haga referencia a tipos de cerebros cuando no se han estudiado cerebros, sino que se han repartido breves cuestionarios. Eso no es observar el cerebro, es medir la autopercepción a través de estereotipos.

En ese sentido, frente a la idea de que las desigualdades entre hombres y mujeres se explican por estas diferencias, en Testosterona rex defiende que, partiendo de las diferencias, hombres y mujeres hemos evolucionado hacia la igualdad. O, como resume en su libro, que 3+1 = 2+2.

Cuando vemos una diferencia sexual en biología tendemos a pensar que ese tipo de cosas son las que hacen diferentes a machos y hembras. Es más interesante ver cómo, en muchas ocasiones, ambos sexos se comportan de una forma similar a pesar de tener diferentes tamaños cerebrales, niveles de químicos y hormonas.

Otro motivo por el que es difícil relacionar cerebro y comportamiento es porque, en ocasiones, las diferencias no se suman, sino que se contrarrestan la una a la otra. En algunas especies de aves, el área de canto de los machos duplica a la de las hembras, pero ambos cantan por igual porque la de ellas es más activa. Es un ejemplo de cómo la compensación crea similitudes en el comportamiento.

Portada Testosterona rex
Portada Testosterona rex

En su libro desmonta las ‘cuentas imaginarias’ de ese macho alfa capaz de engendrar cientos de hijos a lo largo de su vida, lo que habría moldeado el comportamiento masculino frente al de las hembras, que solo podrían tener unos pocos descendientes. ¿Hasta qué punto es responsable de perpetuar estos mitos un campo tan polémico como el de la psicología evolucionista?

La psicología evolucionista, que es fácil de divulgar y capta la atención, sirve a mucha gente para acceder a las ideas sobre evolución. La ciencia que estudia el comportamiento desde un punto de vista evolutivo tiene muchas ramas y lo que voy a decir no se aplica a todas, pero la psicología evolucionista está anticuada. No está actualizada con el conocimiento actual de la biología evolutiva.

Su principio general es intentar comprender los factores personales y últimos que moldean el comportamiento de la gente. Es una meta científica muy digna, pero hay formas más o menos rigurosas de hacerlo. Lo dejo ahí [ríe].

A la hora de explicar las desigualdades, ¿hemos pasado de ‘la mujer no puede’ a ‘la mujer no quiere’?

Es cierto, ha habido una evolución en las explicaciones del statu quo. Primero decían que las mujeres eran intelectualmente inferiores para explicar la desigualdad. Después ha pasado a atribuirse a una falta de interés. Asumimos que los rasgos más comunes en hombres son los necesarios para ser bueno en una carrera, aunque las diferencias medias entre los sexos sean en realidad pequeñas. Eso es olvidar que las leyes contra la discriminación tienen menos de medio siglo y que hay un legado cultural profundo que todavía nos influye.

¿Cómo encontrar un equilibrio entre extrapolar el cerebro de un salmón al comportamiento humano y negar nuestra naturaleza animal?

Esa es la pregunta: dónde encajan los seres humanos. Obviamente hemos evolucionado. La testosterona está presente en muchas especies, pero las hormonas son más que algo que obliga a los animales a comportarse de cierta forma determinista. En realidad, estas sustancias responden al ambiente y nos adaptan a él. Sería raro observar lo que pasa en otros animales y luego pensar que nuestro comportamiento sigue un patrón fijo.

Además de tener un montón de sexo no reproductivo, lo que hace especiales a los humanos es la diversidad del ambiente social, económico y social en el que vivimos. Hemos evolucionado para ser adaptables y flexibles. Tenemos un poderoso mecanismo de herencia que es la cultura: eso forma parte de nuestra historia evolutiva y debemos tomarlo en serio.


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