¿Por qué ganan los perversos?
Invitado
La Mirada de Rosa Paz

¿Por qué ganan los perversos?

Los xenófobos, los negacionistas y los machistas avanzan en el mundo por el desencanto de la izquierda y por los votantes exquisitos que no acuden a las urnas a la hora de la verdad.
7 noviembre, 2018
Rosa Paz
Jair Bolsonaro asiste a misa. Foto: Fernando Frazão (dpa)
  • Internacional

La Mirada deRosa Paz

¿Por qué ganan los perversos?

Rosa Paz
Compartir

Lo último ha sido el disgusto y la decepción por la victoria electoral del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil. A Bolsonaro le tachan en las crónicas de racista, homófobo y defensor de la dictadura y de la pena de muerte. Solo en algunas se resalta que además es misógino, machista o, por decirlo más claramente, militantemente contrario a la igualdad entre hombres y mujeres. Y que también es negacionista del cambio climático.

El racismo, la homofobia, el machismo y el negacionismo climático —a veces también el de la evolución de las especies— son aspectos que unen a todos estos personajes autoritarios, que están accediendo a gobiernos en todo el mundo. Donald Trump en Estados Unidos, Matteo Salvini en Italia, Viktor Orbán en Hungría, Vladimir Putin en Rusia, Rodrigo Duterte en Filipinas, entre otros.

Son machos alfa contra un feminismo que gana terreno.

Son además populistas, nacionalistas y xenófobos, porque parte del discurso con el que enganchan a algunos de los sectores más desvalidos es el del rechazo a los inmigrantes, esos que aparentemente se van a quedar con las ayudas sociales y los puestos de trabajo a los que los nativos dejarán de tener acceso. Falsedades con las que arman un discurso de exclusión del diferente para atraer a su causa a tanta gente desencantada con los partidos tradicionales.

Son machos alfa que sobresalen electoralmente en una época en que las mujeres están plantando cara globalmente para acabar con la desigualdad social, laboral, económica. Para poner freno al acoso laboral y sexual. En un momento en que el feminismo ya no es cosa de unas pocas sino un sentimiento tan generalizado en favor de la igualdad que hasta una banquera tan privilegiada como Ana Botin se atrevió a reconocerse públicamente como tal. Las mujeres ocupan las calles, reclaman sus derechos, la posición que merecen en la familia, en la sociedad, en el trabajo, en los puestos de responsabilidad de las empresas y en los gobiernos.

El movimiento feminista está triunfando igual que lo está haciendo el ecologismo, que ha salido de la marginalidad para convencer a la mayoría de los ciudadanos, de los organismos internacionales y de los países, de que el calentamiento global está aquí, de que ya hay poco tiempo para ponerle freno.

La izquierda no supo demostrar que estaba del lado de los débiles.

Si esto es así, si feministas y ecologistas ganan posiciones, si los demócratas son mayoría en la sociedad, ¿por qué estos tipos autoritarios ganan las elecciones? Evidentemente porque una parte de la sociedad los apoya, asume su demagogia e incluso sus posiciones cavernícolas (y que me perdonen los humanos de las cavernas).

Sin ninguna duda también contribuye a que alcancen el éxito el hecho de que la izquierda y los demócratas en general no están sabiendo contrarrestar ese mensaje racista, homófobo, machista, despótico y porque durante años esos partidos no fueron capaces de demostrar que estaban del lado de los desfavorecidos.

Pero también, no hay que olvidarlo, porque hay muchos electores exquisitos, que mantienen una posición crítica con todo y con todos y se abstienen de votar a políticos imperfectos sin importarles que al no hacerlo les están dando la victoria a los perversos.


Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acepto la política de privacidad