Y ahora, ¡centrados!
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

Y ahora, ¡centrados!

El debate electoral para el Ayuntamiento de Madrid dejó claros dos bloques de gobierno y una derecha que ahora quiere simular moderación.
7 mayo, 2019
Hugo Martínez Abarca
Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid
  • Elecciones municipales

La Mirada deHugo Martínez Abarca

Y ahora, ¡centrados!

Hugo Martínez Abarca
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Fue muy interesante el debate sobre las elecciones municipales (el único debate sobre Madrid que va a haber por las restricciones a la democracia impuestas por la Junta Electoral). Sobre todo permitió ver indisimuladamente dos bloques de gobierno posibles.

Los tres partidos de derechas intentaron esconder los discursos ultras y apocalípticos con los que han regado la legislatura.

Almeida (PP) se fue diluyendo hacia la nada, quizás por  esa táctica que vemos en Ayuso y Casado tras  el 28M: probablemente han llegado a la conclusión de que cuanto menos los oigamos, menos votos perderán, que igual no gustan ni callados, pero que les va mejor estando como ausentes.

Manuela Carmena dejó una imagen para la dignidad: la mujer mayor y aparentemente frágil exigiendo respeto al matón de discoteca.

Begoña Villacís pasó del caos y la destrucción que lleva anunciando toda la legislatura a simplemente decir que Manuela Carmena no ha hecho gran cosa (algo que choca no sólo con la evidencia sino con la vivencia de los madrileños según todos los estudios). Intentó imitar a Albert Rivera faltando al respeto, interrumpiendo, desobedeciendo al moderador, duplicando el tiempo de cada turno… pero no le sale tan bien como a su líder carismático.

Ortega Smith demostró que esto le viene grande. No se lo ha estudiado, no sabe qué competencias tiene el Ayuntamiento (criticó a Manuela Carmena por el funcionamiento de Metro), cacareó el argumentario que hace meses que PP y Ciudadanos han abandonado porque ningún madrileño se lo cree… Pero también intentó no ser estrafalario y parecer civilizado. Sólo hizo dos propuestas animalistas: que vuelva a haber camellos en la cabalgata de Reyes Magos (el gran drama de la legislatura) y que el Orgullo se esconda en la Casa de Campo junto al zoo. Cuando Manuela Carmena le intentó explicar (casi sin debatir, sólo explicar) datos de Madrid, le interrumpió dejando una imagen para la dignidad madrileña: la señora mayor, educada y aparentemente frágil poniendo firme y exigiendo respeto al matón maleducado de discoteca. Ortega Smith se calló amilanado, demostrando el patetismo de los ultras y jetas que dirigen Vox.

La duda es cuántos votos progresistas se perderán el 26M por la barrera electoral, inalcanzable en algún caso.

Las tres derechas decidieron no asustar: como si los madrileños no lleváramos cuatro años escuchando su disparatada  oposición, como si no conociéramos lo que han hecho también en la Comunidad, cuya mención ayer les incomodó tanto. Ni siquiera se atrevieron a explicitar lo obvio: que si pueden se juntarán para echar a Manuela Carmena del Ayuntamiento. 

Frente a ellos había, sin duda, más solvencia, calma y respeto en un bloque progresista que evidenció que hay mucha más sintonía que diferencias con una duda dramática de la que son conscientes las tres candidaturas progresistas: si la barrera electoral, inalcanzable en algún caso, dejará fuera muchos votos (como sucedió en 2015 en la Comunidad, un 4% que dio el gobierno al PP) o muy pocos (como sucedió en 2015 en el Ayuntamiento, un 1,7% que permitió el cambio en Madrid). Ahí se juega gran parte del 26M.


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