Y lo de Venezuela ¿qué?
La Mirada de Hugo Martínez Abarca

Y lo de Venezuela ¿qué?

Lo que diga Manuela Carmena o cualquiera de nosotros sobre Venezuela no afecta en absoluto a Venezuela, sin embargo puede ser importantísimo para el futuro de Madrid
5 febrero, 2019
Hugo Martínez Abarca
  • Política

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Y lo de Venezuela ¿qué?

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Durante toda la legislatura la derecha madrileña, huérfana de argumentos contra la alcaldesa, rebuscaba en la ciudad para fabricar apocalipsis de un cuarto de hora (el traje de los reyes magos de una cabalgata, la carroza por la diversidad en la cabalgata de Vallecas, el ghetto de Varsovia que era Madrid Central…). La conversión en ridículo de cada apocalipsis era inmediata. Mientras, el Ayuntamiento avanzaba en la construcción de escuelas infantiles, centros deportivos, asfaltados de las calles… al tiempo que reducía la colosal deuda dejada por esa misma derecha. Así que esa derecha cerraba con el comodín: “Ya, pero y lo de Venezuela, ¿qué?”

El Ayuntamiento de Madrid no tiene competencias en política exterior, es una obviedad: es una competencia exclusiva del Estado (de las que define que un estado es tal), en parte compartida con la Unión Europea y en este caso lamentablemente cedida a las presiones de un gobierno extranjero. Pero lo que diga o deje de decir el Ayuntamiento de Madrid, el de Huesca o el de Alcorcón sobre política internacional puede tener su interés a efectos de debate público pero es perfectamente irrelevante de hecho.

Sin embargo, la derecha convirtió Venezuela en una especie de salmo que había que recitar con precisión sin pena de ser arrojado a los infiernos que anulan toda esa mejora de la vida de los madrileños, que es sobre la que se tiene capacidad, para la que se puede y debe gobernar desde un Ayuntamiento o desde la Comunidad de Madrid. Nunca se exigía  declaración alguna sobre el periodista descuartizado y disuelto en ácido por Arabia Saudí, nunca sobre las ilegalidades y crímenes del gobierno de Israel -salvo para apoyarlos-, nunca sobre los saharauis sobre los que tanta responsabilidad tiene España, nunca sobre Teodoro Obiang dictador, sí, pero qué acogedor es con nuestros corruptos: ninguno de ellos ha merecido tampoco pancartas como la que la Comunidad de Madrid puso en su Presidencia sobre Venezuela.

Por supuesto nunca sobre los españoles torturados, secuestrados o incluso asesinados en la Puerta del Sol, sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

La novedad surgida con la auto proclamación de Guaidó es una pequeña parte de la izquierda que se suma a ese “Y Venezuela, ¿qué?” exigiendo de nuevo un recitado. La razón es que Manuela Carmena en una entrevista fue preguntada por Venezuela y dijo en primer lugar que ella no había estudiado mucho el asunto y, con esa cautela, expuso una opinión que, probablemente, sea la que tiene la gran mayoría de los españoles (y una parte importante de venezolanos) añadiendo que no hay más solución que el diálogo tal y como ha propuesto el papa Francisco, por ejemplo. Ay, anatema. Desde entonces parecería a ojos de ese pequeño pero insistente grupo que cualquiera de las acciones de gobierno, cualquier propuesta o discurso queda anulado por una legión de barbaridades como respuesta: exactamente lo mismo que hacía esa derecha durante el resto de la legislatura. Se inaugura una escuela infantil y la respuesta es que los niños venezolanos sufren un golpe de Estado que amparáis los fascistas que queréis que bombardeen Caracas. Sí, vale, pero y lo de Venezuela, ¿qué?.

La izquierda solía ser racional y materialista.

Racional quería decir apostar por la deliberación y por tanto asumir el disenso con gusto, contrastar datos y argumentos sosegadamente y nunca exigir el recitado de salmos. Un secreto: podemos apoyar un Ayuntamiento gentes que tengamos opiniones diversas no sólo sobre lo que está pasando en Venezuela sino incluso sobre los carriles bici segregados o la respuesta al conflicto del taxi. Sobre estos dos últimos habrá que encontrar la vía para llegar a un punto común y, sobre todo, a una decisión, pero sobre Venezuela lo único que tendremos que hacer es respetar la discrepancia que es perfectamente irrelevante no sólo para el Ayuntamiento de Madrid sino también para Venezuela y, si nos apetece, nos vale la pena y tenemos tiempo libre, debatir serenamente.

Ahí entra en juego la parte materialista que la izquierda solía tener tan clara cuando tenía por objetivo gobernar para mejorar la vida de su pueblo, no sólo para salvar el alma. Lo que diga Manuela Carmena o cualquiera de nosotros sobre Venezuela no afecta en absoluto a Venezuela. Sin embargo puede ser importantísimo para el futuro de Madrid. Es algo que los admiradores de Chávez deberían entender perfectamente.

Llevamos años rechazando a los inquisidores de derechas preguntando por qué extraños intereses sabemos todos tanto sobre Venezuela y tan poco sobre Portugal, por ejemplo, como para caer de nuevo en la misma trampa. Estaría bien que sobre Venezuela, como sobre Portugal, las opiniones buscarán el bienestar de sus ciudadanos (de los venezolanos, de los portugueses, de todos) y no el recitado de salmos so pena de excomunión; si así fuera estaríamos al lado quienes defendemos la necesidad de diálogo y acuerdo aunque hagamos diagnósticos muy diferentes, no quienes usan Venezuela como excusa para señalar herejes. Incluso aunque ni unos ni otros tengamos influencia alguna en lo que vaya a pasar en Venezuela y lo que digamos sí pueda tenerla en lo que suceda en nuestro país y en nuestras ciudades.


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  1. En el diario Público, del pasado día 1, el periodista Alexis Romero se hacía eco de una entrevista a Carmena en Espejo Público, en la que ésta afirmó que: “En Venezuela se está viviendo una dictadura horrorosa, y es imprescindible acabar con esa dictadura. Apoyo sin inconvenientes que se reconozca al señor Guaidó”` […] Preguntada por si la autoproclamación como presidente de Venezuela por parte del presidente de la Asamblea Nacional del país le parecía un golpe de Estado, Carmena ha contestado que “en absoluto”.

    Estas palabras van mucho más allá de la recomendación de diálogo y el deseo de que el conflicto sea resuelto pacíficamente y a través de organismos internacionales. Después, no he vuelto a oír nada, ni desmintiendo, ni aclarando, nada!!