Las graves consecuencias de la quimiofobia, un problema cada vez más común

Las graves consecuencias de la quimiofobia, un problema cada vez más común

Josep Pàmies, uno de los principales promotores de los remedios y las terapias naturales en España, está siendo actualmente investigado por un delito contra la salud pública por parte de la Fiscalía General del Estado.
3 marzo, 2019
Gabriel Santiago Fuentes
  • Ciencia

Las graves consecuencias de la quimiofobia, un problema cada vez más común

Gabriel Santiago Fuentes
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A pesar de que las profesiones más valoradas son las de medicina y ciencia, así como un 77% de la gente piensa que se destinan pocos recursos a la sanidad y un 52.8% a la ciencia – según la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2016 de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) -, en publicidad de todo tipo de productos cada día se usan más conceptos como “natural” o “libre de químicos” como un valor que aumenta su deseabilidad, sin que haya ninguna evidencia científica que avale sus supuestos efectos positivos.

En la encuesta realizada por el FECYT también podemos observar cómo casi un 60% de la población cree que la acupuntura tiene algún efecto positivo, mientras más de un 50% piensa lo mismo de la homeopatía, terapias conocidas – entre otras denominaciones – como naturales. También el consumo de productos de alimentación, droguería y perfumería con certificación ecológica – que no suponen un menor impacto ambiental que otros métodos no considerados ecológicos oficialmente – es cada vez mayor en los hogares españoles, alcanzando un 42% de presencia en 2017, con un crecimiento del 14% respecto al año anterior.

LAS TERAPIAS NATURALES

La investigación que lleva a cabo la Fiscalía General del Estado contra, entre otros, Josep Pàmies, se suma al expediente que le ha abierto el Departament de Salut de la Generalitat, también conocido este mes, por la promoción, publicación y venta del – ojo con el nombre – Suplemento Mineral Milagroso (MMS, por sus siglas en inglés). Supuestamente, y dado que es milagroso, este producto – clorito de sodio, un tóxico utilizado entre otras cosas para desinfectar aguas – curaría desde el sida o el autismo hasta la diabetes, la hepatitis o la artritis. En general, todo aquello que pueda causar la suficiente desesperación como para probar algo supuestamente natural y alternativo.

Tecnologías como la transgénesis o la edición genética, que pueden suponer mejoras para la salud y la naturaleza, son vetadas en la certificación natural y rechazadas por una buena parte de la población.

La implementación de la medicina basada en la evidencia científica y el avance tecnológico han aumentado en décadas nuestra esperanza de vida durante el último siglo, suponiendo la mayor mejoría de las condiciones de vida de la historia de la humanidad. Sin embargo, tan solo un 54.4% de la población piensa que sus beneficios son mayores a sus perjuicios, dejando así un mercado inmenso a todo tipo de remedios y terapias que, bajo el manto de lo natural contrapuesto con lo mal llamado químico – cuando todo es química, también lo natural -, esconden invenciones sin ningún otro efecto que quedarse tu dinero y poner en riesgo tu salud.

LOS ALIMENTOS NATURALES

Otro de los principales focos de quimifobia está en la alimentación. La producción es uno de los grandes debates, donde el modelo certificado por la Unión Europea como natural – entre otros términos que se consideran equivalentes para este caso – no garantiza beneficios para la salud según la evidencia científica disponible.

¿Qué pensarías de un producto que cuenta entre sus ingredientes con ácido pantoténico, acetaldehído, biotina o ácido fólico, a parte de contar con varios aditivos codificados con la letra E seguida de un número?

Tecnologías como la transgénesis o la edición genética, que pueden suponer mejoras para la salud y la naturaleza, son vetadas en dicha certificación y rechazadas por una buena parte de la población. Tan solo una de cada dos personas piensan que la ciencia y la tecnología tienen más beneficios que perjuicios en la alimentación, mientras que solo un 22.8% lo piensa del cultivo de plantas modificadas genéticamente.

¿Qué pensarías de un producto que cuenta entre sus ingredientes con ácido pantoténico, acetaldehído, biotina o ácido fólico, a parte de contar con varios aditivos codificados con la letra E seguida de un número?. Pues se trata de compuestos presentes en una simple manzana, pero que a mucha gente asustan por efecto de la quimiofobia. En general, existe una tendencia a rechazar la presencia de sustancias como los aditivos o los conservantes, cuando en realidad aportan mejoras claras a nuestro sistema de alimentación.

Para quien busque poner en valor lo tradicional, conviene saber que los antiguos egipcios ya usaban colorantes alimenticios o que el uso de sulfitos está registrado desde el año 1664.

La Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) define el papel de los aditivos en la alimentación como el de preservar o mejorar el sabor, la frescura, la seguridad, el valor nutricional y la textura. Es, por lo tanto, completamente engañosa la publicidad que presume un mejor sabor en los productos por carecer de estos. Para quien busque poner en valor lo tradicional, conviene saber que los antiguos egipcios ya usaban colorantes alimenticios o que el uso de sulfitos – que es completamente seguro – está registrado desde el año 1664.

La quimiofobia es, en definitiva, un nexo que forma parte de la explicación al rechazo de muchos avances de la ciencia y la tecnología, afectando a campos tan diversos como la lucha contra el cambio climático o nuestra salud. En palabras de Isaac Asimov, “el aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría”. Como todas las fobias, también se trata de algo irracional, de miedo a aquello que desconocemos.


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