Los movimientos antivacunas, entre las mayores amenazas mundiales a la salud

Los movimientos antivacunas, entre las mayores amenazas mundiales a la salud

La OMS, en su informe titulado diez amenazas para la salud mundial en 2019, advierte del peligro para la salud que supone la gente que decide no vacunarse aún teniendo la posibilidad de hacerlo
26 enero, 2019
Gabriel Santiago Fuentes
  • Ciencia

Los movimientos antivacunas, entre las mayores amenazas mundiales a la salud

Gabriel Santiago Fuentes
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Bajo el nombre de “reluctancia a la vacunación”, la OMS ha incluido al movimiento antivacunas en una lista con los diez principales factores de riesgo para nuestra salud, junto al cambio climático y la contaminación, la resistencia a los antibióticos, la falta de atención sanitaria adecuada o el sida. La seriedad de las consecuencias de no vacunarse ha disparado la alerta, puesto que la OMS calcula que evitan entre 2 y 3 millones de muertes al año y cuentan con el potencial de salvar en torno a 1,5 millones de vidas más, si se mejora la cobertura a nivel global.

En las últimas dos décadas, el número de gente que decide evitar las vacunas, tanto para su persona como para sus descendientes, ha ido en aumento. Esto se debe a varios factores, entre los que cabe destacar: la falta de sensación de riesgo al no ver casos a su alrededor de las enfermedades contra las que previene la vacunación; la falsa creencia de que aquello que es natural, es bueno – o al menos mejor que aquello que denominamos artificial -, asociando la vacuna con algo antinatural y lo natural con que la persona luche contra la enfermedad; y el fenómeno de internet y las fake news, un problema con consecuencias en múltiples campos, también influye en que la información falsa sobre la existencia de una relación entre la vacunación y diversos problemas para la salud tenga cada vez más adeptos.


EL ORIGEN DEL MOVIMIENTO ANTIVACUNAS

Esta corriente, conocida como movimiento antivacunas, cuenta – como no podía ser de otra forma – con su gurú o guía. Andrew Wakefield publicó en 1998 en la prestigiosa revista The Lancet, junto con 12 compañeros, un estudio en el que supuestamente demostraba la relación de la vacuna de la triple vírica – sarampión, rubeola y paperas – con la aparición de casos de autismo y ciertas enfermedades intestinales.

El impacto de dicha publicación fue tremendo y las alarmas saltaron a nivel internacional, por lo que se activó con especial intensidad uno de los mecanismos que refuerzan al método científico en su seguridad: la revisión por pares o arbitraje, proceso por el cual diferentes autores evalúan el estudio para cerciorarse de su rigurosidad. Resulta que el estudio de Wakefield no era replicable, es decir, otros autores no observaron los mismos resultados al aplicar los mismos experimentos.

“Un tribunal declaró a Andrew Wakefield culpable de 32 acusaciones, 4 de ellas por fraude – dado que falseó datos por interés económico –  y 12 por abuso de menores con autismo”

En el año 2004, una investigación periodística reveló diversos conflictos de intereses y mala praxis por parte de Wakefield. Tras este escándalo, los coautores del estudio dejaron solo a Wakefield en la defensa de la relación entre el autismo y las vacunas de la triple vírica. El 28 de enero de 2010, un tribunal declaró a Andrew Wakefield culpable de 32 acusaciones, 4 de ellas por fraude – dado que falseó datos por interés económico –  y 12 por abuso de menores con autismo. Tan solo 9 días después, el 6 de febrero, The Lancet publicó el estudio retractado, refutando así cualquier posible conexión entre las vacunas y el autismo, postura que sería reforzada con estudios posteriores.

A pesar de que no queda absolutamente ningún debate científico abierto en torno a la seguridad de las vacunas – considerada la intervención preventiva en la salud con mejor relación coste-efecto -, el efecto provocado por los años de incertidumbre sobre su seguridad ha tenido y sigue teniendo graves consecuencias. Enfermedades que estaban prácticamente erradicadas están volviendo a brotar, causando muertes evitables en muchos casos, como la del caso del niño de Olot – que no había sido vacunado – a causa de la difteria o la presentadora antivacunas estadounidense Bre Payton, muerta a causa de la gripe porcina y la meningitis, ambas prevenibles mediante vacunación.

Foto: Flickr
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OTRAS CAUSAS DE LA FALTA DE INMUNIDAD

Las autoridades sanitarias a nivel mundial recomiendan un nivel de vacunación igual o superior al 95% de la población para mantener la inmunidad de grupo – que asegura la inmunidad de un grupo de personas al estar compuesto en su mayoría por gente inmune a dicha enfermedad -, fenómeno que explica por qué, mientras sea poca gente la que lo hace, no vacunarse puede tardar tiempo en ser un problema para tu salud o incluso no llegar a serlo, explicando la falta de percepción del riesgo. Lo que es seguro es que pones en peligro la salud del resto de la sociedad.

La OMS tiene datos de 143 países, de los que solo 50 cumplen este umbral del 95%. Así, encontramos diversos factores relacionados con la falta de inmunidad en la población: guerras y conflictos sociales, exclusión social, mala gestión del sistema sanitario, vacunaciones incompletas o la pérdida de efectividad en estas. Estas diversas causas pueden llegar para explicar buena parte de un aumento del 30% en casos de sarampión a nivel global – con especial incidencia en Europa desde 2016 -, pero resulta muy claro el peligro de no vacunarse al examinar, por ejemplo, una comunidad como la de los judíos ultraortodoxos en Nueva York, cuyos miembros son antivacunas y además conforman una comunidad muy cerrada. Actualmente sufren un agresivo brote de sarampión en el que ya se contabilizan más de 200 casos, una alerta sanitaria fácilmente evitable.

¿QUIÉN COMPONE EL MOVIMIENTO ANTIVACUNAS?

No hay un perfil concreto más allá de la evidencia de que se trata de gente que decide no vacunarse pudiendo hacerlo. Desde la conservadora Bre Payton hasta la eurodiputada de En Marea Lídia Senra, pasando por numerosos actores y actrices de Hollywood – cuyos hijos e hijas estudian en colegios elitistas con tasas de inmunidad propias de un país en vías de desarrollo o inmerso en un gran conflicto – e incluso políticos como Salvini o Trump, apoyan públicamente la falsa creencia basada en un estudio – solo uno – manipulado y refutado. A esto se suma un ejército de gente anónima que día a día difunde y refuerza esta absurda y peligrosa moda, tanto en las redes sociales como en actividades presenciales.

“Si no fuese por nuestra inmunización, sin duda la 10 principales amenazas para la salud en el mundo sería diez enfermedades infecciosas”

Para hacerle frente, la sociedad necesita tomar conciencia de la importancia que encierra esta cuestión. La OMS lleva a cabo recomendaciones sobre la vacunación que no son implementadas con eficacia en los países a los que van dirigidas, como el Plan Europeo de Acción para Vacunas aprobado el año 2015, por lo que existe una gran tarea para conseguir los niveles de inmunización que buscamos mientras los movimientos antivacunas caminan en el sentido contrario. En la actualidad no faltan los conflictos, como el reciente caso de la guardería de Barcelona que negó la matriculación a un niño porque no estaba vacunado, decisión ratificada por una jueza bajo el argumento de que el resto de gente no debe correr el riesgo para la salud de las decisiones personales de sus padres.

Si no fuese por nuestra inmunización, sin duda las 10 principales amenazas para la salud en el mundo sería diez enfermedades infecciosas, perspectiva desde la cual toma mucho más sentido que los antivacunas formen parte de la lista actual de amenazas a nuestra salud.


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